google05f93621e7278f20.html PERPLEJISMOS Y SABERES FILOSÓFICOS: NI “UTOPÍA USAMERICANA”, NI “SUCIALISMO ROBOLUCIONARIO”, SINO TODO LO CONTRARIO.

viernes, 3 de abril de 2015

NI “UTOPÍA USAMERICANA”, NI “SUCIALISMO ROBOLUCIONARIO”, SINO TODO LO CONTRARIO.


For our little grand-tree, growing inside multifarious gardens… 

“Ni una cosa ni la otra, sino todo lo contrario”. 
Carlos Andrés Pérez dixit.

1.  “La vida reclama vida”;   lo vital conduce al progreso en la escala biológica;  jamás a la regresión”.  Ese es el fin de la vida interpretado  como su “telos propio”  y no como  su causa, la cual es por necesidad regresiva   al dirigirse a la decadencia de lo vivo:  la propia desaparición definitiva.

Esto sería, más o menos,  lo que nos diría John Dewey si le preguntásemos hacia donde deberíamos dirigir nuestros esfuerzos como individuos y como sociedad en la Venezuela de hoy. 

Como un digno representante de su época, cultura y sociedad, ese genial filósofo norteamericano intentó mostrarle a sus coterráneos lo que debían hacer partiendo de  las raíces multi-culturales y la tradición libertaria de la sociedad en vías de ser opulenta,  en la cual le tocó por suerte vivir.  

Hoy muchos jóvenes opositores  desearían asumir como propio ese sueño norteamericano ya pasado,  y por ello anhelarían  “agarrar sus peroles”,  como lo hizo el conductor de orquestas, no el artista, Gustavo Dudamel yéndose  a vivir en la atmósfera  “magica" de Los Ángeles, ” en USAmerica.

2.  Dewey, como sabemos, creía con fe casi religiosa en el progreso social  impulsado por la ciencia y la tecnología.  Progreso éste que debería ser dirigido consciente y planificadamente hacia un fin último que le era  intrínseco al movimiento mismo de la reconstrucción racional de la sociedad en su conjunto. Los fines  del cambio social, pensaba, no  son externos y mucho menos trascendentales con respecto a la sociedad real en la cual dichos fines se buscarían poner en práctica.  Por ello jamás podrían ser justificados metafísica o religiosamente.

La sociedad planificada democráticamente genera fines que actúan en forma de “arco de la experiencia”:   el progreso genera necesidad de progreso sin límites ni medida más allá del progreso mismo. 

No podrían existir, entonces,  ni  un fin social apocalíptico,  ni  tampoco una redención social  universal.  Solo progreso con regresiones temporales, pero en perpetua superación.  

La necesidad de dirección y control racional de las fuerzas naturales y sociales es el único requisito para vivir a la altura de lo  que se es, como seres humanos conscientes de sus necesidades y capacidades,  superando los estadios elementales de la sobrevivencia.

Hasta aquí este podría ser el “sueño americano a lo Dewey” expresado teóricamente;  es decir, de manera antropológico-filosófica.

3.  Superados históricamente esos estadios pre-capitalistas, y habiendo dado el salto a la gran sociedad, a la opulencia sin límites, el sueño de Dewey no se hizo realidad;  se quedó  “varado” en simple utopía aún no realizada.  

Su ideal educativo, sin embargo,  como eje de la trasformación democrática de la sociedad norteamericana  se hizo realidad a medias y de manera muy defectuosa, pero cobró vigencia  de una manera  cuyo parcial éxito  hoy todos podemos constatar a través del dominio científico-tecnológico que se ha exportado e  imitado en  todos los rincones del planeta.  Ese fue un logro esencial del sueño democrático-racional de John  Dewey.

Es cierto que todavía la pobreza, la  erradicación  de  la ignorancia, la anarquía y el descontrol institucional dominan amplios sectores  de la sociedad norteamericana.  Pero ello no invalida el  ideal social que como utopía le insufló energía a su progreso pasado y presente.  De ahí que el sueño de Dewey  podría ser interpretado hoy como  una simple hipótesis que fue falsada por la  misma realidad;  de ella, o de tal  “puesta  prueba”,   salió fortalecida en lugar de haber sido  refutada completamente. 

4.  En otros lugares del planeta se intentó hacer realidad otros proyectos sociales y políticos realmente utópicos.  Pero allí  la realidad se encargó de refutarlos definitivamente.  Es decir,  la posibilidad real de tales utopías soñadas como paraísos terrenales,  resultó  enteramente ilusoria.

Nos referimos a las sociedades  en donde dominó el socialismo real. 

Sólo como una reliquia histórica  se podría hoy hablar del “éxito socialista”;  una reliquia que como ruinas arqueológicas deberían  ser conservadas  a fin de que las generaciones futuras evitasen  cometer errores “utópicos” similares.  Es decir,  el de creer  en ilusiones imposibles de ser puestas en ejecución y a prueba, sin matar lo que define existencialmente  al ser humano: su libertad.

