A la memoria de
la Santa de Ávila, Teresa
Sánchez de Cepeda Dávila y Ahumada.
I
1. No ha existido, ni dejará de haber una
sociedad en la cual sus miembros busquen “ser-más”, en la escala biológica; o deseen vitalmente
cumplir las leyes de la evolución. En sí mismos y en sus congéneres.
Dejamos de lado,
por supuesto, casos de extrañas patologías o de engaños ideológicos manifiestos. Quitarse la vida por mano propia, por
ejemplo, como ya lo dijo Camus, es el problema filosófico principal siempre
presente. Y es que eso ha sido así ayer y hoy; y lo será mañana igualmente.
Mientras tanto,
la vida llama la vida, como diría John Dewey.
Entonces, de
manera inexorable se habrán de cumplir
las leyes de la evolución biológica; a
pesar de la oposición colectiva o individual que a ellas les ofrezca resistencia.
De ahí que, por mucho que avance la ciencia y la tecnología, no nos nacerán naturalmente, ni alas para volar, ni aletas para
nadar. Sólo mediante invención tecno-científica sería tal cosa posible.
Lo dicho parece
que es una verdad incontrovertible, que da al traste con tanto idealismo y fantasía
literaria o religiosa que intentan, sólo en la imaginación, contradecir lo legal-causal,
para reafirmar, lo final-transcendental
e imaginativo.
¿O es que no han existido
siempre, “objetivamente” o “en-si”, leyes
que regulan el nadar de los peces
o el volar de las aves?
Una cosas es lo “en-sí”,
y otra muy diferente lo “para-si”.
“En-sí” los peces
no hacen sino nadar; “para sí”, sólo
nadan hoy para quien interpreta su nado,
o es consciente de lo que realizan como seres
vivos inmersos en un medio acuático, usando los resultados de las diversas
ciencias y tecnologías marinas o acuáticas.
De nuevo el viejo
Kant tuvo razón al recordarnos que una cosa son cien monedas pensadas, y otra bien diferente cien en el
bolsillo. Lo pensado: “para-si”, o subjetivamente. Lo “en-el-bolsillo”,
“para-sí”, u objetivamente.
El “para-sí”
actual de tales leyes “objetivas” es diferente al “para-sí” de hace quinientos
años, cuando las leyes divinas dominaban el mundo “para sí” u objetivamente;
pero no como ahora lo creemos, sino de acuerdo a las tradiciones establecidas entonces,
como “en-sí”, siendo válidas y verdaderas.
2. En ese mundo de la “ciudad medieval celeste”
existieron, como hoy cabe suponer,
santos, genios y héroes; es decir, seres
humanos dominados por tres tipos análogos de virtud ética: el deseo de perfección absoluta, o la búsqueda de lo divino; la valentía y la búsqueda del heroísmo
terrenal; y el ansia de verdad como valor supremo.
Santos los hubo
en gran cantidad durante la Edad Media.
Pero genios, muy pocos, visto el fenómeno retrospectivamente desde el progreso actual del conocimiento científico
y tecnológico.
Y héroes, en
tanta o mayor cantidad que los santos.
En efecto, de
caballeros andantes estuvo poblado el mundo medieval, o de héroes arriesgando
sus pellejos por defender sus creencias
y salvar de las “fuerzas del mal” al “Bien Supremo”, sus cortes terrenales, y su
fe, escrita y trasmitida como la
tradición religiosa establecida para entonces.
3. En esa
sociedad medieval abundaron los caballeros andantes, tanto o más que los
místicos y las santas y santos reformadores de sus órdenes
religiosas. Y de la Iglesia en general.
Tanto fue su número que su ideal se impuso, y hasta adquirió vida literaria
en manos de un Cervantes o de una Teresa de Ávila.
De los caballeros
se encargó el “Don Quijote”, y de los místicos dio cuenta lo expresado
poéticamente por la santa carmelita.
Pero hoy una cosa nos parece cierta: los santos
no abundaron tanto como los guerreros montados a caballo.
Unos pocos
destacaron, pero esos pocos brillaron como soles. Soles con luz propia debemos decir,
contradiciendo la tradición histórico-religiosa y teológica que les niega tal
autonomía luminica.
En efecto, quienes
los evaluaron, cabe suponer, -por haberlos
examinado a fin de elevarlos a los altares-, tuvieron que sentirse superiores a
ellos, o tan santos como ellos. Si no, ¿cómo les hubieran conferido títulos de santos y, además, en algunos casos y por añadidura, de doctores como lo hicieron con la Santa de Ávila?
Santos, al
parecer, los hay sólo después de
muertos.
Y santos de “toga y birrete”, sólo en vida y coleando, y sólo en las más altas esferas de la Santa Madre Iglesia, “Católica,
Apostólica y Romana-Vaticana”.
