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miércoles, 1 de abril de 2015

MARXIANOS ROBOLUCIONARIOS VENECUBANOS Y ANTIMARXIANOS REACCIONARIOS TRICOLORES.




1.  Cualquier manual sobre  materialismo histórico, incluso ese “best-seller” de los años setenta  escrito y “refritado” (sic)- por la chilena Marta Harnecker, repitiendo la introducción a la “Critica de la Economía política” del barbudo de Treveris, contiene una verdad que nuestros gobernantes rojos rojitos jamás quisieran que tanto la “glosadora oportunista” como el creador del “socialismo científico” la hubieran expresado alguna vez:
Que solo cuando las fuerzas productivas entran en contradicción con el modo de producción, únicamente  entonces podría darse una cambio revolucionario de la sociedad.
Mientras ello no suceda, no importa cuán avanzada sea la “vanguardia revolucionaria”, los cambios jamás serán producidos. Es decir, no hay forma de adelantar el parto de la Historia. A riesgo de que una montaña capitalista para un ratón socialista.
Caso Vene-Cuba.
De acuerdo a esta ley “de acero” del marxismo histórico –malinterpretado-,  ley supuestamente social y económica, la Historia progresa tirada por el intercambio de fuerzas generadas por las necesidades humanas de sobrevivencia económica. Eso es particularmente cierto en sociedades primitivas, o con un incipiente modo de producción capitalista.  
En sociedades altamente desarrolladas, la ley continuaría  siendo la misma y operando del mismo modo;  pero allí,  superados los niveles de sobrevivencia, y ya  existiendo  sobreabundancia económica, los factores históricos y sociales  adquirirían  otro matiz (Marcuse dixit),  quedando las contradicciones económicas desplazadas a un nivel de fuerzas, determinantes sólo en última instancia (Althuser).  
Ello  sería de eso modo  debido a la aparición de   necesidades nuevas, sobre todo de tipo socio-cultural,  o  propiamente humanas. Las necesidades de comunicación, ocio y creatividad artística y -¿por qué no?- hasta de transcendencia místico-religiosa serían las más relevantes (W. Benjamin).

2.  La interpretación economicista del marxismo pertenece al pasado.
La realidad histórica se encargó de falsar las supuestas leyes deterministas que sólo aparentemente controlarían  la acumulación del capital, el trabajo alienado y la propiedad privada. El socialismo real ruso-soviético, y el cubano, han representado   el  gran laboratorio en el cual fueron “falsadas” las ideas que Marx sólo bosquejo –hoy ya lo sabemos- como hipótesis imposible de ser verificadas, y que fueron malinterpretadas y simplificadas por lo manuales como el mencionado al inicio (Popper). 
Buscando tal  verificación de la teoría marxista sobre el cambio social, se obtuvo como resultado su refutación, pero no como filosofía social y política –las teorías filosóficas son irrefutables (ideologías) precisamente por ser radicalmente refutables (saberes crítico-hermeneúticos)- sino como ciencia social. 

3.  De lo dicho se infiere válidamente  que quien cuestione un gobierno que se autodenomine “revolucionario” y “socialista”, sin referirse a los orígenes filosóficos e históricos  de tales ideas motrices del cambio social, estaría por decirlo de algún modo, “regando  la mata fuera del tiesto”.
O quizás, mucho mejor para el supuesto crítico u opositor,   haciéndole el juego al enemigo para sacar provecho personal y de grupo   de las circunstancias en las cuales la ignorancia filosófica y científica social podría reinar como dueña y señora  en esa  sociedad, solo en apariencia cambiando a partir de principios socialistas. 