5.  No es totalmente cierto, entonces,  que el  ideal democrático se haya hecho realidad en el “mundo USAmericano”. 

Ni por asomo.

Pero vista en perspectiva global, e histórica y críticamente evaluada,  una cosa es innegable:  ha habido desarrollo económico  para amplias capas sociales;   y hasta progreso en cuanto a sus derechos individuales y de grupo.  Que no se haya hecho posible para la totalidad de los habitantes de “El Imperio”, como lo llama el "mandamasito" vene-cubano,   es algo que resultaría realmente imposible pues, ¿qué utopía social podría hacerse realidad  de  manera completa y definitiva?

Por otra parte, si la sociedad progresa a partir de contradicciones, el conflicto signa cualquier tipo de progreso social en cualquier lugar y época.  Entonces la  coexistencia de lo positivo y lo negativo es la “situación normal” del desarrollo social.  De ahí la necesidad de la crítica permanente, la cual fue expresada en la filosofía de  John  Dewey como “reconstrucción permanente de la experiencia”. 

El problema residiría, entonces,  en la “coexistencia pacífica”  de las contradicciones;  “paz” que  podría convertirse en algo normal y normalizado por los líderes interesados en controlar el poder institucional, para perpetuar su manejo económico y financiero,  usando para ello los recursos democráticos de la misma sociedad opulenta que los apoya.

5.  A pesar de  las evidentes “limitaciones filosóficas” esbozadas anteriormente, no hay duda que  una sociedad abierta (Popper),  con todo y sus defectos “reales” y no utópicos, es preferible a una sociedad cerrada con todo y sus ilusiones de felicidad e igualitarismo  perpetuo, como lo es la nuestra.  De ahí que lo dicho por Herbert  Marcuse hace más de cuarenta años,  aplica hoy  de manera casi perfecta a nuestro caso histórico-político: 

“[…] No tengo que discutir aquí el problema de si el logro de este resultado [la gran sociedad opulenta]  significa un progreso de la libertad, o bien un progreso de la comunidad y de la cohesión de la sociedad existente y de su valores. De todos modos esta abundancia cultural siempre puede ser mejor que una ulterior restricción y represión del conocimiento  pero en sí misma no puede considerarse como un progreso hacia una sociedad mejor”. (“El individuo en la gran sociedad”. Subrayado añadido)

6.  Exactamente ese es el ideal de los “opositores  vene-cubanos”: el de la sociedad opulenta norteamericana de hoy,  la cual  Herbert Marcuse criticaba tan  inteligentemente. 

No se trata de aprobar lo realizado  por “El Ungido” siguiendo las directrices de  su “Padre Eterno”,  y las de su padrastro político  el "Barbudo Caribeño”.   Se trata más bien de reconocer que  la sociedad anterior no fue la mejor; pero igualmente, que  la que en la actualidad se propone como "alternativa democrática" tampoco lo es.  

El desastre social  que de manera evidente se muestra en  lo que  está ocurriendo hoy con el régimen pro-cubano que nos “desgobierna” requiere de otro "proyecto utópico" realizable, el cual debería integrar  los valores democráticos y comuniatristas sin miedos ni tapujos ideológicos. 

Se trataría, dicho como lo hubiera  dicho tan ocurrentemente CAP,  de  no aceptar “ni una cosa ni la otra, sino todo lo contrari.

 http://en.wikipedia.org/wiki/Carlos_Andr%C3%A9s_P%C3%A9rez

Visto negativamente, muy hegelianamente, como lo hizo Marcuse en su época y momento histórico con la sociedad norteamericana,  la situación política y social  actual en “Vene-Cuba”  superó  negativamente “el desastre” –como lo llamaba Domingo Alberto Rangel- de  la sociedad adeco-copeyana, sólo en apariencia democrática; dicha democracia "chucuta" fue la que  “parió” nuestro actual desastre.  

http://www.nuso.org/upload/articulos/1031_1.pdf

http://www.lasverdadesdemiguel.net/edicion-437-domingo-alberto-rangel-a-los-90-anos-de-su-gloriosa-existencia/

 http://www.talcualdigital.com/nota/visor.aspx?id=76637

La nueva sociedad ha de ser “utópicamente”  diferente;  no sólo a la actual “sucialista y robolucionaria”,  sino a la posible USAmericana, la cual la toman como  modelo a imitar   los opositores de la mal llamada “unidad democrática”:  sobre todo  la “sociedad mayamera” de hoy.

De ahí que se haga necesaria, una vez más,  la creencia en la utopía  -no en las ilusiones fantasiosas-, y la aceptación de la crítica social de los ideales democráticos como una  “permanente reconstrucción de  la experiencia liberal y libertaria”, una vez la utopía USAmericana, y hoy hecha  realidad incompleta y defectuosa, pero realidad al fin y al cabo,  y no una  simple ilusión “robolucionaria y sucialista”, patológica,  pro-cubana.

lmp



 

No hay comentarios: