google05f93621e7278f20.html PERPLEJISMOS Y SABERES FILOSÓFICOS

sábado, 2 de noviembre de 2013

EPISTEMOLOGÍA CATÓLICA PARA LLEVAR



Desde el punto de vista de la filosofía aristotélica tomista, el conocimiento   es un proceso humano y divino.  

Humano pues en él intervienen todos nuestros órganos, y nuestra historia personal y social.  Divino, pues el filósofo creyente jamás considera que lo que conocemos se agota en lo temporal-terrenal.  La filosofía de "La Escuela" (Escolástica y Neo-escolástica) definiría el proceso del conocimiento como la actividad del espíritu que aprehende un objeto.  

Al espíritu inmerso en tal proceso (espíritu encarnado, o espíritu en el mundo, lo llama Karl Rahner) se le llama sujeto, y al objeto, ente conocido. Ambos no están "desfondados" metafísicamente, sino anclados en  el Ser, en última instancia, el Motor Inmóvil, o el Dios bíblico.

El concepto de la verdad, y los criterios para validarla, son las dos grandes categorizaciones en torno a las cuales se ordenan todos los problemas del "conocimiento encarnado", como lo denominaría un filósofo existencialista católico, Gabriel Marcel.

A la disciplina que trata del conocimiento en general se le denomina "Gnoseología".  A  la que trata del conocimiento científico, "Epistemología", o "Filosofía de la Ciencia".  En otros tiempos se le denominaba "Filosfía de la Naturaleza", o "Filosofía Natural".

Debido a la concepción cristiana de  estilo católico, -pues lo hay para todos los gustos "creyentes"-, al analizar el problema gnoseológico siempre se da como presupuesta la respuesta ontológica, o de fundamentación última de todo conocimiento posible.

La ontología del conocimiento, o metafísica del conocimiento, que tal es el nombre que se le da en los círculos filosóficos católicos,  -y así la llamó N.  Hartman-, es la disciplina filosófica que trata de la realidad última (ontológica)  de todo proceso cognoscitivo.   

El realismo es la doctrina metafísica que lo sustenta. En particular el realismo aristotélico-tomista.

Quien conoce, para que conozca verdaderamente, ha de validar los criterios que sustentan lo que aprehende como un objeto.  Tal objeto jamás podría ser reducido a la naturaleza ontológica del sujeto.  De ahí que el relativismo cognoscitivo queda desterrado de la gnoseología católica. 

No basta, entonces con opinar; hay que  fundamentar factual y conceptualmente (mediante la lógica y la argumentación racional)  lo que el sujeto dice que conoce.

De no hacerlo, lo mejor es callar e irse a escuchar una buena misa dominical, y encenderle una vela a  a San Judas Tadeo.

LMP