4.  Entonces,  de acuerdo con la ortodoxia filosófico-ideológica marxista,  el  cambio social de un modo de producción jamás se podría dar sin la concurrencia de dos factores históricos y materiales que progresan  íntimamente unidos:
a) El trabajo humano, o la labor de intercambio del ser humano con  la naturaleza, haciendo uso de herramientas para controlarla y transformarla.
b) El desarrollo ininterrumpido de las fuerzas productivas científicas y tecnológicas,  además del trabajo. Vale decir, de  los medios con los cuales el trabajo se realiza y con los cuales se desarrolla.  
En efecto, en la medida en  que el modo de producción progresa, de igual manera lo hacen  tanto los productos del trabajo como las maneras de llevarlo a cabo. Y como resultado de dicho progreso, tanto el trabajo como los medios de realizarlo van transformándose paulatinamente dejando de ser  “fuerzas manuales y corporales”, para convertirse en fuerzas mentales y de conocimiento o intelectuales (Marcuse).

5.  Es entonces la ciencia y la tecnología las reales fuerzas de cambio del modo de producción actual a nivel global, a la cual en los tiempos que corren  se subordinaría el capital con todos sus ritos y relaciones sociales de producción, consumo y ocio. Y sobre todo, corrupción.
No es al revés como se suele interpretar. 
De ahí que, como un Fausto maléfico, el desarrollo científico-tecnológico cree nuevas necesidades y “adicciones”, y al mismo tiempo una nueva manera de ver el mundo y el ser humano como parte del mundo mismo.
La creciente tecnificación del ambiente social, por ejemplo, en lugar de liberar creadoramente las fuerzas propiamente humanas, las controla y aprisiona, a la vez que crea las creencias para avalar tal estado de cosas, a fin de que tal control sea visto como bueno y deseable.
Marx diría que dicho modo de producción en lugar de desalienar al ser humano termina por  alienarlo aún más (“Manuscritos de 1844”).

6.  Solo los socialistas utópicos (Fourier) podrían sostener que la humanidad alcanzará un estadio de desarrollo humano pleno,  como resultado de la puesta en práctica de las grandes ideas platónicas de Verdad, Justicia y Libertad, sin tomar en consideración, de manera primordial,  las fuerzas materiales –el modo de producción-  que las determinan;  como por igual determinan las necesidades humanas, todas originadas históricamente. 
El criticar este tipo de interpretación “utópica” del progreso social como ingenua, ilusoria o idealista; o  el negar como posible un  fin último ideal realizable sólo como resultado de la voluntad humana individual o colectiva y con la ayuda de la ciencia y la tecnología asistiendo la planificación social, el negar todo eso  no significa el aceptar como válido el determinismo socio-económico, o la concepción erróneamente marxista según la cual la historia estaría  dominada y controlada por leyes económicas férreas,  de las cuales ninguna sociedad ha podido escapar.

7.  Tal determinismo de lo social sería cierto  en última instancia (Althuser, Polantzas, Lukács), y no como resultado de un progreso ciego de la realidad material, sea física o social.  Un  “causalismo determinista” de ese tipo podría ser real a   niveles muy bajos del desarrollo de las fuerzas productivas (sociedades pre-capitalistas).
Aceptarlo  no invalidaría –sólo “falsaría”-  la interpretación  humanista  del marxismo (Ludovico Silva).
En realidad son precisamente los niveles más bajo de las fuerzas productivas los que el socialismo científico buscaría  controlar y transformar mediante la “praxis” política-económica;  es decir de manera teórica y práctica.
Dicha  trasformación tendría  como fin último la realización  de todas las capacidades creadoras del ser humano,  y la  consiguiente liberación del “cepo económico” representado por  las necesidades materiales,  haciéndose realidad lo que  Marx denomino el “Reino de la Libertad”.

