“[…] La honestidad y también las otras virtudes
que sean posibles dentro de su propio ámbito
[ético o moral]
están, por necesidad,
unidas a su exclusión; siendo que
cada acto virtuoso en sí mismo,
es un
acto dentro de un par
de actos opuestos”.
G. W. H. “Escritos Teológicos juveniles”.
I
Afirmaciones sobre lo público y lo privado cruzan todas las discusiones
políticas, así como también las cruzan las creencias ideológicas
sobre lo individual y lo colectivo. Pero sobre todo, lo que se
considera malo o bueno de la conducta individual o grupal, tiñe de
blanco o negro, sin matices, toda discusión política.
Unos asumen una postura política acusando moralmente a los del bando contrario de no tener bondad hacia “los pobres”, por ejemplo, refiriéndose a ellos como si pertenecieran a una categoría universal buena absolutamente, o como si fueran una abstracción lógico-teológica. Perico revolucionario acusa a Pepito reaccionario, por ejemplo, quien lo adversa, de ser odiosamente individualista; o en un programa de TV el entrevistado supuestamente de izquierda , representante del gobierno, se refiere a los miembros de la oposición, de derecha, como seres mentirosos, pragmáticos y utilitarios debido a que buscan sus propios beneficios antes que los de los demás. Y en un programa de un canal de TV no oficialista, “ni-ni”, neutral, otro periodista afro-descendiente, dice algo similar refiriéndose a los chavo-oficialistas hoy “MUDgrientos Rojos”.
Unos asumen una postura política acusando moralmente a los del bando contrario de no tener bondad hacia “los pobres”, por ejemplo, refiriéndose a ellos como si pertenecieran a una categoría universal buena absolutamente, o como si fueran una abstracción lógico-teológica. Perico revolucionario acusa a Pepito reaccionario, por ejemplo, quien lo adversa, de ser odiosamente individualista; o en un programa de TV el entrevistado supuestamente de izquierda , representante del gobierno, se refiere a los miembros de la oposición, de derecha, como seres mentirosos, pragmáticos y utilitarios debido a que buscan sus propios beneficios antes que los de los demás. Y en un programa de un canal de TV no oficialista, “ni-ni”, neutral, otro periodista afro-descendiente, dice algo similar refiriéndose a los chavo-oficialistas hoy “MUDgrientos Rojos”.
Corolario comunicacional: Los de la oposición se creen
puros o impolutos, mientras que los “rojos oficialistas”
creen ser lo mismo y aún muy superiores. Y viceversa, sin
medias tintas.
Así se ha desarrollado la pugna y confrontación política por más de tres
lustros en Venecuba; y con el reciente anuncio de elecciones
presidenciales, amenaza con extenderse al infinito.
¡Que un dios nos salve! (S.O.S. Profesor
Heidegger)!
Por lo ya dicho, la expresión de la tira cómica (tercer recuadro) es considerada una respuesta válida cuando a alguien, en Venecuba, se le tilda políticamente de algo, atacándolo. Pero quien así se comporta no es capaz de ver “la viga que hay en su ojo”, diríamos usando como metáfora la del mismísimo Hijo de Dios. ¿Habría para el acusador criterios que zanjaran, evangelicamente, las diferencias, en este caso entre buenas y malas personas, o entre seres humanos verdaderos y otros falsos, o entre buenos y malos políticos?
Por lo ya dicho, la expresión de la tira cómica (tercer recuadro) es considerada una respuesta válida cuando a alguien, en Venecuba, se le tilda políticamente de algo, atacándolo. Pero quien así se comporta no es capaz de ver “la viga que hay en su ojo”, diríamos usando como metáfora la del mismísimo Hijo de Dios. ¿Habría para el acusador criterios que zanjaran, evangelicamente, las diferencias, en este caso entre buenas y malas personas, o entre seres humanos verdaderos y otros falsos, o entre buenos y malos políticos?
