google05f93621e7278f20.html PERPLEJISMOS Y SABERES FILOSÓFICOS: A LA CAZA DEL ANIMAL ÉTICO-POLÍTICO EN VENECUBA.

domingo, 18 de febrero de 2018

A LA CAZA DEL ANIMAL ÉTICO-POLÍTICO EN VENECUBA.






“[…] La honestidad y también las otras virtudes 
que sean posibles dentro de su propio ámbito 
[ético o moral] están,  por necesidad,
unidas a su exclusión; siendo que
cada acto virtuoso en sí mismo, 
es  un acto  dentro de un par 
de actos opuestos”.
G. W. H.  “Escritos Teológicos juveniles”.

I

Afirmaciones sobre lo público y lo privado cruzan todas las discusiones políticas, así como también  las cruzan las creencias ideológicas  sobre  lo individual y lo colectivo.   Pero sobre todo, lo que se considera  malo o  bueno de la conducta individual o grupal, tiñe de blanco o negro, sin matices, toda discusión política.   
Unos asumen una postura política  acusando moralmente a los del bando contrario de no tener bondad  hacia “los pobres”, por ejemplo,   refiriéndose a ellos como si pertenecieran a una categoría  universal buena absolutamente, o como si fueran una abstracción lógico-teológica.   Perico revolucionario   acusa a  Pepito reaccionario, por ejemplo, quien lo adversa,  de  ser odiosamente individualista;  o en un programa de TV el entrevistado supuestamente de izquierda , representante  del gobierno, se refiere a los miembros  de la oposición, de derecha, como seres  mentirosos,  pragmáticos y  utilitarios debido a que buscan  sus propios beneficios antes que los de los demás. Y en un programa de un canal de TV no oficialista, “ni-ni”, neutral, otro periodista afro-descendiente,  dice algo similar refiriéndose  a los chavo-oficialistas hoy “MUDgrientos Rojos”.
Corolario comunicacional:  Los de  la oposición  se creen puros  o impolutos, mientras que  los “rojos oficialistas”  creen ser   lo mismo y aún muy superiores. Y viceversa, sin medias tintas.
Así se ha desarrollado la pugna y confrontación política por más de tres lustros en Venecuba;  y con el reciente  anuncio de elecciones presidenciales, amenaza con extenderse al  infinito. 
¡Que un dios nos salve! (S.O.S. Profesor Heidegger)!  
Por lo ya dicho,  la expresión de la tira cómica (tercer recuadro) es considerada una respuesta  válida cuando a alguien, en Venecuba,  se le tilda políticamente de algo, atacándolo. Pero  quien así se comporta no es capaz de ver “la viga que hay en su ojo”, diríamos usando como metáfora la del mismísimo Hijo de Dios.  ¿Habría para el acusador  criterios que  zanjaran, evangelicamente,  las diferencias, en  este caso  entre buenas y malas personas, o entre seres humanos verdaderos y otros falsos, o entre buenos y malos políticos?    
La respuesta del dios semi-humano, sea el de Heidegger o el del mismo dios encarnado,  fue muy ambigua:  como no podrías afirmar nada definitivo (dogmático diría Kant) sobre lo bueno o lo malo de alguien,  lo mejor sería asumir una postura tolerante, escéptica o auto-crítica;  o mejor “flagelante” o de “auto de fe” propiciatorio.
-“Quien esté sin pecado que arroje el primer peñón”. Y san se acabó, sean felices y coman perdices. O no peleen tanto, ámense y compréndanse; y de ser posible, “arrejúntense”.
¡Como si la cosa fuera tan fácil!
A menos que se acepte y comulgue con ese ser venido del más allá, o se acepten los postulados heideggerianos;  es decir,  se acepten las  enseñanzas ofrecidas por tales avatares religiosos o filosóficos, por fe, la cosa se torna mucho más difícil para afirmar o negar la bondad o maldad propia frente a iguales valores endilgados a cualquiera de nuestros congéneres.  Si adoptamos una postura relativista, no habría problema. Pero habría que recordar siempre que esa fue la postura asumida por aquel cínico famoso que quedó mudo y paralizado no pudiendo ni mover un dedo por temor a equivocarse. 