8.  Por lo dicho,  resulta grotesco negar el marxismo diciendo que es una doctrina filosófica  obsoleta, ya refutada por el "socialismo real",  y que por ello se ha de regresar a formas sociales ya superadas, como podría ser la “democracia liberal republicana” con su “neo-liberalismo” consumista.  Pero por igual  lo sería negar esas formas aparentemente superadas de “democracia liberal”,  afirmando la posibilidad de un socialismo ilusorio “pro-ruso estalinista-castro-cubano”, que no llegaría a ser ni siquiera utópico. 
Tales son las posturas aparentemente contrapuestas en esta “Jokerlandia Tricolor” (Vene-Cuba)  entre los “marxianos robolucionarios chavo-maduristas” –en funciones de gobierno-;   y los “anti-marxistas reaccionarios tricolores” –buscando ser gobierno-  opositores fascistoides.
Por ser ambas posturas profundamente regresivas y radicalmente engañosas, aunque   digan que luchan por ideales diferentes están   en realidad,   sólo en apariencia,  en pugna política e ideológica;  por ello   representan idénticas  fuerzas retrogradas y no de avance de nuestra sociedad.
En resumidas cuentas, tanto el “chavismo madurista pro-cubano” como la oposición “unitaria-reaccionaria pro-yanki” representan las dos caras de una misma moneda: las  de las fuerzas de  regreso a lo ya superado muy burdamente por el “chavecismo”: la democracia representativa, o de avance a un desastre socialista ya superado en otras partes del globo terráqueo.
En tal ambiente de engaño ideológico y de manipulación política mass-media´tica, llevado a cabo por oficialistas y opositores por igual,  estamos inmersos quienes habitamos esta  “Jokerlandia Tricolor”, está cada vez más  atrasada “Vene-Cuba”.
¿El pueblo?: haciendo colas para compra papel higiénico y toallas sanitarias.
¿Los dirigentes opositores?: o encarcelados,  o haciendo turismo para buscar en otros lugares ese apoyo que ese pueblo todavía  hambriento,  jamás les  ofrecerá de no cambiar  de “filosofía  sobre el ser humano y sus circunstancias tricolores”.

lmp

viernes, 20 de marzo de 2015

HORRORES DE LA HISTORIA UNIVERSAL Y CLAROS-OSCUROS LOCALES DE LO HUMANO: LA TRAGICÓMICA REALIDAD VENE-CUBANA.




1.  Dos autores, en vida,  muy diferentes, se nos muestran hoy estrechamente unidos por intereses profundamente existenciales.  A ambos preocupaban tres aspectos fundamentales que están en la raíz de nuestra condición humana universal, y que por ello muestran su importancia  más allá de cualquier frontera física o cultural: 

a) El interés por la historia local y biográfica que los impulsó a buscar en la propia experiencia, la presencia de lo que es común a otros seres humanos, o a muchos representantes del género humano, por diferentes que pudieran parecer, vistos racial, económica, ideológica, política o  culturalmente. 

b) El interés por narrar su propia historia, y no sólo “echar” sobre ella un “cuento” particular y autobiográfico.  Es decir, aprender a dilucidar en el caso singular, imaginado y recreado subjetivamente, lo universal y perenne que se nos impone como un fondo transcendente de enseñanza moral y educativa, que nos sirve para enfrentar y confrontar los horrores del presente, sobre todo los de tipo político, hoy como ayer, globales o trans-nacionales o trans-culturales.  

c) El interés por el pasado y su narrativa histórica, pero con un objetivo claro en mente: extraer de ese pasado las enseñanzas filosóficas necesarias para comprender el presente y ver en éste las posibilidades futuras y trans-temporales. 

2.  A ambos pensadores, auténticos filósofos,  les llamaba la atención lo grandioso, lo bello, lo verdadero, lo magnífico y perenne.  

Y por ello, en lo horrendo supieron entrever, como a través de la niebla vemos la magnificencia de un gran monte, lo que de bueno y estéticamente valioso adorna nuestra condición humana.  A ambos pensadores emparenta una actitud vital-existencial que les producía admiración y sobrecogimiento: el ver que por muy tenebroso que se nos muestre el futuro, mirando hacia el pasado siempre se podrán extraer lecciones de valor permanente y trascendental con respecto a lo accidental, contingente, efímero, pasajero, o intranscendente;  como siempre lo ha sido, lo es y lo será lo que nosotros, como humanidad global, mostramos de malo, feo, perverso y sobre todo obsolescente.

