google05f93621e7278f20.html PERPLEJISMOS Y SABERES FILOSÓFICOS: 02/13/16

sábado, 13 de febrero de 2016

CULTO HEGELIANO-MARXISTA A LA PERSONALIDAD VATICANO-SOCIÉTICA.

Para Hegel el sujeto como individualidad temporal consciente, al ser “engullido” históricamente por el Espíritu Absoluto, se trasformaría (tran-substanciaría) en su contrario disolviéndose como individuo,  y pasando a ser otra entidad metafísica.   Mientras tal proceso llega a su culmen, la historia debe “molerlo” a la vez que disuelve  toda manifestación temporal y espacial de su creaciones:  su vida natural, sus invenciones tecno-científicas,  artísticas, religiosas y sobre todo políticas.

La  "Lógica", la  "Fenomenología" y la "Enciclopedia",  son los libros sagrados de la biblia hegeliana, a ser repetidos  por sus seguidores ideológicos.

Marx adopta a Hegel y le da la vuelta sometiendo el individuo a las determinaciones de la materia y su progreso histórico económico;  de nuevo el individuo y su individualidad ahora si que es realmente  molido,  triturado,   hecho añicos o “polvo cósmico” (expresión cara al “Eterno” Chávez vene-cubano) para dar paso, como un sino legal-científico,   al hombre nuevo  revolucionario (sic). 

Para lograrlo debería disolverse  la institución más perversa creada por el ser humano viviendo en sociedad:  la propiedad privada de los medios de producción, y sus alargamientos ideológicos más  pervertidos:  la iglesia institucional, y sobre todo el Estado político-económico.

Nada de eso ocurrió  durante el tiempo que se puso a prueba el socialismo como transición política y económica  al comunismo. 

La Unión Soviética resultó ser  el experimento fallido del socialismo real.  Y a tal fallo definitivo lo condujo Stalin, quien sucediendo y apropiándose  de lo hecho por Lenin, montó un Estado terrorífico comandado sólo por él,  encumbrado como un dios, o como un real "Espíritu Absoluto" hegeliano-marxista, pero enano o afectado de “enanismo filosófico”.

¡Y es que Stalin quiso ser hasta filósofo!

Una aberración histórica desde luego. Tanto como el castrismo-chavecista venecubano.

Pero una aberración materialista y supuestamente atea tan igual -o menos terrible-   que la  de la iglesia institucional milenaria, Romano-Vaticana.  En ella "EL Absoluto" pasa  terrenalmente a ser eterno (sic), y la transición no es a ningún socialismo futuro puesto a prueba en el presente;   es decir, hecho  transitorio,  para alcanzar en esta tierra el comunismo utópico presente. No.  El crsitianismo vaticano predica -aunque lo niegue-  la eternización de los males  terrenales, con sus sistema eterno capitalista, y la esperanza en la eternidad como “tiempo-sin tiempo” (sic)  de liberación definitiva eterna de los "olvidados de esta tierra".

Es, en definitiva,  hegelianismo puro y simplificado, "decafeinado" vaticanamente para consumo masivo, latinoamericano y africano sobre todo.

Deberían saberlo y en ello reflexionar esos que creen que con los viajecitos globalizados de Pancho-Papa se mejorará la humanidad y,  sobre todo,  esta Latinoamérica tan sufrida por tanto utopista-oportunista político,  incluidos Arzobispos y cardenales y sus testaferros espiritualistas: 
 

los curitas de “pueblos-grandes” pre-capitalistas (nuestros paisitos), que sin fe, como el personaje “Don Manuel, Bueno y Martir”,  de Unamuno, siguen dando sus Misas sin creer en ellas.


lmp 13.02.2016