Una aberración, anatema educativo. Un engaño. Letras que manchan el papel y nada significan. Don Mario Bunge se rasga las vestiduras y clama, no al cielo, sino a los comisarios escolares universitarios latinoamericanos.
-Hay que reformar las escuelas, las de filosofía, para que los jóvenes aprendan a pensar, pues hasta ahora lo que se les enseña los aleja del pensamiento, grita desde su púlpito neo-positivista, recibiendo un “Honoris Causa” el egregio Profesor argentino-canadiense.
Y tiene razón el Dr. Bunge.
Pero no la tiene.
La tiene pues mucho de lo que se enseña en Latinoamérica, en nuestras Escuelas de Filosofía, son palabras lanzadas al viento; ni siquiera en el papel, pues muchos de quienes enseñan son ágrafos. Y sí grandes "discurseadores" y hacedores de cuentos "filosóficos", sobre todo esos “disque” trabajando en postmodernismo y estética.
Tiene razón Don Mario.
Y no la tiene, sin embargo, cuando viene del futuro a recibir premios "en y del" pasado, y a criticar lo que por estos mundos medievales aún se hace, para luego regresar al futuro, a McGill University y su “campus”, a esperar cómodamente el llamado final desde el otro lado, en el cual él “no cree que no haya nada” (sic), desde ese lado que para Pascal estaba lleno de un sentido místico religioso.
Pascal, el matemático, el científico y el filósofo apostó por algo trascendente, precisamente por eso que dice Don Mario Bunge que hay que desterrar de los estudios filosóficos. Y tiene razón.
Pero no la tiene. Habría que decirle:
-Oiga Dr. Bunge, sea más comedido, que se está pareciendo mucho a lo que tanto detesta: a un fundamentalista religioso. Y sin mostrar esa distinción racional de Pascal, puesta a un lado al orar como un “Martín Fierro” cualquiera. Y lo que es peor, sin hacer su apuesta.
-Ni Bertrand Russell, ni Wittgenestein, llegaron a tanto. Mucha soberbia, Dr. Bunge. ¡Más humildad, please!
Mejor sería -decimos nosotros para nuestros adentros-, un sano escepticismo, a la manera de Hume. Y no ese "sano" ateísmo científico, a la manera de Bunge, por estar demasiado recalentado en teoría, y no tanto en la práctica científica. Y mala teoría; es decir, mala epistemología, pues la de él no es la del laboratorio, sino aun de tiza y pizarrón. Y aún llenando sólo de tinta mucho papel.
Cuando el café hierve, lo mejor es tirarlo por el caño del lavaplatos y prepararse otro. Sabe mejor sin hervir y recién coladito. Así debe saber mejor una epistemología no recalentada en el fogón neo-positivista, aún de tiza y pizarrón.
Y a ello si hay que apostar en los nuevos ámbitos filosóficos virtuales. Exactamente como lo hizo Pascal mirando al otro lado.
Y apostando.
lmp. 04.10.2015.

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