google05f93621e7278f20.html PERPLEJISMOS Y SABERES FILOSÓFICOS: abril 2015

domingo, 5 de abril de 2015

VENE-CUBA, CIUDAD CELESTE Y “ROBOLUCIONARIA”.






A la memoria de la Santa de Ávila,  Teresa Sánchez de Cepeda Dávila y Ahumada.

I

1.  No ha existido, ni dejará de haber una sociedad en la cual sus miembros busquen “ser-más”,  en la escala biológica; o deseen vitalmente cumplir las leyes de la evolución.  En  sí mismos y en sus congéneres.
Dejamos de lado, por supuesto, casos de extrañas patologías o de engaños ideológicos manifiestos.  Quitarse la vida por mano propia, por ejemplo, como ya lo dijo Camus, es el problema filosófico principal siempre presente. Y es que eso ha sido así ayer y hoy;  y lo será mañana igualmente.
Mientras tanto, la vida llama la vida, como diría John Dewey.
Entonces, de manera inexorable se habrán   de cumplir las leyes de la evolución biológica;  a pesar de la oposición colectiva o individual que a ellas les ofrezca resistencia.  De ahí que,  por  mucho que avance la ciencia y la tecnología,  no nos nacerán  naturalmente, ni alas para volar, ni aletas para nadar. Sólo mediante invención tecno-científica sería tal cosa  posible.
Lo dicho parece que es una verdad incontrovertible, que da al traste con tanto idealismo y fantasía literaria o religiosa que intentan, sólo en la imaginación, contradecir lo legal-causal,  para reafirmar, lo final-transcendental e imaginativo.
¿O es que no han existido siempre, “objetivamente” o “en-si”, leyes  que regulan el nadar  de los peces o el volar de las aves?
Una cosas es lo “en-sí”,  y otra muy diferente lo “para-si”.  
“En-sí” los peces  no hacen sino nadar; “para sí”, sólo nadan hoy para  quien interpreta su nado,  o es consciente de lo que realizan como seres vivos inmersos en un medio acuático, usando los resultados de las diversas ciencias y tecnologías marinas o acuáticas.
De nuevo el viejo Kant tuvo razón al recordarnos que una cosa son cien monedas pensadas,  y otra bien diferente cien en el bolsillo.  Lo pensado: “para-si”,  o subjetivamente. Lo “en-el-bolsillo”, “para-sí”,  u objetivamente.
El “para-sí” actual de tales leyes “objetivas” es diferente al “para-sí” de hace quinientos años, cuando las leyes divinas dominaban el mundo “para sí” u objetivamente; pero no como ahora lo creemos, sino de acuerdo a las tradiciones establecidas entonces, como “en-sí”,  siendo  válidas y verdaderas.
2.  En ese  mundo de la “ciudad medieval celeste” existieron, como hoy cabe  suponer, santos, genios y héroes;  es decir, seres humanos dominados por tres tipos análogos de virtud ética:  el deseo de perfección absoluta,  o la búsqueda de lo divino;  la valentía y la búsqueda del heroísmo terrenal;  y  el ansia  de  verdad como valor supremo.
Santos los hubo en gran cantidad  durante la Edad Media. Pero genios,  muy pocos,  visto el fenómeno retrospectivamente desde  el progreso actual del conocimiento científico y tecnológico.
Y héroes, en tanta o mayor cantidad que los santos.
En efecto, de caballeros andantes estuvo poblado el mundo medieval, o de héroes arriesgando sus pellejos por defender  sus creencias y salvar de las “fuerzas del mal” al “Bien Supremo”, sus cortes terrenales, y su fe,  escrita y trasmitida como la tradición religiosa establecida para entonces.
3. En esa sociedad medieval abundaron los caballeros andantes, tanto o más que los místicos y  las  santas y santos reformadores de sus órdenes religiosas. Y de la Iglesia en general.  Tanto fue su número que su ideal se impuso, y hasta adquirió vida literaria en manos de un Cervantes o de una Teresa de Ávila. 
De los caballeros se encargó el “Don Quijote”, y de los místicos dio cuenta lo expresado poéticamente por la santa carmelita.  
Pero hoy  una cosa nos  parece cierta:   los santos no abundaron tanto como los guerreros montados a caballo.
Unos pocos destacaron, pero esos pocos brillaron como soles.  Soles con luz propia debemos decir, contradiciendo la tradición histórico-religiosa y teológica que les niega tal autonomía luminica.
En efecto, quienes los evaluaron,  cabe suponer, -por haberlos examinado a fin de elevarlos a los altares-, tuvieron que sentirse superiores a ellos, o tan santos como ellos. Si no, ¿cómo les hubieran conferido títulos  de santos y, además, en algunos casos y por  añadidura, de doctores como lo hicieron con  la  Santa de Ávila? 
Santos, al parecer,  los hay sólo después de muertos.
Y santos de  “toga y birrete”,  sólo en vida y  coleando,  y sólo en las  más altas esferas de la Santa Madre Iglesia, “Católica, Apostólica y Romana-Vaticana”.

