1. Dos autores, en
vida, muy diferentes, se nos muestran hoy
estrechamente unidos por intereses profundamente existenciales. A ambos preocupaban tres aspectos
fundamentales que están en la raíz de nuestra condición humana universal, y que
por ello muestran su importancia más
allá de cualquier frontera física o cultural:
a) El interés por la historia local y biográfica que los impulsó
a buscar en la propia experiencia, la presencia de lo que es común a otros
seres humanos, o a muchos representantes del género humano, por diferentes que pudieran
parecer, vistos racial, económica, ideológica, política o culturalmente.
b) El interés por narrar su propia historia, y no sólo “echar”
sobre ella un “cuento” particular y autobiográfico. Es decir, aprender a dilucidar en el caso
singular, imaginado y recreado subjetivamente, lo universal y perenne que se
nos impone como un fondo transcendente de enseñanza moral y educativa, que nos
sirve para enfrentar y confrontar los horrores del presente, sobre todo los de
tipo político, hoy como ayer, globales o trans-nacionales o
trans-culturales.
c) El interés por el pasado y su narrativa histórica,
pero con un objetivo claro en mente: extraer de ese pasado las enseñanzas filosóficas
necesarias para comprender el presente y ver en éste las posibilidades futuras
y trans-temporales.
2. A ambos
pensadores, auténticos filósofos, les llamaba
la atención lo grandioso, lo bello, lo verdadero, lo magnífico y perenne.
Y por ello, en lo horrendo supieron entrever, como a
través de la niebla vemos la magnificencia de un gran monte, lo que de bueno y estéticamente
valioso adorna nuestra condición humana.
A ambos pensadores emparenta una actitud vital-existencial que les
producía admiración y sobrecogimiento: el ver que por muy tenebroso que se nos
muestre el futuro, mirando hacia el pasado siempre se podrán extraer lecciones
de valor permanente y trascendental con respecto a lo accidental, contingente, efímero,
pasajero, o intranscendente; como
siempre lo ha sido, lo es y lo será lo que nosotros, como humanidad global,
mostramos de malo, feo, perverso y sobre todo obsolescente.
3. Nos referimos a Walter Benjamin y a Karl Jaspers.
3. Nos referimos a Walter Benjamin y a Karl Jaspers.
A Benjamin esa intuición estética a ratos mística, que lo
llevó a escribir páginas excelsas de penetración en lo absoluto de lo humano,
no le salvó, a nivel personal-individual,
de poner voluntariamente término a su vida.
Paradojas de la existencia, diríamos; condicionamientos
circunstanciales que a cualquiera podrían poner a prueba. Lo temporal y efímero ganaron la partida en este
caso.
¿Cómo explicar el fracaso, solo aparente, accidental, de
eso que Benjamin intuyó tantas veces como el éxito universal y perenne, frente
a los horrores históricos de la vida como especie en este planeta tierra?
4. Eso intuido
produjo en su homólogo Karl Jaspers, al contrario, deseos de más vida, en lugar
de quitarse la vida. En su caso le dieron fuerzas para querer permanecer en
lugar de desaparecer definitivamente.
Benjamin murió muy joven, habiendo dejado su obra
filosófica inconclusa. Jaspers tuvo
tiempo, o supo “sacarle el jugo filosófico”, a “su” tiempo, como para vivir lo suficiente y
buscarle el sentido filosófico profundo a su historia, dentro del marco de la
historia universal de la infamia y el horror nazi-fascista.
Ambos pensadores experimentaron los horrores del
autoritarismo político, y su amenaza de destrucción de todo lo bueno que hay en
el ser humano, y que siempre lo habrá.
Ambos intelectuales fueron vapuleados por sus circunstancias “político-socio-económicas”
y supieron sacar lecciones filosóficas adecuadas a la comprensión
transcendental de tales “errores históricos”. Si es que dichos “errores”
existen.
A pesar de que en el caso de Benjamin, el error pareciera
haberlo destruido, su intuición estético-mística hizo que su desaparición
física fuese transcendida por su permanencia supra-temporal, la cual parecería
ser narrada biográficamente por Jaspers en
apenas tres páginas de su “Autobiografía
filosófica”, las cuales tituló: “Idea de
una historia universal de la filosofía”.
