1. Cualquier
manual sobre materialismo histórico,
incluso ese “best-seller” de los
años setenta escrito y “refritado”
(sic)- por la chilena Marta Harnecker, repitiendo la introducción a la “Critica
de la Economía política” del barbudo de Treveris, contiene una verdad que
nuestros gobernantes rojos rojitos jamás quisieran que tanto la “glosadora
oportunista” como el creador del “socialismo científico” la hubieran expresado
alguna vez:
Que solo cuando las fuerzas productivas entran en
contradicción con el modo de producción, únicamente entonces podría darse una cambio revolucionario
de la sociedad.
Mientras ello no suceda, no importa cuán avanzada sea la
“vanguardia revolucionaria”, los cambios jamás serán producidos. Es decir, no
hay forma de adelantar el parto de la Historia. A riesgo de que una montaña capitalista
para un ratón socialista.
Caso Vene-Cuba.
De acuerdo a esta ley “de acero” del marxismo histórico –malinterpretado-,
ley supuestamente social y económica, la
Historia progresa tirada por el intercambio de fuerzas generadas por las
necesidades humanas de sobrevivencia económica. Eso es particularmente cierto
en sociedades primitivas, o con un incipiente modo de producción capitalista.
En sociedades altamente desarrolladas, la ley continuaría
siendo la misma y operando del mismo
modo; pero allí, superados los niveles de sobrevivencia, y ya existiendo sobreabundancia económica, los factores
históricos y sociales adquirirían otro matiz (Marcuse dixit), quedando las contradicciones económicas
desplazadas a un nivel de fuerzas, determinantes sólo en última instancia
(Althuser).
Ello sería de eso
modo debido a la aparición de necesidades nuevas, sobre todo de tipo socio-cultural,
o propiamente humanas. Las necesidades de
comunicación, ocio y creatividad artística y -¿por qué no?- hasta de
transcendencia místico-religiosa serían las más relevantes (W. Benjamin).
2. La
interpretación economicista del marxismo pertenece al pasado.
La realidad histórica se encargó de falsar las supuestas
leyes deterministas que sólo aparentemente controlarían la acumulación del capital, el trabajo
alienado y la propiedad privada. El socialismo real ruso-soviético, y el
cubano, han representado el gran
laboratorio en el cual fueron “falsadas” las ideas que Marx sólo bosquejo –hoy
ya lo sabemos- como hipótesis imposible de ser verificadas, y que fueron
malinterpretadas y simplificadas por lo manuales como el mencionado al inicio
(Popper).
Buscando tal verificación de la teoría marxista sobre el
cambio social, se obtuvo como resultado su refutación, pero no como filosofía
social y política –las teorías filosóficas son irrefutables (ideologías) precisamente
por ser radicalmente refutables (saberes crítico-hermeneúticos)- sino como ciencia social.
3. De lo dicho se
infiere válidamente que quien cuestione un
gobierno que se autodenomine “revolucionario” y “socialista”, sin referirse a
los orígenes filosóficos e históricos de
tales ideas motrices del cambio social, estaría por decirlo de algún modo, “regando
la mata fuera del tiesto”.
O quizás, mucho mejor para el supuesto crítico u
opositor, haciéndole el juego al enemigo para sacar provecho
personal y de grupo de las
circunstancias en las cuales la ignorancia filosófica y científica social podría
reinar como dueña y señora en esa sociedad, solo en apariencia cambiando a
partir de principios socialistas.
4. Entonces, de acuerdo con la ortodoxia
filosófico-ideológica marxista, el cambio social de un modo de producción jamás
se podría dar sin la concurrencia de dos factores históricos y materiales que progresan
íntimamente unidos:
a) El trabajo humano, o la labor de intercambio del ser
humano con la naturaleza, haciendo uso de
herramientas para controlarla y transformarla.
b) El desarrollo ininterrumpido de las fuerzas
productivas científicas y tecnológicas, además del trabajo. Vale decir, de los medios con los cuales el trabajo se
realiza y con los cuales se desarrolla.
En efecto, en la medida en que el modo de producción progresa, de igual
manera lo hacen tanto los productos del
trabajo como las maneras de llevarlo a cabo. Y como resultado de dicho progreso,
tanto el trabajo como los medios de realizarlo van transformándose paulatinamente
dejando de ser “fuerzas manuales y
corporales”, para convertirse en fuerzas mentales y de conocimiento o
intelectuales (Marcuse).
5. Es entonces la
ciencia y la tecnología las reales fuerzas de cambio del modo de producción
actual a nivel global, a la cual en los tiempos que corren se subordinaría el capital con todos sus ritos
y relaciones sociales de producción, consumo y ocio. Y sobre todo, corrupción.