II

En el terreno moral o ético-valorativo cualquier posición será válida  si se es escéptico o relativista;  y si se acepta serlo,  cualquiera siéndolo peleará a favor de la suya y en contra de las posiciones restantes buscando imponerla, convirtiéndose de ese modo, tan paradójico, en alguien  dogmático.   El primero se creerá  tolerante, frente al segundo, su enemigo, quien  será considerado fundamentalista;  alguien cerrado de mente e intolerante por naturaleza.
En esta  guerra de intolerancias  de todos en contra de todos  salvará su pellejo el más apto;  es decir, el más dogmático pero  disfrazado de tolerante.  O el más  inmoral o corrupto.  Claro está,  haciéndose pasar por todo lo contrario.
Digámoslo ya sin ambajes:  tocamos aqui  la esencia del término “corrupción” la cual, ofreciendo una definición “al dente”,  consistiría en  hacer y decir una cosa, haciendo y diciendo lo contrario;  y hacerlo para  aprovecharse  de las consecuencias de lo hecho  las cuales, cabría esperar,  siempre tendrán una víctima propiciatoria, un pendejo que pague los platos rotos. 
Si en nada se cree aparentando que se cree en todo, o en cualquier cosa, y en sus fundamentos absolutos, eternos o universales, se es subrepticiamente hipócrita, es decir, corrupto;  sólo una cosa será absoluta para ese “camaleón moral”:  la suya propia.  Todo lo  demás será  relativo  y, por tanto refutable, execrable o desechable.  Las “puestas en escena” aquí son infinitas en cantidad  y calidad.
Frente a tal actitud  de  “doble faz” el único criterio para el reconocimiento del bien  propio y el ajeno seria la autenticidad,  diría un existencialista seguidor del semidios mencionado más arriba o de cualquiera de sus creyentes filosóficos, aceptando, sin embargo,   una solución    que es muy frágil  frente a lo que somos por naturaleza;  dicho por el mismo hombre-dios,  somos “pecadores” necesitados de redención,   es decir, “corruptos”, “corrompidos” y “corruptores” de manera original.    
Para  Hobbes, entre otros pesimistas de lo humano, somos lobos vestidos con piel de oveja y estamos  sedientos de la sangre de nuestras víctimas.  Una vana ilusión sería la de ese ingenuo Rousseau.  No somos  buenos por naturaleza.  Nada de contratos o amores originarios que produjeran un pacto social con el cual se  evitara la guerra y el odio de todos en contra de todos.  Nada de soluciones originarias constitucionalistas, diríamos.  Lo legal nunca  legitimaría la democracia social y política entendida como un reino de felicidad y tolerancia definitiva.  Las negociaciones, las mesas de diálogo y otras hierbas de tolerancia social nunca han existido ni podrían existir.  Marx se acerca a Hobbes y se aleja del autor de “El Emilio”.
¡A la porra Dominicana y sus dialogantes MUDgrientos Rojos-Mudgrientos!

III

La postura del  existencialista hipotéticamente cristiano  estaría  en lo correcto cuando reparamos en el hecho, por demás evidente, de que  si somos seres humanos encarnados, todo lo que se refiera a esa humanidad corpórea o encarnada  nos toca aunque sea cuando nada de humano  pareciera adornarnos.  Hasta el más criminal de los seres humanos, en efecto,  se  enternece ante su hijo recién nacido;   o ante su madre enferma de cáncer terminal, tal ser despreciable en otras circunstancias, sentiría  dolor esperando que su ser querido sanara.  Sólo humanos muy  aberrados, o irremediablemente "echados a perder", torcidos socialmente  o degradados  por la enfermedad mental, la degeneración criminal lombrosiana  o la corrupción política hobbesiana,  podrían ser   absolutamente insensibles ante el dolor ajeno.  Es decir, malos por naturaleza.
-Pero, se objetará, eso es precisamente lo que define la conducta política; ya lo dijo Maquiavelo refutando a Spinoza, que  la indiferencia y el uso  por interés propio del mal ajeno, es la regla de oro de quien manda y quiere controlar a otros.  Con Maquiavelo   la culebra ético-moral  con cuero político pareciera morderse la cola.
El dilema parece claro: o se  niega con el filósofo cortesano  y su indiferencia moral,   los orígenes que se hundirían  en el mito, el cuento o la historia hecha de fantasías bíblicas originarias;  o se acepta  la postura del escéptico radical y la de su homólogo, el oportunista utilitario y relativista,  para quien toda conducta pública-política sería  buena siempre y cuando favoreciera  a quien sabe jugar a ganador.  

-O sí o sí, diríamos encerrados en un callejón sin salida. O mejor, en Venecuba, nuestra cueva platónica.

IV

La política define la conducta  pública del ser humano, lo cual es definido  por lo colectivo, o lo que pertenece a todos, o a todos consta como evidente.  En eso lo político y lo religioso son aves del mismo plumaje.  Parece que fue "El Estagirita", Aristóteles,  quien defendió tal aserto sobre  ese “animal implume”  que, para él, era el ser humano.
Pero a  nivel individual no rige lo público, o no de manera primaria o primordial;  se es o no moralmente auténtico,  de modo personal o individual.  La bondad  del individuo o de  la persona moral  tendría una correspondencia análoga  en la vida pública, al referirnos a la conducta de una personalidad pública diciendo que su  honestidad es comprobada ya que no se le podría endilgar un acto de corrupción manifiesta. 
Aquí los problemas se multiplican pues, ¿cómo saberlo y como comprobarlo? 
No bastaría con aceptar la confesión ajena o la declaración de honestidad hecha como individuo por parte de quien tiene una personalidad público-política;  tal confesión individual, aceptada  como garantía  de la rectitud moral pública, de la cual tanto alardean quienes quieren convencer políticamente a sus seguidores para que les brinden soporte y voten por ellos, es un juego, la mayoría de las veces,  de doble mano que rinde sus frutos en las urnas electorales.  Las ambigüedades y confusiones conceptuales enlodan tales "honestidades" confesadas públicamente.
A nivel individual, todos lo sabemos,  se han de observar normas de comportamiento aceptables y aceptadas por un grupo de referencia mínimo, por ejemplo, la familia.  A nivel social o colectivo, igualmente sabemos,  se han de respetar y seguir normas creadas y aceptadas en un grupo mayor que tiende a ser  universal: un partido político o una iglesia "católica", por ejemplo.  Y eso es así a menos  que siga prevaleciendo la concepción familiar de la política;  es decir,  una concepción mafiosa y por ello corrupta de lo público-político.  
Corolario: salir de lo privado a lo público implica la aceptación y puesta en escena de valores considerados universales. Ni vicios individuales privados, ni virtudes públicas, o viceversa.

