google05f93621e7278f20.html PERPLEJISMOS Y SABERES FILOSÓFICOS: VENE-CUBA, CIUDAD CELESTE Y “ROBOLUCIONARIA”.

domingo, 5 de abril de 2015

VENE-CUBA, CIUDAD CELESTE Y “ROBOLUCIONARIA”.






A la memoria de la Santa de Ávila,  Teresa Sánchez de Cepeda Dávila y Ahumada.

I

1.  No ha existido, ni dejará de haber una sociedad en la cual sus miembros busquen “ser-más”,  en la escala biológica; o deseen vitalmente cumplir las leyes de la evolución.  En  sí mismos y en sus congéneres.
Dejamos de lado, por supuesto, casos de extrañas patologías o de engaños ideológicos manifiestos.  Quitarse la vida por mano propia, por ejemplo, como ya lo dijo Camus, es el problema filosófico principal siempre presente. Y es que eso ha sido así ayer y hoy;  y lo será mañana igualmente.
Mientras tanto, la vida llama la vida, como diría John Dewey.
Entonces, de manera inexorable se habrán   de cumplir las leyes de la evolución biológica;  a pesar de la oposición colectiva o individual que a ellas les ofrezca resistencia.  De ahí que,  por  mucho que avance la ciencia y la tecnología,  no nos nacerán  naturalmente, ni alas para volar, ni aletas para nadar. Sólo mediante invención tecno-científica sería tal cosa  posible.
Lo dicho parece que es una verdad incontrovertible, que da al traste con tanto idealismo y fantasía literaria o religiosa que intentan, sólo en la imaginación, contradecir lo legal-causal,  para reafirmar, lo final-transcendental e imaginativo.
¿O es que no han existido siempre, “objetivamente” o “en-si”, leyes  que regulan el nadar  de los peces o el volar de las aves?
Una cosas es lo “en-sí”,  y otra muy diferente lo “para-si”.  
“En-sí” los peces  no hacen sino nadar; “para sí”, sólo nadan hoy para  quien interpreta su nado,  o es consciente de lo que realizan como seres vivos inmersos en un medio acuático, usando los resultados de las diversas ciencias y tecnologías marinas o acuáticas.
De nuevo el viejo Kant tuvo razón al recordarnos que una cosa son cien monedas pensadas,  y otra bien diferente cien en el bolsillo.  Lo pensado: “para-si”,  o subjetivamente. Lo “en-el-bolsillo”, “para-sí”,  u objetivamente.
El “para-sí” actual de tales leyes “objetivas” es diferente al “para-sí” de hace quinientos años, cuando las leyes divinas dominaban el mundo “para sí” u objetivamente; pero no como ahora lo creemos, sino de acuerdo a las tradiciones establecidas entonces, como “en-sí”,  siendo  válidas y verdaderas.
2.  En ese  mundo de la “ciudad medieval celeste” existieron, como hoy cabe  suponer, santos, genios y héroes;  es decir, seres humanos dominados por tres tipos análogos de virtud ética:  el deseo de perfección absoluta,  o la búsqueda de lo divino;  la valentía y la búsqueda del heroísmo terrenal;  y  el ansia  de  verdad como valor supremo.
Santos los hubo en gran cantidad  durante la Edad Media. Pero genios,  muy pocos,  visto el fenómeno retrospectivamente desde  el progreso actual del conocimiento científico y tecnológico.
Y héroes, en tanta o mayor cantidad que los santos.
En efecto, de caballeros andantes estuvo poblado el mundo medieval, o de héroes arriesgando sus pellejos por defender  sus creencias y salvar de las “fuerzas del mal” al “Bien Supremo”, sus cortes terrenales, y su fe,  escrita y trasmitida como la tradición religiosa establecida para entonces.
3. En esa sociedad medieval abundaron los caballeros andantes, tanto o más que los místicos y  las  santas y santos reformadores de sus órdenes religiosas. Y de la Iglesia en general.  Tanto fue su número que su ideal se impuso, y hasta adquirió vida literaria en manos de un Cervantes o de una Teresa de Ávila. 
De los caballeros se encargó el “Don Quijote”, y de los místicos dio cuenta lo expresado poéticamente por la santa carmelita.  
Pero hoy  una cosa nos  parece cierta:   los santos no abundaron tanto como los guerreros montados a caballo.
Unos pocos destacaron, pero esos pocos brillaron como soles.  Soles con luz propia debemos decir, contradiciendo la tradición histórico-religiosa y teológica que les niega tal autonomía luminica.
En efecto, quienes los evaluaron,  cabe suponer, -por haberlos examinado a fin de elevarlos a los altares-, tuvieron que sentirse superiores a ellos, o tan santos como ellos. Si no, ¿cómo les hubieran conferido títulos  de santos y, además, en algunos casos y por  añadidura, de doctores como lo hicieron con  la  Santa de Ávila? 
Santos, al parecer,  los hay sólo después de muertos.
Y santos de  “toga y birrete”,  sólo en vida y  coleando,  y sólo en las  más altas esferas de la Santa Madre Iglesia, “Católica, Apostólica y Romana-Vaticana”.