3.  Nos referimos a Walter Benjamin y a Karl Jaspers. 

A Benjamin esa intuición estética a ratos mística, que lo llevó a escribir páginas excelsas de penetración en lo absoluto de lo humano, no le salvó,  a nivel personal-individual, de poner voluntariamente término a su vida.  

Paradojas de la existencia, diríamos; condicionamientos circunstanciales que a cualquiera podrían poner a prueba.  Lo temporal y efímero ganaron la partida en este caso. 

¿Cómo explicar el fracaso, solo aparente, accidental, de eso que Benjamin intuyó tantas veces como el éxito universal y perenne, frente a los horrores históricos de la vida como especie en este planeta tierra?

4.  Eso intuido produjo en su homólogo Karl Jaspers, al contrario, deseos de más vida, en lugar de quitarse la vida. En su caso le dieron fuerzas para querer permanecer en lugar de desaparecer definitivamente.  

Benjamin murió muy joven, habiendo dejado su obra filosófica inconclusa.  Jaspers tuvo tiempo, o supo “sacarle el jugo filosófico”,  a “su” tiempo, como para vivir lo suficiente y buscarle el sentido filosófico profundo a su historia, dentro del marco de la historia universal de la infamia y el horror nazi-fascista.

Ambos pensadores experimentaron los horrores del autoritarismo político, y su amenaza de destrucción de todo lo bueno que hay en el ser humano, y que siempre lo habrá.  Ambos intelectuales fueron vapuleados por sus circunstancias “político-socio-económicas” y supieron sacar lecciones filosóficas adecuadas a la comprensión transcendental de tales “errores históricos”. Si es que dichos “errores” existen. 

A pesar de que en el caso de Benjamin, el error pareciera haberlo destruido, su intuición estético-mística hizo que su desaparición física fuese transcendida por su permanencia supra-temporal, la cual parecería ser  narrada biográficamente por Jaspers en apenas  tres páginas de su “Autobiografía filosófica”, las cuales tituló:  “Idea de una historia universal de la filosofía”.  

De manera profundamente estética concluye su “narrativa histórico-biográfica” haciéndole honor a lo dicho por Benjamin sobre el auténtico narrador de la historia, y no el simple y simplista “cuentacuentos” de caminos.  Leamos con profundo respeto lo dicho por este autor a quien tanto le preocupaban las manifestaciones universales de esa “fiera” que habita cómodamente en todos nosotros, y que al decir de Ortega y Gasset, siempre rugirá amenazante porque somos humanos y no simples animales predadores:

“El trabajo en la historia universal de la filosofía, a que actualmente estoy avocado, ha venido a robustecer una noción que desde que en la década del treinta [1930] me ocupé de la filosofía china ha sido para mí una cosa sobreentendida e incontrovertible […]  que nos hallamos en el tránsito del ocaso de la filosofía europea al otro de la filosofía universal.  En este camino nos quedaremos todos los individuos; [pero] seguirá la marcha hacia un futuro que al lado de perspectivas aterradoras en extremo, exhibe posibilidades espléndidas –hacia el hundimiento, en el cual el individuo, por medio de la filosofía, podrá salvar su dignidad, o hacia la ascensión, para la cual la filosofía creará la conciencia moral sin la cual estará condicionada al fracaso”. Karl Jaspers. “Autobiografía filosófica”.

5.  En la hora presente de este horroroso "chavismo-castro-socialismo-tragicómico” que a todos los venezolanos amenaza con quitarnos lo poco de esa humanidad maravillosa entrevista por estos dos extraordinarios filósofos;  frente a las “soluciones finales chavo-maduristas” hoy asistidas de leyes “habilitantes”  extraordinarias; frente a esta “tragedia socialista bufa”, históricamente ridícula, brillan como soles, -no de generales militares por supuesto- que iluminan nuestro tenebroso futuro, los escritos de Benjamin y Jaspers. 
 