II
4. Fueron entonces los jerarcas eclesiásticos quienes
reconocieron a tales seres humanos, que todavía llamamos “santos”, el ser portadores
y hacedores en grado superlativo de las virtudes cristianas, las cuales
imprimieron en sus naturalezas caídas, como las de todos los demás mortales-,
el sello divino haciéndolas especiales; es decir, “santas”.
Se creía entonces
que si el santo era un ser capaz de soportar el dolor, la injusticia, la maldad
humana –al parecer ilimitada-, eso lo
podía hacer como resultado de haber aceptado y puesto en práctica las “verdades
de fe” que se las habían enseñado de chiquitos, y que ellos tan diligentemente y
tan dócilmente, de adultos, habían aceptado para vencer el mal en ellos cohabitando
conflictivamente con el bien.
“Docilidad”
artificial y artificiosa en muchos caos, pues lo torcido y retorcido de la naturaleza
humana caída por efectos del pecado o el mal moral y teológico, así lo hacía necesario.
De ahí la necesidad
de la ascesis en el ascenso místico a lo absoluto-divino.
5. En ese mundo cristiano medieval, si el santo
era un genio, fuese en el campo de la filosofía, de las artes o de la “ciencia”
–hasta donde ésta era posible en esa época- todo ello lo era por “préstamo
divino”; por imitación, o por reflejo; o
por ser “hijos de Dios” o “criaturas de Dios”. Es decir, “pordioseros”.
Dios entendido como
la cúspide de todo lo creado y como hacedor del mundo entero entonces conocido: plano, con límites abajo y arriba; con número
de bestias y de hombres ya contados y limitados. Y con un número de estrellas fijas, pegadas en el
cielo, igualmente limitado.
“Limitado” todo
lo creado para la mente divina, ilimitada e infinita; omnisciente y
omnipotente.
III
6. El mundo medieval era un mundo que, como
diría el fundador del “socialismo científico” –usemos esa expresión metafóricamente-, se tendría que interpretar
como una imagen que aparece invertida en la retina, o en “cámara oscura”. Tal y
como se reflejaría en el espacio interno y oscuro de esas viejas máquinas
fotográficas, muy rudimentarias, que debió conocer el barbudo intelectual alemán,
y que hoy en nada se parecen a las actuales electrónicamente conformadas.
Y fabricadas en la China “socialista-capitalista”
(sic).
Un mundo
invertido con respecto al nuestro; un
mundo al revés con respecto al mundo contemporáneo, podríamos decir que era el mundo medieval. Y la imagen pareciera ser válida.
En realidad, sólo en apariencia.
Invertidas se nos
aparecen hoy las interpretaciones
de entonces con respecto a las causa de las enfermedades, por ejemplo, y la de los males sociales como la pobreza y la
injusticia. Pero tal inversión sería válidamente
interpretada teniendo como telón de
fondo el avance tecno-científico, y no nuestro
retroceso político económico ven-cubano.
En muchos sentidos,
hoy son tan pobres la mayoría, como lo
fueron hace quinientos años.
Pero, para esa
época, se nos diría, otros eran los “imaginarios”
culturales que daban cuenta de los males humanos y naturales. En aquel mundo “invertido y al revés”,
existían espíritus buenos y malos conviviendo en cuerpos visibles terrenales. En realidad, tanto los cuerpos como los
espíritus eran para todos los habitantes de la “ciudad de Dios” medieval,
visibles. Todos, para ese entonces, veían ángeles volando, y demonios planeando sobre sus cabezas; y en todo veían los rastros o trazos dejados
como bosquejos por ese dibujante perfecto que era Dios mismo.
IV
7. Leyendo lo escrito hasta ahora, algún lector,
dándoselas de “asomado filosófico”, podría exclamar:
-¡Hace tanto
tiempo que ocurrió tal cosa! …¡Menos mal
que el mundo cambió radicalmente para bien, y hoy vivimos en otra realidad!
Y sentándose,
como para recuperarse de un gran susto, exclamaría:
-¡Uf... nos
salvamos como especie biológica... Y fue
así por efectos de la aparición de la ciencia y la tecnología modernas y contemporáneas!
Así podrían
algunos lectores de estas líneas reaccionar.
Vale decir, como “animales racionales”, bípedos implumes. O
muy aristotélicamente.
Y pensando de esa
manera se creerían miembros privilegiados de ese mundo actual, tan desarrollado
científicamente; no de aquel de hace
quinientos años, y ni siquiera del que tenía en su cabeza Cervantes cuando
escribió “El Quijote”, o Santa Teresa de
Jesús, cuando redactó sus “Moradas”.