La respuesta del dios semi-humano, sea el de Heidegger o el del mismo dios
encarnado, fue muy ambigua: como no podrías afirmar nada definitivo
(dogmático diría Kant) sobre lo bueno o lo malo de alguien, lo mejor
sería asumir una postura tolerante, escéptica o auto-crítica; o mejor
“flagelante” o de “auto de fe” propiciatorio.
-“Quien esté sin pecado que arroje el primer peñón”. Y san se acabó, sean
felices y coman perdices. O no peleen tanto, ámense y compréndanse; y de ser
posible, “arrejúntense”.
¡Como si la cosa fuera tan fácil!
A menos que se acepte y comulgue con ese ser venido del más allá, o se
acepten los postulados heideggerianos; es decir, se acepten las
enseñanzas ofrecidas por tales avatares religiosos o filosóficos, por fe,
la cosa se torna mucho más difícil para afirmar o negar la bondad o maldad
propia frente a iguales valores endilgados a cualquiera de nuestros
congéneres. Si adoptamos una postura relativista, no habría problema.
Pero habría que recordar siempre que esa fue la postura asumida por aquel
cínico famoso que quedó mudo y paralizado no pudiendo ni mover un dedo por
temor a equivocarse.
II
En el terreno moral o ético-valorativo cualquier posición será válida
si se es escéptico o relativista; y si se acepta serlo, cualquiera
siéndolo peleará a favor de la suya y en contra de las posiciones restantes
buscando imponerla, convirtiéndose de ese modo, tan paradójico, en alguien
dogmático. El primero se creerá tolerante, frente al segundo,
su enemigo, quien será considerado fundamentalista; alguien cerrado de
mente e intolerante por naturaleza.
En esta guerra de intolerancias de todos en contra de
todos salvará su pellejo el más apto; es decir, el más dogmático
pero disfrazado de tolerante. O el más inmoral o
corrupto. Claro está, haciéndose pasar por todo lo contrario.
Digámoslo ya sin ambajes: tocamos aqui la esencia del término
“corrupción” la cual, ofreciendo una definición “al dente”, consistiría
en hacer y decir una cosa, haciendo y diciendo lo contrario; y
hacerlo para aprovecharse de las consecuencias de lo hecho
las cuales, cabría esperar, siempre tendrán una víctima propiciatoria, un
pendejo que pague los platos rotos.
Si en nada se cree aparentando que se cree en todo, o en cualquier cosa, y
en sus fundamentos absolutos, eternos o universales, se es subrepticiamente
hipócrita, es decir, corrupto; sólo una cosa será absoluta para ese
“camaleón moral”: la suya propia. Todo lo demás será
relativo y, por tanto refutable, execrable o desechable. Las
“puestas en escena” aquí son infinitas en cantidad y calidad.
Frente a tal actitud de “doble faz” el único criterio para el
reconocimiento del bien propio y el ajeno seria la autenticidad,
diría un existencialista seguidor del semidios mencionado más arriba o de
cualquiera de sus creyentes filosóficos, aceptando, sin embargo, una
solución que es muy frágil frente a lo que somos por
naturaleza; dicho por el mismo hombre-dios, somos “pecadores”
necesitados de redención, es decir, “corruptos”, “corrompidos” y
“corruptores” de manera original.
Para Hobbes, entre otros pesimistas de lo humano, somos lobos
vestidos con piel de oveja y estamos sedientos de la sangre de nuestras
víctimas. Una vana ilusión sería la de ese ingenuo Rousseau. No
somos buenos por naturaleza. Nada de contratos o amores originarios
que produjeran un pacto social con el cual se evitara la guerra y el odio
de todos en contra de todos. Nada de soluciones originarias
constitucionalistas, diríamos. Lo legal nunca legitimaría la
democracia social y política entendida como un reino de felicidad y tolerancia
definitiva. Las negociaciones, las mesas de diálogo y otras hierbas de
tolerancia social nunca han existido ni podrían existir. Marx se acerca a
Hobbes y se aleja del autor de “El Emilio”.
¡A la porra Dominicana y sus dialogantes MUDgrientos Rojos-Mudgrientos!