V

El  derecho a la vida, por ejemplo, es un valor ético universal que sustenta todos los demás valores sociales.  Con una amenaza a la vida  nada de lo que un ser humano pudiera hacer a nivel privado o particular,  tendría  sentido y mucho menos lo tendría la convivencia pública  social,  o con sus “prójimos”.  La vida como otros valores que son  personales,  tiene una naturaleza pública;  por ejemplo  la vida en  libertad. Tales valores   no son  añadidos accidentalmente a algo esencial, sino que  son lo esencial que define a quien los encarna, el individuo, la persona o el sujeto ético-moral.   Dichos valores son universales y  nos  caracterizan o marcan ontológicamente;  lo que somos como seres humanos, nuestra personalidad y forma de ser, estarían definidos por tales valores universalmente compartidos.   
Si el político es un ser humano, entonces estará sometido a tales consideraciones privadas y a tales juicios valorativos universales y públicos.  A menos que  se considere y lo consideren un ser especial, superior o un hombre-dios o un semi-dios, a quien no alcanzarían los  limites terrenales que si que  afectarían la conducta de los Pericos de los Palotes que todos somos. Pero si todos somos humanos, no simplemente animales,  -pues somos seres vitales, llenos de vida-  nos podemos  elevar al nivel de existencias encarnadas, diría un filósofo de la existencia como Gabriel Marcel.   
"Existir" significa ser consciente  de  la vitalidad propia,  encarnada, la cual se desdobla   en conciencia  que nos revela lo  que somos aquí y ahora, con un pasado y arrojados a un futuro.  Y con tal "conversión existencial"  el individuo da un salto a un nivel superior dentro del rango de lo humano,  pasando  de la conciencia puramente  individual a la  conciencia pública y social; es decir, tocando lo universal.  Llegados a ese nivel  lo individual queda subsumido en lo social, diría Hegel;   y viceversa, lo social queda convertido en individual, diría Marx;  lo publico  en  privado;  lo útil particular  en  bueno universal.
En otros términos,  lo relativo se transforma en  valor  universal.

VI

Aquí radicaría el sentido último de la respuesta ética  dada a su contrario político  en el recuadro tres de la tira cómica.  Sin embargo, algo paradójico está detrás de la ironía convertida en comicidad.  Tal  opositor al régimen castro-madurista,   medianamente convencido del argumento de su contrario rojito, buscaría  escabullir su responsabilidad moral echándole la culpa de sus acciones públicas  a los líderes que estuvieron  a cargo de la conducción pública-política  con la cual  quisieron cambiar  de régimen político, en el 2017 venecubano-gurimbero.  
Para los seguidores ingenuos de un líder político disfrazado de  “cachicamo moral",  las paradojas enunciadas  anteriormente entre lo público y lo privado de la conducta  política, se resolverían teniendo fe, esperanza y mostrando mucha caridad;  es decir, mucha  tolerancia democrática.  Mucho diálogo.
Para quienes avancen  un poco más en la comprensión crítica de las conductas público-políticas, sin embargo,  la fe democrática no bastaría.  Se requerirían  muchas horas de insomnio filosófico-reflexivo (no sustentadas en  simples lecturas retórico-literarias),  y de hojear muchas obras clásicas de historia de la filosofía política y  ética, desde  tiempos de los pensadores griegos. Sólo así se podría  obtener un rayo de luz, muy tenue, con el cual iluminar   la oscuridad que reina alrededor de estos temas en nuestro suelo patrio, hoy transformado en una auténtica caverna platónica.
Ojalá que tal insomnio sea  la enfermedad crónica que ataque, de una vez por todas, a los políticos que nos des-gobiernan,  y a quienes quieren  suplantarlos; sean oficialistas u opositores MUDgrientos Rojos.
Desgraciadamente para nosotros,  humildes habitantes de esta cueva castro-cubana, Venecuba, ambos bandos duermen a pierna suelta y suspiran como bebitos. Una vez lo dijo el grandulón  bigotudo riéndose y mofándose de nosotros, a quienes se acostumbró a tratar  –y lo dejamos que lo hiciera-,   como a  sus  súbditos débiles mentales:
-Así me echo yo los  camarones políticos.
Bueno, eso quisiéramos haber escuchado.  Lo dijo de otro modo.
Que Morfeo se lo cargue a su Empíreo. Que sus sueños se le conviertan en pesadillas.
Amen, así sea.  

lmp. 18.02.201


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