-Ni por asomo –les
añadiríamos nosotros, aceptándoles su punto
de vista-, nos parecemos a los habitantes
reales de esas “ciudades divinas medievales”.
-Desde luego, con
sus debidas excepciones, lo dejaríamos bien claro.
¿“Debidas excepciones”?
Sí, pues muchos
de tales privilegiados lo son como la excepción de una regla o ley casi
universal, operando como hace quinientos años: que unos son dueños y señores, y
otros, los más, son por necesidad de la naturaleza y sus circunstancias
sociales, políticas y económicas, siervos, cuando no esclavos.
V
8. “Excepciones” son los un santos, los genios o los héroes, en esta Vene-Cuba
medieval que habitamos. No lo son en el mundo de Obama, ese a quien nuestro
“Monarca Medieval Criollo”, le entregará las firmas recolectadas en los burgos socialistas, aún poblados por “siervos
de la gleba”, viviendo hoy como hace quinientos años: sin toallas sanitarias,
papel higiénico, champú, desodorante, “et al.” (sic)
Excepciones son
hoy en este país colonizado por los “héroes cubanos”, los santos medievales o las
santas, como lo fue esa bipolar llamada Teresa
de Ávila, quien arriesgó su bienestar
terrenal por motivos –aparentemente- religiosos, para salvar a la Santa Madre Iglesia,
de la que se sentía ser una hija privilegiada; de ahí que buscara reformar
la orden religiosa a la cual perteneció.
Santa Teresa buscó,
entonces, salvar a una Iglesia tan perversa y pervertida como la de hoy; y lo hizo contando con una precaria
salud; con muy poca educación formal; con severas afecciones del cuerpo y de la mente, todo lo cual
resultaría ser análogo a lo que muchos
hoy padecen, y no por ello, -viviendo en circunstancias socio-económicas similares a
las de la Santa de Ávila-, son como ella, santos. Ni por asomo.
Tales afecciones,
sin embargo, en un mundo desarrollado –como el de Obama, se sobreentiende- en lugar
de arrestar deseos de cambio –auténticamente revolucionarios-, los repotenciaría. Igual que ocurrió con la santa española.
Aquí, sin embargo,
domina y atrae el bienestar, el confort, la buena vida moderna “para-sí” –no la
medieval-, aunque “en-si” se viva como hace
quinientos años.
¿O es que “para-sí”
ese ser humano vene-cubano que emerge de
un barrio, y se monta en una moto, como
miembro de un colectivo, al sacar de su bolsillo un celular “última generación”, no cree que “en-si” está dominando la ciencia
y la tecnología, y se está comunicando a través del último grito de la moda tecnológica
con sus “correligionarios”, para apurar
el “parto de la historia revolucionaria”, ayudándose de un “forcep-vomita-fuego” ?
¿O cuando su contrario,
algún opositor, se sienta en un “cyber”
a abrir su página de Face”, o a navegar para
replicar “oraciones” en cadena para ablandar
el poder divino, no cree “para-sí”, que con ello está ayudando a que sobrevenga
el cambio social democrático tan apetecido para viajar al imperio?
“Para-si”, él o
ella, creen dominar el “en-sí”. Sean “robolucionarios” o “fascistoides
opositores”.
Pero la “realidad-real”
es otra.
“En-si”, u
objetivamente, ambos representantes de esta Vene-Cuba medieval viven “casi” –si “casi”- que dentro del mundo de Obama. En efecto, “casi”, “para-sí”, aunque crea lo contario –como
en “cámara oscura”-, vive actualmente, cualquier
motorizado pro-chavista y pro-cubano. “En-sí”, sin embargo, su mundo es medieval. “Para-sí”, es muy moderno.
En realidad, no
obstante, pura realidad invertida y convertida en imagen falsa de lo que existe
aquí y ahora en Vene-Cuba, y más allá de
tal “burgo sucialista”.
Y en ese mundo en
“cámara oscura” viven y conviven –hombro
con hombro- tanto quienes pertenecen al “pueblo llano” y son “los siervos de la gleba
sucialista”, como sus caudillos, o señores medievales, sean políticos o religiosos.
VI
9. Todo ello es
cierto, con sus debidas excepciones por supuesto.
Aquí, en Vene-Cuba,
como en cualquier otro paisito de América Latina, si un jerarca tiene
afecciones de salud, -digamos un cáncer de próstata, la aorta bloqueada, o un
tumor cerebral-, no las “manejará” como
lo hubiera hecho la Santa de Ávila. No llamaría
al barbero para que lo sangrara y le extrajera de su cuerpo los espíritus malignos que en él pudieran habitar. No invocaría tampoco en tales circunstancias, a las fuerzas celestiales
para sanarse y así llevar a cabo una
obra de reforma eclesiástica, hoy tan imposible como innecesaria.
