google05f93621e7278f20.html PERPLEJISMOS Y SABERES FILOSÓFICOS: LOS "CIRCUITOS MORALES" Y SUS "CONEXIONES A TIERRA".

lunes, 27 de septiembre de 2021

LOS "CIRCUITOS MORALES" Y SUS "CONEXIONES A TIERRA".


I

El dolor y su manifestación como "duelo" es un sentimiento universal.  Quienes no sienten ni padecen por la pérdida de los seres queridos son unos  "monstruos".  Eso dicen quienes respetan y viven de los sentimientos, propios y ajenos,  y son buenos hermanos, hijos, esposos y, en general, buenos ciudadanos.  

Hay que sentir dolor por todos los padecimientos humanos, pues humanos somos.

Expresado así, de modo tan simple y simplista, el "sentir por otros" es una ley universal que no admite excepciones.  Tal "ley" transformada en "mandato" se debería aplicar en cualquier caso y circunstancia.  Es un "imperativo categórico" diría Kant.  Son  los  "ideales" éticos, dirían los representantes de las éticas "eudemonistas", con los cuales se busca un solo fin: ser feliz. Aristóteles lo consideraría una regla a ser llevada a la práctica por el ser humano "educado en la virtud".  

"Sé bueno en todo tiempo y lugar, no guardes rencor, no desees el mal ajeno, perdona".

Ese sería el mandamiento de Aristóteles  luego de haber combinado su  ética con   los consejos evangélicos, resultado de la transubstanciación, por efectos del "ágape" y la "caritas", del "ojo por ojo y diente por diente" judío.  

Lo dijo "El Judío Marginal" que era "El Cristo":  

"Ama a tu enemigo" y "ponle tu  otra mejilla".

Hasta aquí nada que cuestionar, reprochar o rechazar a esta "ética de la virtud, del bien y la justicia",  y sobre todo de la caridad y el perdón.  

Aceptando de este modo tan abstracto  el mandamiento del amor, aceptándolo  en su carácter   universal, sin bajar y tocar tierra, quedándose el hombre o la mujer éticos "planeando sobre la tierra”, sus almas serían puras y virginales como si fieran ángeles;  sus actuaciones ideales, y sus deseos e intenciones absolutamente buenas, bellas y justas.

II  

El  problema ético y sus repercusiones morales, sin embargo,  aparecen  cuando a tal "circuito valorativo ideal”  se le "manda un cable a tierra"; es decir, cuando se busca con tales mandatos universales  cumplir con las normas que debieran regir los comportamientos particulares de individuos encerrados y controlados por situaciones individuales, socio-políticas y culturales muy específicas.  Pongamos como  "ejemplos paradigmáticos" varios casos.

1. ¿Se debería poner la otra mejilla cuando el vejamen es repetitivo, planeado y muy placentero para quien lo aplica y practica en otros? ¿Se debería ponerla  frente a un criminal en serie, un pederasta o un pedófilo;  un abusador burocrático, un político corrupto, o un indigente indignado porque se le ha dado muy poco como limosna?  Construya usted su propio "circuito continuo valorativo" y pregúnteselo amigo lector: ¿sería valida la aplicación de este principio universal sean cuales sean las circunstancias particulares y los casos que lo "mandan a tierra"?

2. Cuando, ante una necesidad imperiosa, pongamos por caso, de comer para no fallecer, quien tiene hambre, no por el imperio de su placer desmedido, está ante una mesa repleta de manjares que están siendo engullidos por seres humanos que se los tragan por goce y no por necesidad,  y ese hambriento por necesidad no ataca ni le arrebata nada a quien así tan opíparamente se alimenta, ¿obraria bien o sólo correctamente? ¿O por el contrario, sin estarse muriendo de hambre, debiera alguien  aceptar como un intercambio por votos, la  dádiva o regalo de un gobierno corrompido y dictatorial que intenta ganarle a una oposición  falsa, con  votos amañados y con  unas elecciones igualmente falsas, y  así mantenerse en el poder, como ocurre en Venecuba hoy? ¿Qué diría Kant?

3. Cuando se vive en una sociedad donde todo es carencia y quien la padece, tendría la oportunidad de ayudar en una causa rebelde para tumbar el régimen oprobioso que causa tales niveles de males sociales, y para ello tendría que empuñar un arma, arriesgar su vida, y alinearse en una causa justa, ¿no debiera contradecir, a nivel terráqueo, el mandamiento "amar a todos los seres humanos como nos amaríamos a nosotros  mismos", y "poner la otra mejilla a quienes nos atacan”,  o "perdonar  al enemigo no importando la ofensa recibida".  ¿Tendría razón un Camilo Torres, por ejemplo?¿Qué diría Sócrates y su homólogo, Jesús "El  Cristo Liberador"?

4. Cuando viniendo de muy abajo, como resultado de  haber aceptado la ayuda de un gobierno corrupto y genocida, pero bueno manipulando el trueque “votos por  cajas CLAP  con   comida”, se logra crecer corriendo y haciendo gimnasia en condiciones muy precarias. Luego, ya crecida,  sin renunciar  al compromiso político chavista que es familiar, la  gimnasta se va  del país de origen, se entrena en otro país  muy  desarrollado, y como resultado, gana una Medalla de Oro en nombre de su país de origen, en unas Olimpiadas post-pandemia.  Esa ganadora, que no se sabe que sea del sexo femenino  pues "su genero" es otro,   regresa  a ese país hundido en la miseria y en una tragedia inocultable y le entrega la Medalla al Jefe de Estado Nicolas Maduro.

