NI “UTOPÍA USAMERICANA”, NI “SUCIALISMO ROBOLUCIONARIO”, SINO TODO LO CONTRARIO.
For our little
grand-tree, growing inside multifarious gardens…
“Ni una cosa ni
la otra, sino todo lo contrario”. Carlos Andrés Pérez
dixit.
1.“La vida reclama vida”; lo
vital conduce al progreso en la escala biológica; jamás a la regresión”. Ese es el fin de la vida interpretado como su “telos propio” y no como su causa, la cual es por necesidad regresiva al
dirigirse a la decadencia de lo vivo: la propia desaparición definitiva.
Esto sería, más o
menos, lo que nos diría John Dewey si le
preguntásemos hacia donde deberíamos dirigir nuestros esfuerzos como individuos
y como sociedad en la Venezuela de hoy.
Como un digno
representante de su época, cultura y sociedad, ese genial filósofo
norteamericano intentó mostrarle a sus coterráneos lo que debían hacer partiendo de las raíces multi-culturales y la tradición libertaria de la
sociedad en vías de ser opulenta, en la
cual le tocó por suerte vivir.
Hoy muchos jóvenes opositores
desearían asumir como propio ese sueño norteamericano ya pasado, y por ello anhelarían “agarrar sus peroles”, como lo hizo el conductor de orquestas, no el
artista, Gustavo Dudamel yéndose a vivir
en la atmósfera “magica" de Los Ángeles, ” en USAmerica.
2.Dewey, como sabemos, creía con fe casi
religiosa en el progreso social impulsado por la ciencia y la tecnología. Progreso éste que debería ser dirigido
consciente y planificadamente hacia un fin último que le era intrínseco al movimiento mismo de la reconstrucción
racional de la sociedad en su conjunto. Los fines del cambio social, pensaba, noson externos y mucho menos trascendentales
con respecto a la sociedad real en la cual dichos fines se buscarían poner en
práctica. Por ello jamás podrían ser
justificados metafísica o religiosamente.
La sociedad
planificada democráticamente genera fines que actúan en forma de “arco de la experiencia”: el
progreso genera necesidad de progreso sin límites ni medida más allá del
progreso mismo.
No podrían
existir, entonces, ni un fin social apocalíptico, ni tampoco una redención social universal. Solo progreso con regresiones temporales, pero
en perpetua superación.
La necesidad de
dirección y control racional de las fuerzas naturales y sociales es el único requisito para
vivir a la altura de loque se es, como seres
humanos conscientes de sus necesidades y capacidades, superando los estadios elementales de la
sobrevivencia.
Hasta aquí este
podría ser el “sueño americano a lo Dewey” expresado teóricamente;es decir, de manera antropológico-filosófica.
3.Superados históricamente esos estadios
pre-capitalistas, y habiendo dado el salto a la gran sociedad, a la opulencia
sin límites, el sueño de Dewey no se hizo realidad; se quedó “varado” en simple utopía aún no realizada.
Su ideal
educativo, sin embargo, como eje de la trasformación
democrática de la sociedad norteamericana se hizo realidad a medias y de manera muy defectuosa,
pero cobró vigencia de una maneracuyo parcial éxito hoy todos podemos constatar a través del
dominio científico-tecnológico que se ha exportado e imitado en todos los rincones del planeta. Ese fue un logro esencial del sueño democrático-racional de John
Dewey.
Es cierto que
todavía la pobreza, la erradicaciónde la
ignorancia, la anarquía y el descontrol institucional dominan amplios sectores de la sociedad norteamericana.Pero ello no invalida el ideal social que como utopía le insufló energía
a su progreso pasado y presente.De ahí
que el sueño de Dewey podría ser
interpretado hoy como una simple
hipótesis que fue falsada por la misma realidad;de ella, o de tal “puestaprueba”, salió fortalecida en lugar de haber sido refutada completamente.
4.En otros lugares del planeta se intentó hacer
realidad otros proyectos sociales y políticos realmente utópicos. Pero allí la realidad se encargó de refutarlos definitivamente.
Es decir, la posibilidad real de tales utopías soñadas
como paraísos terrenales,resultó enteramente ilusoria.
Nos referimos a
las sociedades en donde dominó el socialismo
real.
Sólo como una
reliquia histórica se podría hoy hablar
del “éxito socialista”; una reliquia que
como ruinas arqueológicas deberían ser
conservadas a fin de que las generaciones
futuras evitasen cometer errores
“utópicos” similares.Es decir, el de creer en ilusiones imposibles de ser puestas en
ejecución y a prueba, sin matar lo que define existencialmente al ser humano: su libertad.