II

4.  Fueron entonces los jerarcas eclesiásticos quienes reconocieron a tales seres humanos, que todavía llamamos “santos”, el ser portadores y hacedores en grado superlativo de las virtudes cristianas, las cuales imprimieron en sus naturalezas caídas, como las de todos los demás mortales-, el sello divino haciéndolas especiales; es decir, “santas”.  
Se creía entonces que si el santo era un ser capaz de soportar el dolor, la injusticia, la maldad humana –al parecer ilimitada-,  eso lo podía hacer como resultado de haber aceptado y puesto en práctica las “verdades de fe” que se las habían enseñado de chiquitos, y que ellos tan diligentemente y tan dócilmente, de adultos, habían aceptado para vencer el mal en ellos cohabitando conflictivamente con el bien.
“Docilidad” artificial y artificiosa en muchos caos, pues lo torcido y retorcido de la naturaleza humana caída por efectos del pecado o el mal moral y teológico,  así lo hacía necesario.
De ahí la necesidad de la ascesis en el ascenso místico a lo absoluto-divino.
5.  En ese mundo cristiano medieval, si el santo era un genio, fuese en el campo de la filosofía, de las artes o de la “ciencia” –hasta donde ésta era posible en esa época- todo ello lo era por “préstamo divino”; por imitación, o por reflejo;  o por ser “hijos de Dios” o “criaturas de Dios”.  Es decir, “pordioseros”.  
Dios entendido como la cúspide de todo lo creado y como hacedor del mundo entero entonces  conocido:  plano, con límites abajo y arriba; con número de bestias y de hombres ya contados y limitados. Y con un  número de estrellas fijas, pegadas en el cielo,  igualmente limitado.
“Limitado” todo lo creado para la mente divina, ilimitada e infinita; omnisciente y omnipotente. 

III

6.  El mundo medieval era un mundo que, como diría el fundador del “socialismo científico” –usemos esa expresión  metafóricamente-, se tendría que interpretar como una imagen que aparece invertida en la retina, o en “cámara oscura”.  Tal y  como se reflejaría en el espacio interno y oscuro de esas viejas máquinas fotográficas, muy rudimentarias, que debió conocer el barbudo intelectual alemán, y que hoy en nada se parecen a las actuales electrónicamente  conformadas.   Y fabricadas en la China “socialista-capitalista” (sic).
Un mundo invertido con respecto al nuestro;  un mundo al revés con respecto al mundo contemporáneo,  podríamos decir que era el mundo medieval.  Y la imagen pareciera ser válida.
En realidad,  sólo en apariencia.
Invertidas se nos aparecen  hoy   las interpretaciones de entonces con respecto a las causa de las enfermedades,  por ejemplo, y la de los  males sociales como la pobreza y la injusticia.  Pero tal inversión sería válidamente interpretada teniendo  como telón de fondo el avance tecno-científico,  y no nuestro  retroceso político económico ven-cubano.
En muchos sentidos, hoy son tan pobres la mayoría,  como lo fueron hace quinientos años.
Pero, para esa época, se nos diría,  otros eran los “imaginarios” culturales que daban cuenta de los males humanos y naturales.  En aquel mundo “invertido y al revés”, existían espíritus buenos y malos conviviendo en  cuerpos visibles terrenales.  En realidad, tanto los cuerpos como los espíritus eran para todos los habitantes de la “ciudad de Dios” medieval, visibles. Todos, para ese entonces,  veían ángeles volando,  y demonios planeando sobre sus cabezas;  y en todo veían los rastros o trazos dejados como bosquejos por ese dibujante perfecto que era Dios mismo.

IV

7.  Leyendo lo escrito hasta ahora, algún lector, dándoselas de “asomado filosófico”, podría exclamar:
-¡Hace tanto tiempo que ocurrió tal cosa!  …¡Menos mal que el mundo cambió radicalmente para bien, y hoy vivimos en otra realidad!
Y sentándose, como para recuperarse de un gran susto,  exclamaría:
-¡Uf... nos salvamos  como especie biológica... Y fue así por efectos de la aparición de la ciencia y la tecnología modernas y contemporáneas!
Así podrían algunos lectores de estas líneas reaccionar.
Vale decir,  como “animales racionales”, bípedos implumes. O muy aristotélicamente.
Y pensando de esa manera se creerían miembros privilegiados de ese mundo actual, tan desarrollado científicamente;  no de aquel de hace quinientos años, y ni siquiera del que tenía en su cabeza Cervantes cuando escribió “El Quijote”,  o Santa Teresa de Jesús, cuando redactó sus “Moradas”. 
-Ni por asomo –les añadiríamos  nosotros, aceptándoles su punto de vista-,  nos parecemos a los habitantes reales de esas “ciudades divinas medievales”.
-Desde luego, con sus debidas excepciones, lo dejaríamos bien  claro.
¿“Debidas excepciones”?
Sí, pues muchos de tales privilegiados lo son como la excepción de una regla o ley casi universal, operando como hace quinientos años: que unos son dueños y señores, y otros, los más, son por necesidad de la naturaleza y sus circunstancias sociales, políticas y económicas, siervos, cuando no esclavos.

