A todo superior e inferior (del superior) se ha de dar, le corresponde -además, siempre o continuamente de lo que se le deba por su condición de natural (hombre) y por su dosis de inventor -'horario' según el cargo, independientemente de que lo lleve digna o indignamente; y, si lo llenan dignamente, se le debe 'condecoraciones'. Tales deudas no se les pagan a ellos con dinero disponible a su talante, pues el orden social o Rango es invento, sin duda; más no lo es, en principio, ni el de superior ni el del inferior. Lo que es de otros 'inventores'. El Rey o el Presidente de la república... vasallos, ciudadanos; el rector, profesor, bedeles; el general... capitán, soldado raso; el capataz, los peones; el Papa, cardenales... obispos, laicos... no inventan tales cargos, o Rango; los hallan inventados, y ellos los llenan y cumplen según normas establecidas, inventadas por otros. Y si no las cumplen dignamente, a causa del rango hay que continuar pagándoles sus 'honorarios' -su 'sueldo', si se acepta aquí el uso de esta palabra. Ya se ha tratado de las maneras, modales y actitudes de los inferiores para con superiores 'indignos'... El dinero es categoría de 'inventor'. Disponibilidad-libertad-inventiva forman acorde ontológico, transcendente respecto del campo económico, tradicionalmente entendido". Juan David García Bacca. "Tres Ejercicios Literario-Filosóficos de Dialéctica". I La filosofía académica y escolar ha de desaparecer para que de ella salga algo substancialmente diferente, “virtualmente” diferente: ¿un camello, un león, un dragón o un niño? Dura palabra es para los burócratas escolares, para los comisarios universitarios, para los tarifados académicos; sean eminencias grises o blancas; sean egregios o humildes operarios. Pero todo apunta a tal “transubstanciación”. ¿Quedaremos como “huerfanitos filosóficos”, morirá la “esperanza filosófica”?