II

4.  Fueron entonces los jerarcas eclesiásticos quienes reconocieron a tales seres humanos, que todavía llamamos “santos”, el ser portadores y hacedores en grado superlativo de las virtudes cristianas, las cuales imprimieron en sus naturalezas caídas, como las de todos los demás mortales-, el sello divino haciéndolas especiales; es decir, “santas”.  
Se creía entonces que si el santo era un ser capaz de soportar el dolor, la injusticia, la maldad humana –al parecer ilimitada-,  eso lo podía hacer como resultado de haber aceptado y puesto en práctica las “verdades de fe” que se las habían enseñado de chiquitos, y que ellos tan diligentemente y tan dócilmente, de adultos, habían aceptado para vencer el mal en ellos cohabitando conflictivamente con el bien.
“Docilidad” artificial y artificiosa en muchos caos, pues lo torcido y retorcido de la naturaleza humana caída por efectos del pecado o el mal moral y teológico,  así lo hacía necesario.
De ahí la necesidad de la ascesis en el ascenso místico a lo absoluto-divino.
5.  En ese mundo cristiano medieval, si el santo era un genio, fuese en el campo de la filosofía, de las artes o de la “ciencia” –hasta donde ésta era posible en esa época- todo ello lo era por “préstamo divino”; por imitación, o por reflejo;  o por ser “hijos de Dios” o “criaturas de Dios”.  Es decir, “pordioseros”.  
Dios entendido como la cúspide de todo lo creado y como hacedor del mundo entero entonces  conocido:  plano, con límites abajo y arriba; con número de bestias y de hombres ya contados y limitados. Y con un  número de estrellas fijas, pegadas en el cielo,  igualmente limitado.
“Limitado” todo lo creado para la mente divina, ilimitada e infinita; omnisciente y omnipotente. 

III

6.  El mundo medieval era un mundo que, como diría el fundador del “socialismo científico” –usemos esa expresión  metafóricamente-, se tendría que interpretar como una imagen que aparece invertida en la retina, o en “cámara oscura”.  Tal y  como se reflejaría en el espacio interno y oscuro de esas viejas máquinas fotográficas, muy rudimentarias, que debió conocer el barbudo intelectual alemán, y que hoy en nada se parecen a las actuales electrónicamente  conformadas.   Y fabricadas en la China “socialista-capitalista” (sic).
Un mundo invertido con respecto al nuestro;  un mundo al revés con respecto al mundo contemporáneo,  podríamos decir que era el mundo medieval.  Y la imagen pareciera ser válida.
En realidad,  sólo en apariencia.
Invertidas se nos aparecen  hoy   las interpretaciones de entonces con respecto a las causa de las enfermedades,  por ejemplo, y la de los  males sociales como la pobreza y la injusticia.  Pero tal inversión sería válidamente interpretada teniendo  como telón de fondo el avance tecno-científico,  y no nuestro  retroceso político económico ven-cubano.
En muchos sentidos, hoy son tan pobres la mayoría,  como lo fueron hace quinientos años.
Pero, para esa época, se nos diría,  otros eran los “imaginarios” culturales que daban cuenta de los males humanos y naturales.  En aquel mundo “invertido y al revés”, existían espíritus buenos y malos conviviendo en  cuerpos visibles terrenales.  En realidad, tanto los cuerpos como los espíritus eran para todos los habitantes de la “ciudad de Dios” medieval, visibles. Todos, para ese entonces,  veían ángeles volando,  y demonios planeando sobre sus cabezas;  y en todo veían los rastros o trazos dejados como bosquejos por ese dibujante perfecto que era Dios mismo.

IV

7.  Leyendo lo escrito hasta ahora, algún lector, dándoselas de “asomado filosófico”, podría exclamar:
-¡Hace tanto tiempo que ocurrió tal cosa!  …¡Menos mal que el mundo cambió radicalmente para bien, y hoy vivimos en otra realidad!
Y sentándose, como para recuperarse de un gran susto,  exclamaría:
-¡Uf... nos salvamos  como especie biológica... Y fue así por efectos de la aparición de la ciencia y la tecnología modernas y contemporáneas!
Así podrían algunos lectores de estas líneas reaccionar.
Vale decir,  como “animales racionales”, bípedos implumes. O muy aristotélicamente.
Y pensando de esa manera se creerían miembros privilegiados de ese mundo actual, tan desarrollado científicamente;  no de aquel de hace quinientos años, y ni siquiera del que tenía en su cabeza Cervantes cuando escribió “El Quijote”,  o Santa Teresa de Jesús, cuando redactó sus “Moradas”. 
-Ni por asomo –les añadiríamos  nosotros, aceptándoles su punto de vista-,  nos parecemos a los habitantes reales de esas “ciudades divinas medievales”.
-Desde luego, con sus debidas excepciones, lo dejaríamos bien  claro.
¿“Debidas excepciones”?
Sí, pues muchos de tales privilegiados lo son como la excepción de una regla o ley casi universal, operando como hace quinientos años: que unos son dueños y señores, y otros, los más, son por necesidad de la naturaleza y sus circunstancias sociales, políticas y económicas, siervos, cuando no esclavos.