De manera profundamente estética concluye su “narrativa histórico-biográfica”
haciéndole honor a lo dicho por Benjamin sobre el auténtico narrador de la
historia, y no el simple y simplista “cuentacuentos” de caminos. Leamos con profundo respeto lo dicho por este
autor a quien tanto le preocupaban las manifestaciones universales de esa “fiera”
que habita cómodamente en todos nosotros, y que al decir de Ortega y Gasset,
siempre rugirá amenazante porque somos humanos y no simples animales
predadores:
“El trabajo en la historia universal de la filosofía, a
que actualmente estoy avocado, ha venido a robustecer una noción que desde que
en la década del treinta [1930] me ocupé de la filosofía china ha sido para mí
una cosa sobreentendida e incontrovertible […] que nos hallamos en el tránsito del ocaso de
la filosofía europea al otro de la filosofía universal. En este camino nos quedaremos todos los individuos;
[pero] seguirá la marcha hacia un futuro que al lado de perspectivas
aterradoras en extremo, exhibe posibilidades espléndidas –hacia el hundimiento,
en el cual el individuo, por medio de la filosofía, podrá salvar su dignidad, o
hacia la ascensión, para la cual la filosofía creará la conciencia moral sin la
cual estará condicionada al fracaso”. Karl Jaspers. “Autobiografía filosófica”.
5. En la hora
presente de este horroroso "chavismo-castro-socialismo-tragicómico” que a todos
los venezolanos amenaza con quitarnos lo poco de esa humanidad maravillosa
entrevista por estos dos extraordinarios filósofos; frente a las “soluciones
finales chavo-maduristas” hoy asistidas de leyes “habilitantes” extraordinarias; frente a esta “tragedia socialista
bufa”, históricamente ridícula, brillan como soles, -no de generales militares
por supuesto- que iluminan nuestro tenebroso futuro, los escritos de Benjamin y
Jaspers.
Este último, quien sí que sabía de enfermedades mentales,
pues era un auténtico médico de la psique –no como ese otro, que por estos lados
asesinó a una joven, y murió cómodamente instalado en su casa-, pareciera estarle haciendo “post-mortem”,
no una "autopsia psiquiátrica" (sic), sino una “terapia de salvación eterna” a quien en
vida se mereció otro final biográfico: Walter Benjamin.
De haberlo leído, quizás, otro hubiera sido el final de ese
ser humano que en días pasados fue “suicidado psiquiátricamente” (sic) por este
régimen oprobioso; régimen autoritario cuya ridiculez es infinita.
Nos referimos a quien el mandamás “toripollo”, el
grandulón castrista “veneco” (venezolano de origen colombiano), quien nos
aterra cada vez que abre la boca encadenado a los medios de comunicación de
masas, le creó un alias: “el aviador.
http://www.el-nacional.com/politica/Rodolfo-Gonzalez-pidieron-delatar-Ledezma_0_592140901.html
De él dijo que lo mantenía preso y que estaba cantando como
un Pavarotti; nos referimos a ese a
quien, sin respetarle sus derechos como ser humano, los cuales le pertenecían
por ser miembro de nuestra especie universalmente digna, envió a su propia
muerte “auto-suicidándose” (sic).
En este caso, el final fue -aparentemente- el mismo que escogió Walter
Benjamin.
Muy diferente fue el final que pudiera verse como análogo,
aunque no lo fue, escogido por otro mártir de este “horror histórico-socio-económico-político-nacional-venecubano”.
Nos referimos al ya olvidado Franklin Brito.
http://prodavinci.com/2013/08/30/actualidad/el-caso-de-franklin-brito-a-tres-anos-de-su-muerte-por-pedro-enrique-rodriguez/
Nos referimos a esa otra víctima "chavo-castrista" quien, con su decisión de esperar el término
de su vida cuestionando y “entrompando” valientemente a quien se creyó un “Superman
nietzscheano” revolucionario, el “Mico-mandante”, como lo llaman aún sus
correligionarios y secuaces “boliburgueses”, prefirió"morir parado que vivir arrodillado".
El mártir Franklin Brito, con su “decisión final”, se acercó al modelo socrático mostrado por Platón en su “Fedón”. Pero también al modelo de esperanza filosófica que nos ha sido secuestrada “robolucionariamente” (de robo), mostrada por Karl Jaspers.
Y eso fue así, aunque “apariencialmente” (Hegel), tanto Benjamin como Brito decidieron no seguir viviendo por voluntad propia, en lugar de seguir viviendo de manera “indignamente humana” o inhumanamente.
El mártir Franklin Brito, con su “decisión final”, se acercó al modelo socrático mostrado por Platón en su “Fedón”. Pero también al modelo de esperanza filosófica que nos ha sido secuestrada “robolucionariamente” (de robo), mostrada por Karl Jaspers.
Y eso fue así, aunque “apariencialmente” (Hegel), tanto Benjamin como Brito decidieron no seguir viviendo por voluntad propia, en lugar de seguir viviendo de manera “indignamente humana” o inhumanamente.
Para Brito, de manera
“chavo-madurista-castrista”.
lmp.
(Ilustraciones nuestras)
(Ilustraciones nuestras)
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