V

8.  “Excepciones” son los  un santos, los genios o los héroes, en esta Vene-Cuba medieval que habitamos.  No lo son en  el mundo de Obama, ese a quien nuestro “Monarca Medieval Criollo”, le entregará las firmas recolectadas  en los burgos socialistas, aún poblados por “siervos de la gleba”, viviendo hoy como hace quinientos años: sin toallas sanitarias, papel higiénico, champú, desodorante, “et al.” (sic)
Excepciones son hoy en este país colonizado por los “héroes cubanos”, los santos medievales o las santas, como lo fue esa bipolar llamada  Teresa de Ávila,  quien arriesgó su bienestar terrenal por motivos –aparentemente- religiosos, para salvar a la Santa Madre Iglesia,  de la que se sentía ser una  hija privilegiada; de ahí que buscara reformar la orden religiosa   a la cual perteneció.  
Santa Teresa buscó, entonces, salvar a una Iglesia tan perversa y pervertida como la de hoy;  y lo hizo contando con una precaria salud;  con muy poca educación formal;  con severas afecciones  del cuerpo y de la mente, todo lo cual resultaría ser  análogo a lo que muchos hoy padecen, y no por ello, -viviendo en  circunstancias socio-económicas similares a las de la Santa de Ávila-, son como ella, santos.  Ni por asomo.
Tales afecciones, sin embargo, en un mundo desarrollado –como el de Obama, se sobreentiende- en lugar de arrestar deseos de cambio –auténticamente revolucionarios-,  los repotenciaría. Igual que ocurrió con la santa  española.
Aquí, sin embargo, domina y atrae el bienestar, el confort, la buena vida moderna “para-sí” –no la medieval-,  aunque “en-si” se viva como hace quinientos años. 
¿O es que “para-sí” ese ser humano vene-cubano  que emerge de un barrio,  y se monta en una moto, como miembro de un colectivo, al sacar de su bolsillo un  celular “última generación”,  no cree que “en-si” está dominando la ciencia y la tecnología, y se está comunicando a través del último grito de la moda tecnológica con sus “correligionarios”,  para apurar el “parto de la historia revolucionaria”,  ayudándose de un  “forcep-vomita-fuego”  ?
¿O cuando su contrario, algún opositor,  se sienta en un “cyber” a abrir su página de Face”,  o a navegar para  replicar “oraciones” en cadena para ablandar el poder divino, no cree “para-sí”, que con ello está ayudando a que sobrevenga el cambio social democrático tan apetecido para viajar al imperio?
“Para-si”, él o ella, creen  dominar el “en-sí”.  Sean “robolucionarios” o “fascistoides opositores”.
Pero la “realidad-real”  es otra.
“En-si”, u objetivamente, ambos representantes de esta Vene-Cuba medieval  viven “casi” –si “casi”-  que dentro del mundo de Obama. En efecto,  “casi”, “para-sí”, aunque crea lo contario –como en “cámara oscura”-, vive  actualmente, cualquier motorizado pro-chavista y pro-cubano. “En-sí”, sin embargo,  su mundo es  medieval.  “Para-sí”, es muy  moderno.  
En realidad, no obstante, pura realidad invertida y convertida en imagen falsa de lo que existe aquí y ahora en Vene-Cuba,  y más allá de tal “burgo sucialista”.
Y en ese mundo en “cámara oscura”  viven y conviven –hombro con hombro- tanto  quienes pertenecen al  “pueblo llano” y son “los siervos de la gleba sucialista”, como sus caudillos, o señores medievales, sean políticos o religiosos.

