Desde el punto de vista de la
filosofía aristotélica tomista, el conocimiento es un proceso humano y divino.
Humano pues en él intervienen todos nuestros órganos, y nuestra historia personal y social. Divino, pues el filósofo creyente jamás considera que lo que conocemos se agota en lo temporal-terrenal. La filosofía de "La Escuela" (Escolástica y Neo-escolástica) definiría el proceso del conocimiento como la actividad del espíritu que aprehende un objeto.
Humano pues en él intervienen todos nuestros órganos, y nuestra historia personal y social. Divino, pues el filósofo creyente jamás considera que lo que conocemos se agota en lo temporal-terrenal. La filosofía de "La Escuela" (Escolástica y Neo-escolástica) definiría el proceso del conocimiento como la actividad del espíritu que aprehende un objeto.
Al espíritu inmerso en tal proceso (espíritu encarnado, o espíritu en el mundo, lo llama Karl Rahner) se le llama sujeto, y al objeto, ente conocido. Ambos no están "desfondados" metafísicamente, sino anclados en el Ser, en última instancia, el Motor Inmóvil, o el Dios bíblico.
El concepto de la
verdad, y los criterios para validarla, son las dos grandes categorizaciones en
torno a las cuales se ordenan todos los problemas del "conocimiento encarnado", como lo denominaría un filósofo existencialista católico, Gabriel Marcel.
A la disciplina
que trata del conocimiento en general se le denomina "Gnoseología". A la que trata
del conocimiento científico, "Epistemología", o "Filosofía de la Ciencia". En otros tiempos se le denominaba "Filosfía de la Naturaleza", o "Filosofía Natural".
Debido a la
concepción cristiana de estilo católico, -pues lo hay para todos los gustos "creyentes"-, al analizar el problema gnoseológico siempre se
da como presupuesta la respuesta ontológica, o de fundamentación última de todo
conocimiento posible.
La ontología del conocimiento,
o metafísica del conocimiento, que tal es el nombre que se le da en los círculos filosóficos católicos, -y así la llamó N. Hartman-, es la disciplina filosófica que trata de la realidad
última (ontológica) de todo proceso cognoscitivo.
El realismo es la doctrina metafísica que lo sustenta. En particular el realismo aristotélico-tomista.
El realismo es la doctrina metafísica que lo sustenta. En particular el realismo aristotélico-tomista.
Quien conoce,
para que conozca verdaderamente, ha de validar los criterios que sustentan lo
que aprehende como un objeto. Tal objeto jamás podría ser reducido a la naturaleza ontológica del sujeto. De ahí que el relativismo cognoscitivo queda desterrado de la gnoseología católica.
No basta, entonces con opinar; hay que fundamentar factual y conceptualmente (mediante la lógica y la argumentación racional) lo que el sujeto dice que conoce.
De no hacerlo, lo mejor es callar e irse a escuchar una buena misa dominical, y encenderle una vela a a San Judas Tadeo.
No basta, entonces con opinar; hay que fundamentar factual y conceptualmente (mediante la lógica y la argumentación racional) lo que el sujeto dice que conoce.
De no hacerlo, lo mejor es callar e irse a escuchar una buena misa dominical, y encenderle una vela a a San Judas Tadeo.
LMP