III
La postura del existencialista hipotéticamente cristiano
estaría en lo correcto cuando reparamos en el hecho, por demás
evidente, de que si somos seres humanos encarnados, todo lo que se
refiera a esa humanidad corpórea o encarnada nos toca aunque sea
cuando nada de humano pareciera adornarnos. Hasta el más criminal
de los seres humanos, en efecto, se enternece ante su hijo recién
nacido; o ante su madre enferma de cáncer terminal, tal ser
despreciable en otras circunstancias, sentiría dolor esperando que su ser
querido sanara. Sólo humanos muy aberrados, o irremediablemente
"echados a perder", torcidos socialmente o degradados por
la enfermedad mental, la degeneración criminal lombrosiana o la
corrupción política hobbesiana, podrían ser absolutamente
insensibles ante el dolor ajeno. Es decir, malos por naturaleza.
-Pero, se objetará, eso es precisamente lo que define la conducta política;
ya lo dijo Maquiavelo refutando a Spinoza, que la indiferencia y el
uso por interés propio del mal ajeno, es la regla de oro de quien manda y
quiere controlar a otros. Con Maquiavelo la culebra
ético-moral con cuero político pareciera morderse la cola.
El dilema parece claro: o se niega con el filósofo cortesano y
su indiferencia moral, los orígenes que se hundirían en el
mito, el cuento o la historia hecha de fantasías bíblicas originarias; o
se acepta la postura del escéptico radical y la de su homólogo, el
oportunista utilitario y relativista, para quien toda conducta pública-política sería buena siempre y cuando favoreciera a quien sabe
jugar a ganador.
-O sí o sí, diríamos encerrados en un callejón sin salida. O mejor, en
Venecuba, nuestra cueva platónica.
IV
La política define la conducta pública del ser humano, lo cual es
definido por lo colectivo, o lo que pertenece a todos, o a todos consta
como evidente. En eso lo político y lo religioso son aves del mismo
plumaje. Parece que fue "El Estagirita", Aristóteles, quien defendió tal aserto sobre ese
“animal implume” que, para él, era el ser humano.
Pero a nivel individual no rige lo público, o no de manera primaria o
primordial; se es o no moralmente auténtico, de modo personal o
individual. La bondad del individuo o de la persona moral
tendría una correspondencia análoga en la vida pública, al
referirnos a la conducta de una personalidad pública diciendo que su
honestidad es comprobada ya que no se le podría endilgar un acto de corrupción
manifiesta.
Aquí los problemas se multiplican pues, ¿cómo saberlo y como
comprobarlo?
No bastaría con aceptar la confesión ajena o la declaración de honestidad
hecha como individuo por parte de quien tiene una personalidad
público-política; tal confesión individual, aceptada como
garantía de la rectitud moral pública, de la cual tanto alardean quienes
quieren convencer políticamente a sus seguidores para que les brinden soporte y
voten por ellos, es un juego, la mayoría de las veces, de doble mano que
rinde sus frutos en las urnas electorales. Las ambigüedades y confusiones
conceptuales enlodan tales "honestidades" confesadas públicamente.
A nivel individual, todos lo sabemos, se han de observar normas de
comportamiento aceptables y aceptadas por un grupo de referencia mínimo, por
ejemplo, la familia. A nivel social o colectivo, igualmente
sabemos, se han de respetar y seguir normas creadas y aceptadas en un
grupo mayor que tiende a ser universal: un partido político o una iglesia "católica", por
ejemplo. Y eso es así a menos que siga prevaleciendo la concepción
familiar de la política; es decir, una concepción mafiosa y por
ello corrupta de lo público-político.
Corolario: salir de lo privado a lo público implica la aceptación y puesta
en escena de valores considerados universales. Ni vicios individuales privados,
ni virtudes públicas, o viceversa.