Este último, quien sí que sabía de enfermedades mentales,  pues era un auténtico médico de la psique –no como ese otro, que por estos lados asesinó a una joven, y murió cómodamente instalado  en su casa-, pareciera estarle haciendo “post-mortem”,  no una "autopsia psiquiátrica" (sic), sino una “terapia de salvación eterna” a quien en vida se mereció otro final biográfico:  Walter Benjamin.  

De haberlo leído, quizás, otro hubiera sido el final de ese ser humano que en días pasados fue “suicidado psiquiátricamente” (sic) por este régimen oprobioso;  régimen autoritario  cuya ridiculez es infinita. 

Nos referimos a quien el mandamás “toripollo”, el grandulón castrista “veneco” (venezolano de origen colombiano), quien nos aterra cada vez que abre la boca encadenado a los medios de comunicación de masas, le creó un alias: “el aviador. 

http://www.el-nacional.com/politica/Rodolfo-Gonzalez-pidieron-delatar-Ledezma_0_592140901.html

De él dijo que lo mantenía preso y que estaba cantando como un Pavarotti;  nos referimos a ese a quien, sin respetarle sus derechos como ser humano, los cuales le pertenecían por ser miembro de nuestra especie universalmente digna, envió a su propia muerte “auto-suicidándose” (sic).  

En este caso, el final fue -aparentemente-  el mismo que escogió Walter Benjamin.  

Muy diferente fue el final que pudiera verse como análogo, aunque no lo fue, escogido por otro mártir de este “horror histórico-socio-económico-político-nacional-venecubano”. 
Nos referimos al ya olvidado Franklin Brito. 

http://prodavinci.com/2013/08/30/actualidad/el-caso-de-franklin-brito-a-tres-anos-de-su-muerte-por-pedro-enrique-rodriguez/

Nos referimos a esa  otra víctima "chavo-castrista" quien,  con su decisión de esperar el término de su vida cuestionando y “entrompando” valientemente a quien se creyó un “Superman nietzscheano” revolucionario, el “Mico-mandante”, como lo llaman aún sus correligionarios y secuaces “boliburgueses”, prefirió"morir parado que vivir arrodillado".

El mártir  Franklin Brito, con su “decisión final”,  se acercó  al modelo socrático mostrado por Platón en su “Fedón”. Pero también al modelo de esperanza filosófica que nos ha sido secuestrada “robolucionariamente” (de robo), mostrada por Karl Jaspers. 

Y eso fue así,  aunque “apariencialmente” (Hegel), tanto Benjamin como Brito decidieron no seguir viviendo por voluntad propia,  en lugar de seguir viviendo de manera “indignamente humana” o inhumanamente.

Para Brito,  de manera “chavo-madurista-castrista”.

lmp.

(Ilustraciones nuestras)

domingo, 18 de enero de 2015

LIMITES PARA LO ILIMITADO, AUNQUE SEA LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN.





(*)http://mondoweiss.net/2015/01/moral-hysteria-charlie 


Conocernos a nosotros mismos, conocer nuestra mente, dice este profesor británico en el campo de la filosofía, es lo que la muerte de los caricaturistas del periódico francés exige de cada uno de nosotros. ¿Hay límites para lo que se considera ilimitado: la “libertad de expresión”? 
Los hay, pero para saber cuáles son la persona que los exige de otros ha de conocerlos en sí misma. Y de ahí que no todo puede ser ridiculizado, hecho sátira o motivo de burla. 