V

8.  “Excepciones” son los  un santos, los genios o los héroes, en esta Vene-Cuba medieval que habitamos.  No lo son en  el mundo de Obama, ese a quien nuestro “Monarca Medieval Criollo”, le entregará las firmas recolectadas  en los burgos socialistas, aún poblados por “siervos de la gleba”, viviendo hoy como hace quinientos años: sin toallas sanitarias, papel higiénico, champú, desodorante, “et al.” (sic)
Excepciones son hoy en este país colonizado por los “héroes cubanos”, los santos medievales o las santas, como lo fue esa bipolar llamada  Teresa de Ávila,  quien arriesgó su bienestar terrenal por motivos –aparentemente- religiosos, para salvar a la Santa Madre Iglesia,  de la que se sentía ser una  hija privilegiada; de ahí que buscara reformar la orden religiosa   a la cual perteneció.  
Santa Teresa buscó, entonces, salvar a una Iglesia tan perversa y pervertida como la de hoy;  y lo hizo contando con una precaria salud;  con muy poca educación formal;  con severas afecciones  del cuerpo y de la mente, todo lo cual resultaría ser  análogo a lo que muchos hoy padecen, y no por ello, -viviendo en  circunstancias socio-económicas similares a las de la Santa de Ávila-, son como ella, santos.  Ni por asomo.
Tales afecciones, sin embargo, en un mundo desarrollado –como el de Obama, se sobreentiende- en lugar de arrestar deseos de cambio –auténticamente revolucionarios-,  los repotenciaría. Igual que ocurrió con la santa  española.
Aquí, sin embargo, domina y atrae el bienestar, el confort, la buena vida moderna “para-sí” –no la medieval-,  aunque “en-si” se viva como hace quinientos años. 
¿O es que “para-sí” ese ser humano vene-cubano  que emerge de un barrio,  y se monta en una moto, como miembro de un colectivo, al sacar de su bolsillo un  celular “última generación”,  no cree que “en-si” está dominando la ciencia y la tecnología, y se está comunicando a través del último grito de la moda tecnológica con sus “correligionarios”,  para apurar el “parto de la historia revolucionaria”,  ayudándose de un  “forcep-vomita-fuego”  ?
¿O cuando su contrario, algún opositor,  se sienta en un “cyber” a abrir su página de Face”,  o a navegar para  replicar “oraciones” en cadena para ablandar el poder divino, no cree “para-sí”, que con ello está ayudando a que sobrevenga el cambio social democrático tan apetecido para viajar al imperio?
“Para-si”, él o ella, creen  dominar el “en-sí”.  Sean “robolucionarios” o “fascistoides opositores”.
Pero la “realidad-real”  es otra.
“En-si”, u objetivamente, ambos representantes de esta Vene-Cuba medieval  viven “casi” –si “casi”-  que dentro del mundo de Obama. En efecto,  “casi”, “para-sí”, aunque crea lo contario –como en “cámara oscura”-, vive  actualmente, cualquier motorizado pro-chavista y pro-cubano. “En-sí”, sin embargo,  su mundo es  medieval.  “Para-sí”, es muy  moderno.  
En realidad, no obstante, pura realidad invertida y convertida en imagen falsa de lo que existe aquí y ahora en Vene-Cuba,  y más allá de tal “burgo sucialista”.
Y en ese mundo en “cámara oscura”  viven y conviven –hombro con hombro- tanto  quienes pertenecen al  “pueblo llano” y son “los siervos de la gleba sucialista”, como sus caudillos, o señores medievales, sean políticos o religiosos.