V
El derecho a la vida, por ejemplo, es un valor ético universal que
sustenta todos los demás valores sociales. Con una amenaza a la
vida nada de lo que un ser humano pudiera hacer a nivel privado o
particular, tendría sentido y mucho menos lo tendría la
convivencia pública social, o con sus “prójimos”. La vida
como otros valores que son personales, tiene una naturaleza
pública; por ejemplo la vida en libertad. Tales valores
no son añadidos accidentalmente a algo esencial, sino que
son lo esencial que define a quien los encarna, el individuo, la persona
o el sujeto ético-moral. Dichos valores son universales y
nos caracterizan o marcan ontológicamente; lo que somos como
seres humanos, nuestra personalidad y forma de ser, estarían definidos por tales
valores universalmente compartidos.
Si el político es un ser humano, entonces estará sometido a tales
consideraciones privadas y a tales juicios valorativos universales y públicos.
A menos que se considere y lo consideren un ser especial, superior
o un hombre-dios o un semi-dios, a quien no alcanzarían los limites
terrenales que si que afectarían la conducta de los Pericos de los Palotes que todos somos. Pero si todos somos humanos, no simplemente
animales, -pues somos seres vitales, llenos de vida- nos
podemos elevar al nivel de existencias encarnadas, diría un filósofo de la existencia como Gabriel Marcel.
"Existir" significa ser consciente de la vitalidad
propia, encarnada, la cual se desdobla en conciencia
que nos revela lo que somos aquí y ahora, con un pasado y arrojados a un
futuro. Y con tal "conversión existencial" el individuo
da un salto a un nivel superior dentro del rango de lo humano,
pasando de la conciencia puramente individual a la conciencia
pública y social; es decir, tocando lo universal. Llegados a ese nivel
lo individual queda subsumido en lo social, diría Hegel; y viceversa, lo social
queda convertido en individual, diría Marx; lo publico en privado;
lo útil particular en bueno universal.
En otros términos, lo relativo se transforma en valor
universal.
VI
Aquí radicaría el sentido último de la respuesta ética dada a su
contrario político en el recuadro tres de la tira cómica. Sin
embargo, algo paradójico está detrás de la ironía convertida en
comicidad. Tal opositor al régimen castro-madurista,
medianamente convencido del argumento de su contrario rojito, buscaría
escabullir su responsabilidad moral echándole la culpa de sus acciones
públicas a los líderes que estuvieron a cargo de la conducción
pública-política con la cual quisieron cambiar de régimen
político, en el 2017 venecubano-gurimbero.
Para los seguidores ingenuos de un líder político disfrazado de
“cachicamo moral", las paradojas enunciadas
anteriormente entre lo público y lo privado de la conducta política, se
resolverían teniendo fe, esperanza y mostrando mucha caridad; es decir,
mucha tolerancia democrática. Mucho diálogo.
Para quienes avancen un poco más en la comprensión crítica de las
conductas público-políticas, sin embargo, la fe democrática no
bastaría. Se requerirían muchas horas de insomnio filosófico-reflexivo
(no sustentadas en simples lecturas retórico-literarias), y de
hojear muchas obras clásicas de historia de la filosofía política y ética, desde tiempos de los pensadores griegos. Sólo así se podría
obtener un rayo de luz, muy tenue, con el cual iluminar la
oscuridad que reina alrededor de estos temas en nuestro suelo patrio, hoy
transformado en una auténtica caverna platónica.
Ojalá que tal insomnio sea la enfermedad crónica que ataque, de una
vez por todas, a los políticos que nos des-gobiernan, y a quienes
quieren suplantarlos; sean oficialistas u opositores MUDgrientos Rojos.
Desgraciadamente para nosotros, humildes habitantes de esta cueva
castro-cubana, Venecuba, ambos bandos duermen a pierna suelta y suspiran
como bebitos. Una vez lo dijo el grandulón bigotudo riéndose y mofándose
de nosotros, a quienes se acostumbró a tratar –y lo dejamos que lo hiciera-, como a sus súbditos débiles mentales:
-Así me echo yo los camarones políticos.
Bueno, eso quisiéramos haber escuchado. Lo dijo de otro modo.
Que Morfeo se lo cargue a su Empíreo. Que sus sueños se le conviertan en
pesadillas.
Amen, así sea.
lmp. 18.02.201

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