No es al revés como se suele interpretar.
De ahí que, como un Fausto maléfico, el desarrollo
científico-tecnológico cree nuevas necesidades y “adicciones”, y al mismo
tiempo una nueva manera de ver el mundo y el ser humano como parte del mundo
mismo.
La creciente tecnificación del ambiente social, por
ejemplo, en lugar de liberar creadoramente las fuerzas propiamente humanas, las
controla y aprisiona, a la vez que crea las creencias para avalar tal estado de
cosas, a fin de que tal control sea visto como bueno y deseable.
Marx diría que dicho modo de producción en lugar de
desalienar al ser humano termina por alienarlo aún más (“Manuscritos de 1844”).
6. Solo los
socialistas utópicos (Fourier) podrían sostener que la humanidad alcanzará un
estadio de desarrollo humano pleno, como
resultado de la puesta en práctica de las grandes ideas platónicas de Verdad,
Justicia y Libertad, sin tomar en consideración, de manera primordial, las fuerzas materiales –el modo de producción-
que las determinan; como por igual determinan las necesidades humanas,
todas originadas históricamente.
El criticar este tipo de interpretación “utópica” del
progreso social como ingenua, ilusoria o idealista; o el negar como posible un fin último ideal realizable sólo como
resultado de la voluntad humana individual o colectiva y con la ayuda de la
ciencia y la tecnología asistiendo la planificación social, el negar todo eso no significa el aceptar como válido el
determinismo socio-económico, o la concepción erróneamente marxista según la cual
la historia estaría dominada y controlada
por leyes económicas férreas, de las cuales
ninguna sociedad ha podido escapar.
7. Tal
determinismo de lo social sería cierto en última instancia (Althuser, Polantzas, Lukács), y no como resultado de un
progreso ciego de la realidad material, sea física o social. Un “causalismo determinista” de ese tipo podría
ser real a niveles muy bajos del desarrollo
de las fuerzas productivas (sociedades pre-capitalistas).
Aceptarlo no invalidaría
–sólo “falsaría”- la
interpretación humanista del marxismo (Ludovico Silva).
En realidad son precisamente los niveles más bajo de las
fuerzas productivas los que el socialismo científico buscaría controlar y transformar mediante la “praxis”
política-económica; es decir de manera
teórica y práctica.
Dicha trasformación
tendría como fin último la realización de todas las capacidades creadoras del ser
humano, y la consiguiente liberación del “cepo económico”
representado por las necesidades
materiales, haciéndose realidad lo que Marx denomino el “Reino de la Libertad”.
8. Por lo dicho, resulta grotesco negar el marxismo diciendo que
es una doctrina filosófica obsoleta, ya refutada por el "socialismo real", y
que por ello se ha de regresar a formas sociales ya superadas, como podría ser
la “democracia liberal republicana” con su “neo-liberalismo” consumista. Pero
por igual lo sería negar esas formas aparentemente
superadas de “democracia liberal”, afirmando la posibilidad de un socialismo
ilusorio “pro-ruso estalinista-castro-cubano”, que no llegaría a ser ni siquiera
utópico.
Tales son las posturas aparentemente contrapuestas en
esta “Jokerlandia Tricolor” (Vene-Cuba) entre los
“marxianos robolucionarios chavo-maduristas” –en funciones de gobierno-; y los “anti-marxistas reaccionarios
tricolores” –buscando ser gobierno- opositores fascistoides.
Por ser ambas posturas profundamente regresivas y radicalmente
engañosas, aunque digan que luchan por ideales diferentes están en realidad, sólo en apariencia, en pugna política e
ideológica; por ello representan idénticas fuerzas retrogradas y no de avance de nuestra
sociedad.
En resumidas cuentas, tanto el “chavismo madurista pro-cubano” como
la oposición “unitaria-reaccionaria pro-yanki” representan las dos caras de una misma
moneda: las de las fuerzas de regreso a lo ya superado muy burdamente por el
“chavecismo”: la democracia representativa, o de avance a un desastre
socialista ya superado en otras partes del globo terráqueo.
En tal ambiente de engaño ideológico y de manipulación
política mass-media´tica, llevado a cabo por oficialistas y opositores por igual, estamos inmersos quienes habitamos esta “Jokerlandia Tricolor”, está cada vez más atrasada “Vene-Cuba”.
¿El pueblo?: haciendo colas para compra papel higiénico y
toallas sanitarias.
¿Los dirigentes opositores?: o encarcelados, o haciendo turismo para buscar en otros lugares
ese apoyo que ese pueblo todavía
hambriento, jamás les ofrecerá de no cambiar de “filosofía sobre el ser humano y sus circunstancias
tricolores”.
lmp
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