VI

9. Todo ello es cierto, con sus debidas excepciones por supuesto.
Aquí, en Vene-Cuba, como en cualquier otro paisito de América Latina, si un jerarca tiene afecciones de salud, -digamos un cáncer de próstata, la aorta bloqueada,   o un tumor cerebral-,  no las “manejará” como lo hubiera hecho la Santa de Ávila.  No llamaría al barbero para que lo sangrara y le extrajera de  su cuerpo los espíritus malignos que en él  pudieran habitar. No invocaría tampoco  en tales circunstancias, a las fuerzas celestiales para sanarse y  así llevar a cabo una obra de reforma eclesiástica,  hoy  tan imposible como innecesaria.
Nuestros jerarcas religiosos, por muy ataviados que estén de ropajes medievales –sean físicos o mentales-,  jamás  se irían a Cuba a buscar la cura  de un cáncer  –como lo hizo tan “pendejamente” ese caudillo medieval  que nos abandonó como un padre celestial irresponsable,  hace  ya  un par de añitos-,  o a para ser intervenido quirúrgicamente en su cerebro por causa de un “tumor ideológico”, digo cerebral.
Mucho menos se iría a que lo examinaran aquí mismo, los médicos misioneros cubanos, tan “santos medievales” ellos;  por muy profesores de medicina que fueran. Y mucho menos irían a ponerse en las manos de uno de sus alumnos, con todo y que  ya hubiesen  recibido el título de “Dotol” en medicina interna cubana.  No.
Harían inmediatamente sus maletas para viajar al Imperio,   raspando para ello  sus tarjetas electrónicas,  y aplicando  “legalmente” para obtener sus dólares preferenciales. 
Se meterían así en  un  “trompito del tiempo”  personal e institucional, para viajar de este mundo “sublunar y plano venecubano”,  -es decir, medieval- al  mundo dando birondas mágicas en el universo capitalista del tan odiado o amado  Obama, con todo y  su imperial amenaza. 
Harían sus  maletas para viajar en el espacio-tiempo moderno,  e irse al mundo mágico  USAmericano, tan anhelado por los opositores anti-régimen comunista;  o tan denigrado por sus enemigos pro-cubanos revolucionarios. Buscarían irse a curar sus dolencias muy religiosamente, en ese mundo tan admirado en secreto, tanto por  oficialistas  como por  opositores tanto por  malos como  buenos ciudadanos;  por  negros como por  blancos, o de color “café con leche”;  por   ricos y  pobres, demócratas  o “comunistoides venecubanos”.
Todos los jerarcas, sin excepción alguna, fuesen políticos o eclesiásticos, de sentirse malitos, estarían prestos a dejar este mundo medieval, tan parecido al de Santa Teresa de Jesús, y viajar en un “Airbus”  venciendo su miedo a volar,  quizás, como confiesa que lo  hace ese mentor de Dudamel,  el  “genial administrador de orquestas”, el ancianito Abreu, rezando el Santo Rosario para calmar sus nervios.
10.  Hoy son la excepción a la regla,  los santos, los héroes y los genios que habitan esta Vene-Cuba pro castrista.  Aquí en esta ciudad medieval, divinamente chavecista  y revolucionaria pro-castrista,  todavía  los cuerpos terrenales nuestros conviven y cohabitan con espíritus, fantasmas y demonios, invocados y manejados por sacerdotes,  brujos y, por supuesto, políticos “salvadores de la patria”.   Y ello sucede  como resultadito de la magia que parecen  dominar estos revolucionarios iluminados por las luces provenientes de la isla de la felicidad, en donde aún brilla un Dios, aun  barbudo y que es, “para-sí”,   inmortal.
Aquí, todavía dominan los espíritus caballerescos medievales;   en especial esos salidos del mundo privado de ese “chiflado de la Mancha”. Pero,  quienes creen todavía en la mejoría de un cáncer haciendo sangrar al paciente, a diferencia de ese caballero andante desquiciado,  siendo “para-sí” los únicos cuerdos,  quieren convertirnos a todos- “en-sí”-, en creyentes de su causa.
Ellos, como caballeros  andantes redivivos, se creen reformadores sociales y religiosos, o los representantes iluminados de una nueva mística: de  la religión “chavista-castrista-madurista”, creyéndose la excepción en  la aplicación de una ley universal, hoy  más  vigente que ayer:  la ley de la oferta y la demanda, la que controla el mercado y la acumulación del capital. Sobre todo en paraísos fiscales como Andorra.
Haciéndonos creer que aun las brujas vuelan y los demonios imperialistas conviven con nosotros, ellos sí que  han dejado de creer en lo que creían los habitantes de la ciudad celeste medieval, y  tienen ya preparadas sus maletas para  viajar en su trompo privado del tiempo al imperio tan amado y tan odiado. El de Obama por supuesto. Y, desde luego, si ese “hombre afro-americano”, casi paisano  nuestro, muy “oreo” él, acepta las firmas que nuestro Monarca Criollo le llevara pronto, para que deje de hostigar a esos siete caballeros mercantiles y boliburgueses, tan heróicos,  habitando ya en las  entrañas de ese monstruo tan feroz.
Claro, si las cosas medievales venecubanas cambian para modernas;  y si los opositores les han dejado un lugarcito en ese lugar mágico llamado USAmérica.

lmp

(Continuará, se los aseguro...)

viernes, 3 de abril de 2015

NI “UTOPÍA USAMERICANA”, NI “SUCIALISMO ROBOLUCIONARIO”, SINO TODO LO CONTRARIO.