Nuestros jerarcas
religiosos, por muy ataviados que estén de ropajes medievales –sean físicos o mentales-,
jamás
se irían a Cuba a buscar la cura de un cáncer –como lo hizo tan “pendejamente” ese caudillo medieval
que nos abandonó como un padre celestial
irresponsable, hace ya un
par de añitos-, o a para ser intervenido
quirúrgicamente en su cerebro por causa de un “tumor ideológico”, digo
cerebral.
Mucho menos se iría
a que lo examinaran aquí mismo, los médicos misioneros cubanos, tan “santos
medievales” ellos; por muy profesores de
medicina que fueran. Y mucho menos irían a ponerse en las manos de uno de sus
alumnos, con todo y que ya hubiesen recibido el título de “Dotol” en medicina interna
cubana. No.
Harían inmediatamente
sus maletas para viajar al Imperio, raspando
para ello sus tarjetas electrónicas, y aplicando “legalmente” para obtener sus dólares preferenciales.
Se meterían así
en un “trompito del tiempo” personal e institucional, para viajar de este
mundo “sublunar y plano venecubano”, -es
decir, medieval- al mundo dando birondas
mágicas en el universo capitalista del tan odiado o amado Obama, con todo y su imperial amenaza.
Harían sus maletas para viajar en el espacio-tiempo
moderno, e irse al mundo mágico USAmericano, tan anhelado por los opositores
anti-régimen comunista; o tan denigrado
por sus enemigos pro-cubanos revolucionarios. Buscarían irse a curar sus dolencias
muy religiosamente, en ese mundo tan admirado en secreto, tanto por oficialistas
como por opositores tanto por malos como buenos ciudadanos; por negros como por blancos, o de color “café con leche”; por
ricos y pobres, demócratas o “comunistoides venecubanos”.
Todos los
jerarcas, sin excepción alguna, fuesen políticos o eclesiásticos, de sentirse
malitos, estarían prestos a dejar este mundo medieval, tan parecido al de Santa
Teresa de Jesús, y viajar en un “Airbus” venciendo su miedo a volar, quizás, como confiesa que lo hace ese mentor de Dudamel, el “genial
administrador de orquestas”, el ancianito Abreu, rezando el Santo Rosario para calmar
sus nervios.
10. Hoy son la excepción a la regla, los santos, los héroes y los genios que
habitan esta Vene-Cuba pro castrista.
Aquí en esta ciudad medieval, divinamente chavecista y revolucionaria pro-castrista, todavía
los cuerpos terrenales nuestros conviven y cohabitan con espíritus, fantasmas
y demonios, invocados y manejados por sacerdotes, brujos y, por supuesto, políticos “salvadores
de la patria”. Y ello sucede
como resultadito de la magia que parecen dominar estos revolucionarios iluminados por las
luces provenientes de la isla de la felicidad, en donde aún brilla un Dios, aun
barbudo y que es, “para-sí”, inmortal.
Aquí, todavía
dominan los espíritus caballerescos medievales;
en especial esos salidos del
mundo privado de ese “chiflado de la Mancha”. Pero, quienes creen todavía en la mejoría de un cáncer
haciendo sangrar al paciente, a diferencia de ese caballero andante desquiciado,
siendo “para-sí” los únicos cuerdos, quieren convertirnos a todos- “en-sí”-, en creyentes
de su causa.
Ellos, como caballeros
andantes redivivos, se creen reformadores
sociales y religiosos, o los representantes iluminados de una nueva mística: de
la religión “chavista-castrista-madurista”,
creyéndose la excepción en la aplicación
de una ley universal, hoy más vigente que ayer: la ley de la oferta y la demanda, la que
controla el mercado y la acumulación del capital. Sobre todo en paraísos fiscales
como Andorra.
Haciéndonos creer
que aun las brujas vuelan y los demonios imperialistas conviven con nosotros,
ellos sí que han dejado de creer en
lo que creían los habitantes de la ciudad celeste medieval, y tienen ya preparadas sus maletas para viajar en su trompo privado del tiempo al imperio
tan amado y tan odiado. El de Obama por supuesto. Y, desde luego, si ese “hombre
afro-americano”, casi paisano nuestro,
muy “oreo” él, acepta las firmas que nuestro Monarca Criollo le llevara pronto,
para que deje de hostigar a esos siete caballeros mercantiles y boliburgueses,
tan heróicos, habitando ya en las entrañas de ese monstruo tan feroz.
Claro, si las
cosas medievales venecubanas cambian para modernas; y si los opositores les han dejado un
lugarcito en ese lugar mágico llamado USAmérica.
lmp
(Continuará, se los aseguro...)
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