Las palabras de Merleau-Ponty deberían ser examinadas con
detenimiento por quienes aun tienen esperanza, en América Latina, de que
recalentando ideologías de derechas o de izquierdas, saldremos del foso
profundo en que nos encontramos sumergidos.
No se trata, sin embargo, de defender el capitalismo
"neo-post-liberal salvaje".
Ni Wall Street ni los "boli-chicos" y
"boliburgueses", u oligarcas reaccionarios vene-cubanos o
cubazuelanos.
No es, por consiguiente, el simple rechazo religioso
fundamentalista, bien del supuesto comunismo, o la defensa ciega de la supuesta
democracia liberal-burguesa lo que nos ayudará a clarificar nuestra
situación política y social y superar nuestra crisis. No.
Es la confrontación de nuestras perspectivas de mundo y nuestra
ética, con la realidad social y política global y nacional-local, Occidental
(USA) y Oriental (China) lo que nos traerá claridad. Pero sobre todo el
llevar a la práctica nuestras ideas democráticas de manera
auténtica, sin intolerancias fundamentalistas, sabiendo que,
como dice Merleau-Ponty:
"'El Yogi y el Comisario' demuestra muy bien que el anti-Comunismo y
el humanismo democrático-liberal] poseen dos éticas: una que ellos
profesan [los "demócratas"] y defienden, celestial y sin
compromisos serios, y la otra que ellos practican [los "comunistas"],
muy mundana y hasta subterránea [hipócrita]. (Cf. "Humanismo y
Terror", "El Yogi y el Comisario").
Con lo dicho no queremos significar que haya que aceptar cualquier
idea y echarla en un recipiente ideológico-político relativista o
"ecléctico". Para saber qué ideas y sentimientos echar
allí hace falta mucha reflexión filosófica.
Y es eso precisamente lo que Merleau-Ponty le exigía en su
momento a quienes querían que la cultura occidental
sobreviviera. Y lo hizo en una época en que figuras de la talla de un
Jean-Paul Sartre defendían a rabiar el castro-comunismo ruso-soviético, o la
China Maoísta.
No era cualquier cosa asumir la posición de tolerancia política e
ideológica defendida apasionadamente por Merleau-Ponty. Para
hacerlo se requería ese coraje que él siempre mostró al confrontar sus ideas
con las de sus adversarios filosófico-políticos.
Nosotros los latinoamericanos formamos parte de la cultura llamada
"Occidental".
A pesar y hasta en contra de quienes quisieran regresar a nuestras
supuestas raíces aborígenes, "adanícas", "genesíacas" o del
"buen salvaje" comunitarista, para rescatar "y que" la
cultura de quienes los "robolucionarios vene-cubanos" llaman
"originarios": pero sólo de la boca hacia afuera, pues en
su "hablar implícito" (véase nuestra notan anterior), defienden
la cultura gringa, la cultura "neoyorkina" y/o
"mayamera".
Eso, diría Merleau-Ponty, es pura mistificación ideológica. Pura
hipocresía de un Yogi que continúa siendo comisario (Ibid.).
Ojalá lo entendieran, entre otros, el Papa más populista de la historia de
la Iglesia Católica Vaticana: el superficial e ignaro
filosófico Francisco, hoy absurdamente "enamorado" (como lo
estuvo el "Comandante Eterno", otro "erotizado" por Castro)
de la demagogia populista "castro-comunistoide".
Sería "refrescante" (para no asumir la discusión anterior
tan seriamente), ver una película que muestra de manera irónica la
"erotización" castro-comunista de una pareja -los padres-
confrontada por una "niña momia" (derechista), que les lleva la
contaría; ellos, muy jóvenes, se muestran hipnotizados por la
ideología justiciera de izquierda del Chile de Allende, y actúan como si
fueran fundamentalistas evangélicos en lugar de militantes de la
ideología comunista, ruso-soviética.
Aquí les dejo el tráiler.
lmp.
12/08/2015