For our little grand-tree, growing inside multifarious gardens… 

“Ni una cosa ni la otra, sino todo lo contrario”. 
Carlos Andrés Pérez dixit.

1.  “La vida reclama vida”;   lo vital conduce al progreso en la escala biológica;  jamás a la regresión”.  Ese es el fin de la vida interpretado  como su “telos propio”  y no como  su causa, la cual es por necesidad regresiva   al dirigirse a la decadencia de lo vivo:  la propia desaparición definitiva.

Esto sería, más o menos,  lo que nos diría John Dewey si le preguntásemos hacia donde deberíamos dirigir nuestros esfuerzos como individuos y como sociedad en la Venezuela de hoy. 

Como un digno representante de su época, cultura y sociedad, ese genial filósofo norteamericano intentó mostrarle a sus coterráneos lo que debían hacer partiendo de  las raíces multi-culturales y la tradición libertaria de la sociedad en vías de ser opulenta,  en la cual le tocó por suerte vivir.  

Hoy muchos jóvenes opositores  desearían asumir como propio ese sueño norteamericano ya pasado,  y por ello anhelarían  “agarrar sus peroles”,  como lo hizo el conductor de orquestas, no el artista, Gustavo Dudamel yéndose  a vivir en la atmósfera  “magica" de Los Ángeles, ” en USAmerica.

2.  Dewey, como sabemos, creía con fe casi religiosa en el progreso social  impulsado por la ciencia y la tecnología.  Progreso éste que debería ser dirigido consciente y planificadamente hacia un fin último que le era  intrínseco al movimiento mismo de la reconstrucción racional de la sociedad en su conjunto. Los fines  del cambio social, pensaba, no  son externos y mucho menos trascendentales con respecto a la sociedad real en la cual dichos fines se buscarían poner en práctica.  Por ello jamás podrían ser justificados metafísica o religiosamente.

La sociedad planificada democráticamente genera fines que actúan en forma de “arco de la experiencia”:   el progreso genera necesidad de progreso sin límites ni medida más allá del progreso mismo. 

No podrían existir, entonces,  ni  un fin social apocalíptico,  ni  tampoco una redención social  universal.  Solo progreso con regresiones temporales, pero en perpetua superación.  

La necesidad de dirección y control racional de las fuerzas naturales y sociales es el único requisito para vivir a la altura de lo  que se es, como seres humanos conscientes de sus necesidades y capacidades,  superando los estadios elementales de la sobrevivencia.

Hasta aquí este podría ser el “sueño americano a lo Dewey” expresado teóricamente;  es decir, de manera antropológico-filosófica.

3.  Superados históricamente esos estadios pre-capitalistas, y habiendo dado el salto a la gran sociedad, a la opulencia sin límites, el sueño de Dewey no se hizo realidad;  se quedó  “varado” en simple utopía aún no realizada.  

Su ideal educativo, sin embargo,  como eje de la trasformación democrática de la sociedad norteamericana  se hizo realidad a medias y de manera muy defectuosa, pero cobró vigencia  de una manera  cuyo parcial éxito  hoy todos podemos constatar a través del dominio científico-tecnológico que se ha exportado e  imitado en  todos los rincones del planeta.  Ese fue un logro esencial del sueño democrático-racional de John  Dewey.

Es cierto que todavía la pobreza, la  erradicación  de  la ignorancia, la anarquía y el descontrol institucional dominan amplios sectores  de la sociedad norteamericana.  Pero ello no invalida el  ideal social que como utopía le insufló energía a su progreso pasado y presente.  De ahí que el sueño de Dewey  podría ser interpretado hoy como  una simple hipótesis que fue falsada por la  misma realidad;  de ella, o de tal  “puesta  prueba”,   salió fortalecida en lugar de haber sido  refutada completamente. 

4.  En otros lugares del planeta se intentó hacer realidad otros proyectos sociales y políticos realmente utópicos.  Pero allí  la realidad se encargó de refutarlos definitivamente.  Es decir,  la posibilidad real de tales utopías soñadas como paraísos terrenales,  resultó  enteramente ilusoria.

Nos referimos a las sociedades  en donde dominó el socialismo real. 

Sólo como una reliquia histórica  se podría hoy hablar del “éxito socialista”;  una reliquia que como ruinas arqueológicas deberían  ser conservadas  a fin de que las generaciones futuras evitasen  cometer errores “utópicos” similares.  Es decir,  el de creer  en ilusiones imposibles de ser puestas en ejecución y a prueba, sin matar lo que define existencialmente  al ser humano: su libertad.

5.  No es totalmente cierto, entonces,  que el  ideal democrático se haya hecho realidad en el “mundo USAmericano”. 

Ni por asomo.

