QUIJOTADAS GARCIABAQUEANAS. FILOSOFAR A COCES, NO A MARTILLAZOS.
1. Si se le le guarda una pleitesía hipócrita almaestro, convirtiéndolo en un semidiós, se le muestra un respeto similar al que se le ofrece a lasestatuas.García Bacca claramente lo advirtió:
“Quien en vida acepta ser convertido en estatua, es porque ya está muerto, y bien muerta y enterrada toda su obra”.
Pero, ¿cumpliría el mismo con tal advertencia, no aceptó acaso, en vida, tal tratamiento?
2. Quizás sí que quiso ser estatua; pero nunca una de mármol, sino una que representara un pordiosero (“por-dios-eros”).
Sea como fuere, ni por asomo, ese respeto que de manera impúdica reclamaman otros maestros (sic) a sus alumnos, él parece que explícitamente nunca lo exigió. Aunque, dicen, gustaba borrar la pizarra enfundándose unos guantes muy blancos.
Cada genio tiene sus "extravagancias".
3. Garcia Bacca no era ni actuaba como Nietzsche, tampoco vivió ni murió como un "Loco de Turín”.
Fue y quiso ser un Quijote sin su locura caballeresca.
Todo lo fue, menos un “dionisíaco” con delirios de grandeza, a tal al punto de querer asesinar a Dios, al estilo marxista, nihilista latinoamericano-caribeño cubano, muy de moda en su tiempo; es decir, “comiéndose la torta (teológica y filosófica), al mismo tiempo que se la guarda, por si acaso, para más tarde (negando a Dios pero, por si acaso, encendiéndole una velita al “Sagrado Corazón de Jesús”, o a una corte "malandra" de santos revolucionarios).
4. Como con el “caso Nietzsche” o con la filosofía clásica griega, hay que aprender a interpretar a García Bacca. De no saberlo hacer, se correría el riesgo de inventar muchos "clones" suyos apócrifos”, algunos muy “troles”.
5. Para la mayoría, muy letrada, García Bacca no vivía “borracho” con sus (y “de”) ideas, sino más bien “drogado” por (y “de”) sus ideas, todas platónicas. Las suyas eran de otros más grandes que él; otros que llamó "modelos de filosofar" y que nuestro filósofo hispano-venezolano hizo sólo de él.
Por eso sus escritos deberían ser interpretados como “psicotrópicos”, y no como "drogas callejeras". Esos "remedios filosóficos" se deben usar “automedicándose”. Noy existen médicos que los prescriban.
6. Si por “borrachera de ideas” se quiere decir “escritos flojos ensayísticos”, y no “profundos análisis filológico-escolares”, los mejores discípulos de García Bacca no le siguieron el paso (Juan Nuño o Ludovico Silva, entre otros). Lo que más bien hicieron fue escribir con un estilo muy “garciabaqueano” pero no cervantino, sino caribeño.
Nos referimos a sus mejores alumnos venezolanos. Estos prefirieron más la “carne roja periodística” (la de opinión, culturalmente “amarillista” y pequeño-burguesa), que la “comida vegana” filosófica (muy escolar, sesuda y académica).
7. Ludovico Silva, por ejemplo, fue un alumno de García Bacca muy dionisíaco; se perdió en el alcohol de las “ideas teórico-revolucionarias”. “In vino varitas”, así tituló uno de sus trabajos (sic) poéticos. Y otro “El estilo literario de Marx” no pasó de ser un ensayo bien escrito, pero literatura y no filosofía al mejor estilo “garciabaqueano”.
Si al Maestro se le juzga por su discípulos, García Baca nunca hubiese considerado a ese bardo caraqueño, de orígenes hispanos, su seguidor y mucho menos su discípulo.
Tampoco se hubiese considerado maestro de esos que quisieron imitarlo escribiendo elevadas disquisiciones metafísicas.
García Bacca estaba sólo con su filosofar, como un “Simeón El Estilita”.
8. García Bacca, triste es reconocerlo, como “Magister”, fracasó tan rotundamente como igual fracasó el primer Wittgenstein.
Mientras que este último quiso ser maestro de niños reales, García Bacca lo fue igualmente, pero virtuales; parecidos a esos que hoy pululan en las redes sociales: niños envejecidos, muy creídos y muy “gorrones” intelectuales.
9. Hablamos del primer García Bacca, del venezolano, no del último y definitivo: el hispano-cervantino. Cuentan en las redes que su hijo, ya ido el maestro, donó su biblioteca de 900 volumenes, a una universidad española. Triste noticia para quienes creíamos que la había dejado como herencia intelectual en la universidad que le ofreció cobijo: la universidad venezolana.
10. García Bacca nunca quiso ser “caribeño “real-maravilloso”, siempre fue y actúo como español de la "Madre Patria". Y cuando dijo que quería hacer filosofía en lenguaje común y corriente, supuestamente para ser entendido por cualquiera (fue su excusa para hacer una nueva traduccion de toda la obra de Platon), ¡claro que la hizo!, pero al mejor estilo español castizo.
Ni por asomo latinoamericano, y mucho menos venezolano-caribeño.
Muchas paradojas nos legó "El Maestro"; muchas anegan su "amor" (sic) por Venezuela.
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