VI

9. Todo ello es cierto, con sus debidas excepciones por supuesto.
Aquí, en Vene-Cuba, como en cualquier otro paisito de América Latina, si un jerarca tiene afecciones de salud, -digamos un cáncer de próstata, la aorta bloqueada,   o un tumor cerebral-,  no las “manejará” como lo hubiera hecho la Santa de Ávila.  No llamaría al barbero para que lo sangrara y le extrajera de  su cuerpo los espíritus malignos que en él  pudieran habitar. No invocaría tampoco  en tales circunstancias, a las fuerzas celestiales para sanarse y  así llevar a cabo una obra de reforma eclesiástica,  hoy  tan imposible como innecesaria.
Nuestros jerarcas religiosos, por muy ataviados que estén de ropajes medievales –sean físicos o mentales-,  jamás  se irían a Cuba a buscar la cura  de un cáncer  –como lo hizo tan “pendejamente” ese caudillo medieval  que nos abandonó como un padre celestial irresponsable,  hace  ya  un par de añitos-,  o a para ser intervenido quirúrgicamente en su cerebro por causa de un “tumor ideológico”, digo cerebral.
Mucho menos se iría a que lo examinaran aquí mismo, los médicos misioneros cubanos, tan “santos medievales” ellos;  por muy profesores de medicina que fueran. Y mucho menos irían a ponerse en las manos de uno de sus alumnos, con todo y que  ya hubiesen  recibido el título de “Dotol” en medicina interna cubana.  No.
Harían inmediatamente sus maletas para viajar al Imperio,   raspando para ello  sus tarjetas electrónicas,  y aplicando  “legalmente” para obtener sus dólares preferenciales. 
Se meterían así en  un  “trompito del tiempo”  personal e institucional, para viajar de este mundo “sublunar y plano venecubano”,  -es decir, medieval- al  mundo dando birondas mágicas en el universo capitalista del tan odiado o amado  Obama, con todo y  su imperial amenaza. 
Harían sus  maletas para viajar en el espacio-tiempo moderno,  e irse al mundo mágico  USAmericano, tan anhelado por los opositores anti-régimen comunista;  o tan denigrado por sus enemigos pro-cubanos revolucionarios. Buscarían irse a curar sus dolencias muy religiosamente, en ese mundo tan admirado en secreto, tanto por  oficialistas  como por  opositores tanto por  malos como  buenos ciudadanos;  por  negros como por  blancos, o de color “café con leche”;  por   ricos y  pobres, demócratas  o “comunistoides venecubanos”.
Todos los jerarcas, sin excepción alguna, fuesen políticos o eclesiásticos, de sentirse malitos, estarían prestos a dejar este mundo medieval, tan parecido al de Santa Teresa de Jesús, y viajar en un “Airbus”  venciendo su miedo a volar,  quizás, como confiesa que lo  hace ese mentor de Dudamel,  el  “genial administrador de orquestas”, el ancianito Abreu, rezando el Santo Rosario para calmar sus nervios.
10.  Hoy son la excepción a la regla,  los santos, los héroes y los genios que habitan esta Vene-Cuba pro castrista.  Aquí en esta ciudad medieval, divinamente chavecista  y revolucionaria pro-castrista,  todavía  los cuerpos terrenales nuestros conviven y cohabitan con espíritus, fantasmas y demonios, invocados y manejados por sacerdotes,  brujos y, por supuesto, políticos “salvadores de la patria”.   Y ello sucede  como resultadito de la magia que parecen  dominar estos revolucionarios iluminados por las luces provenientes de la isla de la felicidad, en donde aún brilla un Dios, aun  barbudo y que es, “para-sí”,   inmortal.
Aquí, todavía dominan los espíritus caballerescos medievales;   en especial esos salidos del mundo privado de ese “chiflado de la Mancha”. Pero,  quienes creen todavía en la mejoría de un cáncer haciendo sangrar al paciente, a diferencia de ese caballero andante desquiciado,  siendo “para-sí” los únicos cuerdos,  quieren convertirnos a todos- “en-sí”-, en creyentes de su causa.
Ellos, como caballeros  andantes redivivos, se creen reformadores sociales y religiosos, o los representantes iluminados de una nueva mística: de  la religión “chavista-castrista-madurista”, creyéndose la excepción en  la aplicación de una ley universal, hoy  más  vigente que ayer:  la ley de la oferta y la demanda, la que controla el mercado y la acumulación del capital. Sobre todo en paraísos fiscales como Andorra.
Haciéndonos creer que aun las brujas vuelan y los demonios imperialistas conviven con nosotros, ellos sí que  han dejado de creer en lo que creían los habitantes de la ciudad celeste medieval, y  tienen ya preparadas sus maletas para  viajar en su trompo privado del tiempo al imperio tan amado y tan odiado. El de Obama por supuesto. Y, desde luego, si ese “hombre afro-americano”, casi paisano  nuestro, muy “oreo” él, acepta las firmas que nuestro Monarca Criollo le llevara pronto, para que deje de hostigar a esos siete caballeros mercantiles y boliburgueses, tan heróicos,  habitando ya en las  entrañas de ese monstruo tan feroz.
Claro, si las cosas medievales venecubanas cambian para modernas;  y si los opositores les han dejado un lugarcito en ese lugar mágico llamado USAmérica.

lmp

(Continuará, se los aseguro...)

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