Pero vista en perspectiva global, e histórica y críticamente evaluada,  una cosa es innegable:  ha habido desarrollo económico  para amplias capas sociales;   y hasta progreso en cuanto a sus derechos individuales y de grupo.  Que no se haya hecho posible para la totalidad de los habitantes de “El Imperio”, como lo llama el "mandamasito" vene-cubano,   es algo que resultaría realmente imposible pues, ¿qué utopía social podría hacerse realidad  de  manera completa y definitiva?

Por otra parte, si la sociedad progresa a partir de contradicciones, el conflicto signa cualquier tipo de progreso social en cualquier lugar y época.  Entonces la  coexistencia de lo positivo y lo negativo es la “situación normal” del desarrollo social.  De ahí la necesidad de la crítica permanente, la cual fue expresada en la filosofía de  John  Dewey como “reconstrucción permanente de la experiencia”. 

El problema residiría, entonces,  en la “coexistencia pacífica”  de las contradicciones;  “paz” que  podría convertirse en algo normal y normalizado por los líderes interesados en controlar el poder institucional, para perpetuar su manejo económico y financiero,  usando para ello los recursos democráticos de la misma sociedad opulenta que los apoya.

5.  A pesar de  las evidentes “limitaciones filosóficas” esbozadas anteriormente, no hay duda que  una sociedad abierta (Popper),  con todo y sus defectos “reales” y no utópicos, es preferible a una sociedad cerrada con todo y sus ilusiones de felicidad e igualitarismo  perpetuo, como lo es la nuestra.  De ahí que lo dicho por Herbert  Marcuse hace más de cuarenta años,  aplica hoy  de manera casi perfecta a nuestro caso histórico-político: 

“[…] No tengo que discutir aquí el problema de si el logro de este resultado [la gran sociedad opulenta]  significa un progreso de la libertad, o bien un progreso de la comunidad y de la cohesión de la sociedad existente y de su valores. De todos modos esta abundancia cultural siempre puede ser mejor que una ulterior restricción y represión del conocimiento  pero en sí misma no puede considerarse como un progreso hacia una sociedad mejor”. (“El individuo en la gran sociedad”. Subrayado añadido)

6.  Exactamente ese es el ideal de los “opositores  vene-cubanos”: el de la sociedad opulenta norteamericana de hoy,  la cual  Herbert Marcuse criticaba tan  inteligentemente. 

No se trata de aprobar lo realizado  por “El Ungido” siguiendo las directrices de  su “Padre Eterno”,  y las de su padrastro político  el "Barbudo Caribeño”.   Se trata más bien de reconocer que  la sociedad anterior no fue la mejor; pero igualmente, que  la que en la actualidad se propone como "alternativa democrática" tampoco lo es.  

El desastre social  que de manera evidente se muestra en  lo que  está ocurriendo hoy con el régimen pro-cubano que nos “desgobierna” requiere de otro "proyecto utópico" realizable, el cual debería integrar  los valores democráticos y comuniatristas sin miedos ni tapujos ideológicos. 

Se trataría, dicho como lo hubiera  dicho tan ocurrentemente CAP,  de  no aceptar “ni una cosa ni la otra, sino todo lo contrari.

 http://en.wikipedia.org/wiki/Carlos_Andr%C3%A9s_P%C3%A9rez

Visto negativamente, muy hegelianamente, como lo hizo Marcuse en su época y momento histórico con la sociedad norteamericana,  la situación política y social  actual en “Vene-Cuba”  superó  negativamente “el desastre” –como lo llamaba Domingo Alberto Rangel- de  la sociedad adeco-copeyana, sólo en apariencia democrática; dicha democracia "chucuta" fue la que  “parió” nuestro actual desastre.  

http://www.nuso.org/upload/articulos/1031_1.pdf

http://www.lasverdadesdemiguel.net/edicion-437-domingo-alberto-rangel-a-los-90-anos-de-su-gloriosa-existencia/

 http://www.talcualdigital.com/nota/visor.aspx?id=76637

La nueva sociedad ha de ser “utópicamente”  diferente;  no sólo a la actual “sucialista y robolucionaria”,  sino a la posible USAmericana, la cual la toman como  modelo a imitar   los opositores de la mal llamada “unidad democrática”:  sobre todo  la “sociedad mayamera” de hoy.

De ahí que se haga necesaria, una vez más,  la creencia en la utopía  -no en las ilusiones fantasiosas-, y la aceptación de la crítica social de los ideales democráticos como una  “permanente reconstrucción de  la experiencia liberal y libertaria”, una vez la utopía USAmericana, y hoy hecha  realidad incompleta y defectuosa, pero realidad al fin y al cabo,  y no una  simple ilusión “robolucionaria y sucialista”, patológica,  pro-cubana.

lmp



 

miércoles, 1 de abril de 2015

MARXIANOS ROBOLUCIONARIOS VENECUBANOS Y ANTIMARXIANOS REACCIONARIOS TRICOLORES.