4.a) ¿Debería colgar la medalla de oro en el pecho del dictador?  

Y luego, creyéndose un modelo universal de comportamiento moral-social,  deja de nuevo ese país  y regresa a uno desarrollado a seguir entrenando para seguir teniendo éxitos. 

4.b) ¿Debería ser tenida como   un modelo de comportamiento ético y moral a quien otros, los más jóvenes, debieran imitar, aceptar y seguir? 

4.c) ¿No deberían, quienes yacen encerrados en ese país hecho  una "jaula populista dictatorial",  en esas circunstancia, reflexionar sobre los  principios éticos universales, convertidos en reglas de comportamiento moral,  suspendiendo sus loas sentimentales frente al "nudo éxito" de esa gimnasta "LGT +", a todas luces, castro-madurista?  

4.d) ¿No sería suficiente argumento para avalar lo anterior,  el afirmar  que no  sería correcto tal comportamiento pues esa gimnasta  ha subido en la escala social, y  ya no  padece las necesidades de una sobreviviente,  y  es, sobre todo, una líder a quienes muchos admiran y siguen por sus éxitos como deportista.   

Sólo con sus  "cables valorativos" universales, "mandados a tierra",  el "circuito ético-moral  idealista" se pondría  prueba; el circuito y sus componentes serían probados  en su buen funcionamiento, o en su malfuncionamiento y  su  "recalentamiento anormal".  Sucede ética y moralmente considerado, en estos casos,  lo que sucedería  con un padre o madre de familia, un pastor o sacerdote religiosos, o un líder político honesto. Entre tales modelos las diferencias serían  irrelevantes.

Sea quien sea el "actor",  el mandato es reflexionar sobre los principios universales  que rigen el comportamiento para  no actuar de modo automático o dejándose llevar sentimentalmente por las circunstancias.  ¿No consiste en eso el llamado "imperativo categórico de Kant?

III

El "sentir" es afección universal que se padece frente al dolor ajeno, humano o animal;  en  uno mismo, o en contra de uno mismo  y de  otros.  Sentir, como humano el dolor humano de los demás, al parecer, es igualmente universal  pero con una gran carga de aprendizajes que llamaríamos "educativos".  

El “sentir y padecer con otros" y "por otros"  es objeto de la denominada "educación moral" que comienzan en la temprana niñez y jamás terminará, o se prolonga por el resto de la vida.  En tal sentido un bebé de un mes y medio y un hombre viejo de "setenta tacos" han  de aprender y seguir aprendiendo, "educándose moralmente".

La "educación ética" tiene una doble cara: una pública y otra privada.  

Como decir que en nosotros habitan  dos personas  y no una sólamente;  podríamos llegar a afirmar  que a lo largo de la vida y sus aprendizajes educativos en el terreno "ético-moral",  en nosotros habitarían múltiples personas con sus respectivas personalidades.  Así, en nosotros podríamos albergar, lado a lado, a un Cristo y a un Judas; a la Madre teresa de Calcuta y a Hitler; a Chávez, Maduro y los Castro y todos los representantes del santoral católico-cristiano.  

Muchas personas y sus personalidades podrían habitar en nostros, haciéndole frente a regulaciones valorativas universales "mandadas a tierra" por un solo cable blanco: el representado por la llamada "conciencia ética".  Es la  "autoconciencia", esa que produce como resultado lo que llamamos "responsabilidad": la responsabilidad, sea pública o privada; colectiva o individual; histórica o, para los  creyentes en otro mundo, transcendental. 

Transcendental lo fue tal conciencia moral  para los tres filósofos del grabado;  especialmente trágica-religiosa para Don Miguel de Unamuno;  eminentemente práctica y política  para Sócrates,  y de modo ético formal universal para Kant. 

Estos tres pensadores estarían en total desacuerdo con una conducta puramente utilitaria, ajustada sólo a los limites terrenales de hechos convertidos en datos, y de goces y placeres nihilistas o que terminan con el fin de la vida  del cuerpo humano:  con su muerte. 

IV 

Les  dejo dos películas: 

1) https://www.netflix.com/title/81409238

2)   https://www.netflix.com/title/80224060

Más allá del aparente simplismo y banalidad de ambas realizaciones dirigidas al gran público,  (muy francesa la primera y muy gringa la segunda), cada una a su modo  presentan el  tema filosófico sobre las razones últimas de nuestro obrar  como  en una  "nutshell" filmico-narrativa.  

Como decir que quienes  produjeron  ambas películas mezclaron dos maneras de enfrentar el autoconocimiento socrático sin saber en donde termina  lo "normal" y  comienza lo patológico, en la primera película, la francesa.  Y en la segunda, preguntarse por el  sentido último de  la vida, o  si se vive para morir como muere el protagonista de este  segundo film, de un modo nihilista. 

¿Hay algo más allá de la muerte? ¿Tiene sentido el dolor humano? ¿Es real la amistad  de quien ayuda a otro a que le ponga termino a su vida?  

La primera película, con  su  final inesperado, más parece una parodia esquizofrénica de una vida vivida por puro deseo de goce y amor desmedido a sí mismo, el cual  termina en un reciclaje eterno de lo mismo.  

La segunda película es una especie de "Apología de Sócrates" vivida en una Norteamérica crudamente nihilista.  Quien muere huyéndole al terror que le produce el sufrimiento y la muerte es el remedo de Sócrates, pero de uno que se aleja de la vida para quedar como un  condenado a repretir  "ad nauseam" el script al cual, muy voluntariamente, le acaba de poner un "End".

Bon apetite!


Lmp.20.09.2021


 


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