El escritor nos hace considerar como un experimento mental la posibilidad de que las masas, manifestándose a favor de los seres humanos asesinados, confrontaran a un hombre solo, enarbolando una pancarta que les pudiera resultar ofensiva. ¿Actuarían ellos como los fieles defensores de la libertad de expresión que  en ese instante creían serlo, o arremeterían contra ese ser humano, él  solo exigiendo respeto a su derecho para expresarse, y acaso no lo harían en nombre de la libertad de expresión que decían defender? 
Para ser conscientes de tales contradicciones se hace necesario el autoconocimiento. El “conócete a ti mismo” del viejo Sócrates. 
Pero todos sabemos que una cosa es obrar cuando uno está en posesión de uno mismo, y otra cosa bien diferente cuando uno  se siente parte de una masa. 

Sea que defienda o ataque la libertad de expresión, o cualquier otro tipo de libertad. 
El antídoto para no cometer excesos, y tomar decisiones correctas,  es uno y solo uno, parece decirnos este sabio profesor, y se llama reflexión  filosófica la cual se ha de llevar acabo solo, no en masa.

lmp

OoO



 (*) The moral hysteria of Je suis charlie

Brian Klug on January 11, 2015 


I read this on a blog yesterday; it is a version of a claim that has been made over and over again in the last couple of days, lionising Charlie Hebdo: “In its cartoons, Charlie Hebdo did not discriminate. The magazine lampooned all and sundry in its cartoons: racists, bigots, right-wing politicians, the uber-rich, Judaism, Christianity, Islam, and more.” And what does ‘more’ include? More to the point: what does it not include? Did they, for example, lampoon journalists who, in the name of freedom of expression, mock Muslims and Jews regardless of the consequences? Did they, in other words, ever satirize themselves? Apparently Charlie Hebdo has announced it will produce a million copies of its next issue. Will this issue ridicule the scenes of mourning and solemn demonstrations on the grand boulevards of Paris, poking fun at people who raised pens skyward and lit candles in the dark? And why not? Nothing is sacred. Wouldn’t this be just the kind of outrageous act, defying convention and challenging popular ideas of decency, that puts freedom of expression to the test?
Here is a thought experiment: Suppose that while the demonstrators stood solemnly at Place de la Republique the other night, holding up their pens and wearing their “je suis charlie” badges, a man stepped out in front brandishing a water pistol and wearing a badge that said “je suis cherif” (the first name of one of the two brothers who gunned down the Charlie Hebdo staff). Suppose he was carrying a placard with a cartoon depicting the editor of the magazine lying in a pool of blood, saying, “Well I’ll be a son of a gun!” or “You’ve really blown me away!” or some such witticism. How would the crowd have reacted? Would they have laughed? Would they have applauded this gesture as quintessentially French? Would they have seen this lone individual as a hero, standing up for liberty and freedom of speech? Or would they have been profoundly offended? And infuriated. And then what? Perhaps many of them would have denounced the offender, screaming imprecations at him. Some might have thrown their pens at him. One or two individuals — two brothers perhaps — might have raced towards him and (cheered on by the crowd) attacked him with their fists, smashing his head against the ground. All in the name of freedom of expression. He would have been lucky to get away with his life.
Masses of people have turned the victims of a horrific assassination (which the staff of the magazine truly are) into heroes of France and free speech. The point of the thought experiment is not to show that such people are hypocrites. Rather, it is to suggest that they don’t know their own minds. They see themselves as committed to the proposition that there are no limits to freedom of expression: no subject so sensitive, no symbol so sacrosanct, that it cannot be sent up, sneered at and parodied, consequences be damned. They call this “courage” and they think it is the defining difference between them and the killers – and not just the killers but anyone who thinks there are limits to what can be said or printed. But they too have their limits. They just don’t know it.
When people don’t know their own minds — but think they do — they are liable to be swept away by self-righteous moral passion; which is just what we don’t need as the storm clouds gather on the European horizon.

About Brian Klug

Brian Klug is senior research fellow in philosophy at St Benet's Hall, Oxford and member of the Faculty of Philosophy at Oxford University. He is an honorary fellow in the Parkes Institute for the Study of Jewish/non-Jewish Relations at the University of Southampton, associate editor of Patterns of Prejudice and a co-founder of Independent Jewish Voices (UK).
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