1.  Cualquier manual sobre  materialismo histórico, incluso ese “best-seller” de los años setenta  escrito y “refritado” (sic)- por la chilena Marta Harnecker, repitiendo la introducción a la “Critica de la Economía política” del barbudo de Treveris, contiene una verdad que nuestros gobernantes rojos rojitos jamás quisieran que tanto la “glosadora oportunista” como el creador del “socialismo científico” la hubieran expresado alguna vez:
Que solo cuando las fuerzas productivas entran en contradicción con el modo de producción, únicamente  entonces podría darse una cambio revolucionario de la sociedad.
Mientras ello no suceda, no importa cuán avanzada sea la “vanguardia revolucionaria”, los cambios jamás serán producidos. Es decir, no hay forma de adelantar el parto de la Historia. A riesgo de que una montaña capitalista para un ratón socialista.
Caso Vene-Cuba.
De acuerdo a esta ley “de acero” del marxismo histórico –malinterpretado-,  ley supuestamente social y económica, la Historia progresa tirada por el intercambio de fuerzas generadas por las necesidades humanas de sobrevivencia económica. Eso es particularmente cierto en sociedades primitivas, o con un incipiente modo de producción capitalista.  
En sociedades altamente desarrolladas, la ley continuaría  siendo la misma y operando del mismo modo;  pero allí,  superados los niveles de sobrevivencia, y ya  existiendo  sobreabundancia económica, los factores históricos y sociales  adquirirían  otro matiz (Marcuse dixit),  quedando las contradicciones económicas desplazadas a un nivel de fuerzas, determinantes sólo en última instancia (Althuser).  
Ello  sería de eso modo  debido a la aparición de   necesidades nuevas, sobre todo de tipo socio-cultural,  o  propiamente humanas. Las necesidades de comunicación, ocio y creatividad artística y -¿por qué no?- hasta de transcendencia místico-religiosa serían las más relevantes (W. Benjamin).

2.  La interpretación economicista del marxismo pertenece al pasado.
La realidad histórica se encargó de falsar las supuestas leyes deterministas que sólo aparentemente controlarían  la acumulación del capital, el trabajo alienado y la propiedad privada. El socialismo real ruso-soviético, y el cubano, han representado   el  gran laboratorio en el cual fueron “falsadas” las ideas que Marx sólo bosquejo –hoy ya lo sabemos- como hipótesis imposible de ser verificadas, y que fueron malinterpretadas y simplificadas por lo manuales como el mencionado al inicio (Popper). 
Buscando tal  verificación de la teoría marxista sobre el cambio social, se obtuvo como resultado su refutación, pero no como filosofía social y política –las teorías filosóficas son irrefutables (ideologías) precisamente por ser radicalmente refutables (saberes crítico-hermeneúticos)- sino como ciencia social. 

3.  De lo dicho se infiere válidamente  que quien cuestione un gobierno que se autodenomine “revolucionario” y “socialista”, sin referirse a los orígenes filosóficos e históricos  de tales ideas motrices del cambio social, estaría por decirlo de algún modo, “regando  la mata fuera del tiesto”.
O quizás, mucho mejor para el supuesto crítico u opositor,   haciéndole el juego al enemigo para sacar provecho personal y de grupo   de las circunstancias en las cuales la ignorancia filosófica y científica social podría reinar como dueña y señora  en esa  sociedad, solo en apariencia cambiando a partir de principios socialistas. 

4.  Entonces,  de acuerdo con la ortodoxia filosófico-ideológica marxista,  el  cambio social de un modo de producción jamás se podría dar sin la concurrencia de dos factores históricos y materiales que progresan  íntimamente unidos:
a) El trabajo humano, o la labor de intercambio del ser humano con  la naturaleza, haciendo uso de herramientas para controlarla y transformarla.
b) El desarrollo ininterrumpido de las fuerzas productivas científicas y tecnológicas,  además del trabajo. Vale decir, de  los medios con los cuales el trabajo se realiza y con los cuales se desarrolla.  
En efecto, en la medida en  que el modo de producción progresa, de igual manera lo hacen  tanto los productos del trabajo como las maneras de llevarlo a cabo. Y como resultado de dicho progreso, tanto el trabajo como los medios de realizarlo van transformándose paulatinamente dejando de ser  “fuerzas manuales y corporales”, para convertirse en fuerzas mentales y de conocimiento o intelectuales (Marcuse).