5.No es totalmente cierto, entonces, que el ideal
democrático se haya hecho realidad en el “mundo USAmericano”.
Ni por asomo.
Pero vista en
perspectiva global, e histórica y
críticamente evaluada, una cosa es innegable: ha habido
desarrollo económico para amplias capas sociales; y hasta progreso en cuanto a sus derechos individuales
y de grupo.Que no se haya hecho posible
para la totalidad de los habitantes de “El Imperio”, como lo llama el "mandamasito" vene-cubano, es algo que resultaría realmente imposible
pues, ¿qué utopía social podría hacerse realidadde manera completa y definitiva?
Por otra parte, si
la sociedad progresa a partir de contradicciones, el conflicto signa cualquier
tipo de progreso social en cualquier lugar y época. Entonces lacoexistencia de lo positivo y lo negativo es
la “situación normal” del desarrollo social.De ahí la necesidad de la crítica permanente, la cual fue expresada en
la filosofía deJohnDewey como “reconstrucción permanente de la
experiencia”.
El problema residiría, entonces, en la “coexistencia pacífica” de las contradicciones; “paz” que podría convertirse en algo normal y
normalizado por los líderes interesados en controlar el poder institucional, para
perpetuar su manejo económico y financiero, usando para ello los recursos democráticos de
la misma sociedad opulenta que los apoya.
5.A pesar de las evidentes “limitaciones filosóficas”
esbozadas anteriormente, no hay duda que una sociedad abierta (Popper), con todo y sus defectos “reales” y no
utópicos, es preferible a una sociedad cerrada con todo y sus ilusiones de felicidad
e igualitarismo perpetuo, como lo es la
nuestra.De ahí que lo dicho por Herbert
Marcuse hace más de cuarenta años, aplica hoyde manera casi perfecta a nuestro caso histórico-político:
“[…] No tengo que
discutir aquí el problema de si el logro de este resultado [la gran sociedad
opulenta] significa un progreso de la libertad,
o bien un progreso de la comunidad y de la cohesión de la sociedad existente y
de su valores. De todos modos esta abundancia cultural siempre puede ser mejor
que una ulterior restricción y represión del conocimientopero en sí misma no puede considerarse como un
progreso hacia una sociedad mejor”. (“El individuo en la gran sociedad”.
Subrayado añadido)
6.Exactamente ese es el ideal de los “opositores
vene-cubanos”: el de la sociedad opulenta
norteamericana de hoy, la cual Herbert Marcuse
criticaba tan inteligentemente.
No se trata de
aprobar lo realizado por “El Ungido”
siguiendo las directrices de su “Padre
Eterno”, y las de su padrastro político el "Barbudo Caribeño”. Se trata más bien de reconocer que la
sociedad anterior no fue la mejor; pero igualmente, que la que en la actualidad se propone como "alternativa
democrática" tampoco lo es.
El desastre socialque de manera
evidente se muestra en lo que está ocurriendo
hoy con el régimen pro-cubano que nos “desgobierna” requiere de otro "proyecto utópico" realizable, el cual debería integrar los valores democráticos y comuniatristas sin miedos ni tapujos ideológicos.
Se trataría, dicho como lo hubiera dicho tan ocurrentemente CAP, de no aceptar “ni una cosa ni la otra, sino todo
lo contrari.
Visto
negativamente, muy hegelianamente, como lo hizo Marcuse en su época y momento
histórico con la sociedad norteamericana, la situación política y social actual en “Vene-Cuba” superó negativamente “el desastre” –como lo llamaba
Domingo Alberto Rangel- de la sociedad adeco-copeyana, sólo
en apariencia democrática; dicha democracia "chucuta" fue la que “parió” nuestro actual desastre.
La nueva sociedad
ha de ser “utópicamente” diferente; no sólo a la actual “sucialista y robolucionaria”, sino a la posible USAmericana, la cual la toman como modelo a imitar los opositores de la mal llamada “unidad
democrática”: sobre todo la “sociedad mayamera” de
hoy.
De ahí que se haga
necesaria, una vez más,la creencia en
la utopía -no en las ilusiones
fantasiosas-, y la aceptación de la crítica social de los ideales democráticos
como una “permanente reconstrucción de la experiencia liberal y libertaria”, una vez
la utopía USAmericana, y hoy hecha realidad incompleta y defectuosa, pero realidad al fin y al cabo, y no una simple
ilusión “robolucionaria y sucialista”, patológica, pro-cubana.
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