5.  Es entonces la ciencia y la tecnología las reales fuerzas de cambio del modo de producción actual a nivel global, a la cual en los tiempos que corren  se subordinaría el capital con todos sus ritos y relaciones sociales de producción, consumo y ocio. Y sobre todo, corrupción.
No es al revés como se suele interpretar. 
De ahí que, como un Fausto maléfico, el desarrollo científico-tecnológico cree nuevas necesidades y “adicciones”, y al mismo tiempo una nueva manera de ver el mundo y el ser humano como parte del mundo mismo.
La creciente tecnificación del ambiente social, por ejemplo, en lugar de liberar creadoramente las fuerzas propiamente humanas, las controla y aprisiona, a la vez que crea las creencias para avalar tal estado de cosas, a fin de que tal control sea visto como bueno y deseable.
Marx diría que dicho modo de producción en lugar de desalienar al ser humano termina por  alienarlo aún más (“Manuscritos de 1844”).

6.  Solo los socialistas utópicos (Fourier) podrían sostener que la humanidad alcanzará un estadio de desarrollo humano pleno,  como resultado de la puesta en práctica de las grandes ideas platónicas de Verdad, Justicia y Libertad, sin tomar en consideración, de manera primordial,  las fuerzas materiales –el modo de producción-  que las determinan;  como por igual determinan las necesidades humanas, todas originadas históricamente. 
El criticar este tipo de interpretación “utópica” del progreso social como ingenua, ilusoria o idealista; o  el negar como posible un  fin último ideal realizable sólo como resultado de la voluntad humana individual o colectiva y con la ayuda de la ciencia y la tecnología asistiendo la planificación social, el negar todo eso  no significa el aceptar como válido el determinismo socio-económico, o la concepción erróneamente marxista según la cual la historia estaría  dominada y controlada por leyes económicas férreas,  de las cuales ninguna sociedad ha podido escapar.

7.  Tal determinismo de lo social sería cierto  en última instancia (Althuser, Polantzas, Lukács), y no como resultado de un progreso ciego de la realidad material, sea física o social.  Un  “causalismo determinista” de ese tipo podría ser real a   niveles muy bajos del desarrollo de las fuerzas productivas (sociedades pre-capitalistas).
Aceptarlo  no invalidaría –sólo “falsaría”-  la interpretación  humanista  del marxismo (Ludovico Silva).
En realidad son precisamente los niveles más bajo de las fuerzas productivas los que el socialismo científico buscaría  controlar y transformar mediante la “praxis” política-económica;  es decir de manera teórica y práctica.
Dicha  trasformación tendría  como fin último la realización  de todas las capacidades creadoras del ser humano,  y la  consiguiente liberación del “cepo económico” representado por  las necesidades materiales,  haciéndose realidad lo que  Marx denomino el “Reino de la Libertad”.

8.  Por lo dicho,  resulta grotesco negar el marxismo diciendo que es una doctrina filosófica  obsoleta, ya refutada por el "socialismo real",  y que por ello se ha de regresar a formas sociales ya superadas, como podría ser la “democracia liberal republicana” con su “neo-liberalismo” consumista.  Pero por igual  lo sería negar esas formas aparentemente superadas de “democracia liberal”,  afirmando la posibilidad de un socialismo ilusorio “pro-ruso estalinista-castro-cubano”, que no llegaría a ser ni siquiera utópico. 
Tales son las posturas aparentemente contrapuestas en esta “Jokerlandia Tricolor” (Vene-Cuba)  entre los “marxianos robolucionarios chavo-maduristas” –en funciones de gobierno-;   y los “anti-marxistas reaccionarios tricolores” –buscando ser gobierno-  opositores fascistoides.
Por ser ambas posturas profundamente regresivas y radicalmente engañosas, aunque   digan que luchan por ideales diferentes están   en realidad,   sólo en apariencia,  en pugna política e ideológica;  por ello   representan idénticas  fuerzas retrogradas y no de avance de nuestra sociedad.
En resumidas cuentas, tanto el “chavismo madurista pro-cubano” como la oposición “unitaria-reaccionaria pro-yanki” representan las dos caras de una misma moneda: las  de las fuerzas de  regreso a lo ya superado muy burdamente por el “chavecismo”: la democracia representativa, o de avance a un desastre socialista ya superado en otras partes del globo terráqueo.
En tal ambiente de engaño ideológico y de manipulación política mass-media´tica, llevado a cabo por oficialistas y opositores por igual,  estamos inmersos quienes habitamos esta  “Jokerlandia Tricolor”, está cada vez más  atrasada “Vene-Cuba”.
¿El pueblo?: haciendo colas para compra papel higiénico y toallas sanitarias.
¿Los dirigentes opositores?: o encarcelados,  o haciendo turismo para buscar en otros lugares ese apoyo que ese pueblo todavía  hambriento,  jamás les  ofrecerá de no cambiar  de “filosofía  sobre el ser humano y sus circunstancias tricolores”.

lmp