REY
RICARDO. -¡Un caballo! ¡Un caballo!...
¡Mi reino
por un caballo!
William Shakespeare,
La
tragedia de Ricardo III, (1593).
Escena IV
¡Ay de
vosotros, escribas y fariseos,
hipócritas,
que os parecéis a
sepulcros
blanqueados…!
(Mt. 23:
27)
1
Un profesor universitario en el campo de las ciencias
médicas y de la salud, especialista, según me lo dejan entrever sus
comentarios, en Neurofisiología, me mostró muy satíricamente una noticia
aparecida en la prensa internacional. En Holanda, dice la nota que
leyó, están cerrando las iglesias por falta de feligreses.
-Allí ya no hay creyentes religiosos, –dice- y por
ello están
convirtiendo los templos, en cafés y otros sitios de
placer y
entretenimiento.
El profesor, quien se confiesa ateo, y Chavecista
convencido –lo cual
dé por sí hace sospechosa su irreverencia hacia lo
divino-, celebra la
noticia y, alabando la medida le pregunta
satíricamente a otro
profesor que nos acompaña, y quien es de la misma
especialidad, e
igualmente descreído, pero militando en el bando
político contrario,
-¿Cuándo sucederá esto en Venezuela?
-¿Cuándo sucederá esto en Venezuela?
En un país como el nuestro, -nos dice- en donde una institución como la Iglesia
Católica está presente en la vida de las personas desde que nacen
hasta que expiran, y aún en el más allá, trascendiendo la
tumba, cómo hacer realidad aquí lo que está pasando en Holanda?
2
Hoy, reflexionando más fríamente sobre lo que
conversábamos, me
vuelvo a preguntar, ¿cuándo llegara aquí esta
secularización de la
sociedad, que para aquellos dos profesores
representaría para el país
un progreso innegable? En sociedades cerradas como la
nuestra, la
iglesia tanto como el estamento militar, forman parte
de eso que
Althusser denominaba “aparatos ideológicos del
Estado”. Debido a su
existencia nadie podría decir que es ajeno a la
política.
De ahí que iglesia y estado, aunque dicen caminar separados siempre andan en dos pies. Y es así pues el poder lo detenta este último, y a su alrededor todas las demás instituciones gravitan como si fueran satélites, orbitando alrededor de un plantea.
De ahí que iglesia y estado, aunque dicen caminar separados siempre andan en dos pies. Y es así pues el poder lo detenta este último, y a su alrededor todas las demás instituciones gravitan como si fueran satélites, orbitando alrededor de un plantea.
El poder del estado todo lo penetra; incluso las instituciones eclesiásticas. Y las militares, sin lugar a dudas. Por razones que el siguiente autor intenta explicar:
"El poder político, por consiguiente, o es
poder ejercido por el estado,
o poder estructuralmente adventicio, siempre en
búsqueda de su
incorporación a la acción del estado. La aparición de
le estado tiende a “politizar” todas las demás actividades del poder
público. Y esto es así debido a que la mayoría de los estados originarios
aparecieron por intermedio de la conquista, y no por otros medios pacíficos. La
imbricación del poder militar y el poder político fue normal y lo común
durante los estadios primitivos del desarrollo de la sociedad en general. Incluso fue así con el poder
económico, tal como hoy lo conocemos; dicho poder fue adquirido mediante la
fuerza y mediante la conquista, en lugar de la negociación y la
paz". (Richard A. Schermerhorn, Society and power. New York, Random House, 1961, p.
45, traducción nuestra).
Quizás el profesor que plantea su interrogante religiosa de ese modo tan mordaz, se
referiría a la imposibilidad de que tal secularización ocurra en
nuestro país debido a las manifestaciones de religiosidad mito-mágica
exhibidas recientemente de modo tan primitivo. No el del estado, sino el de las masas
dominadas por el estado.
Quizás el profesor de la oposición dijo lo que dijo para provocar al profesor Chavecista, aunque ambos viven sus preferencias políticas, sin reparar en ello, como si fueran posturas religiosas.
Pero ambos, al preguntarse sobre la necesidad de
superar las supersticiones religiosas, no hicieron cuestión de la
religiosidad del Estado y su poder, en la cual se entremezclan
superstición y política, como quedó evidenciado con la veneración del pueblo
Chavecista hacia su Líder Eterno, como ya lo llaman sus devotos seguidores.
3
Frente a las manifestaciones de las creencias
populares a nivel global -en particular en USAmérica-, en esto tan supersticiosas y
atrasadas como en cualquier lugar de Latinoamérica, deberíamos de
dudar de la naturaleza racional del ser humano y del el aparente
progreso secular e ilustrado que dicen haber logrado los países
denominados industrializados. Especialmente en sociedades como la nuestra, en donde
impera la emocionalidad en todos los ámbitos del quehacer
humano, y no el cálculo racional, pareciera, entonces, muy difícil
llegar a superar tanta superstición religiosa.
Y viéndolo como un Levi
Strauss, o una Margaret Mead haciendo etnología en Samoa, o
asumiendo la actitud de un antropólogo cultural en medio de una
comunidad indígena, para guardar cierta distancia interpretativa, no hay duda que las manifestaciones
supersticiosas que presenciamos con motivo de la muerte de Chávez es
como para dudar de que nuestro país –una república petrolera
con cuarenta años viviendo en un sistema democrático que se
consideraba liberal y
moderno-, haya avanzado mucho en estos catorce años
de supuesto socialismo: no más allá de lo que sucedió en la
Francia del Siglo XVIII, y que tanta repercusión tuvo en los
movimientos independentistas latinoamericanos. Muestras de ello,
demasiadas.
Bastaría con salir a la calle de nuestras maltrechas ciudades. El paseo nos mostraría en vivo el relato de Platón –la alegoría de la caverna en su "República"-, siendo representado en vivo, en cualquier lugar de cualquier ciudad venezolana, por mucho que en ella sus habitantes crean estar viviendo en el primer mundo. Y ni se diga en tiempos muy especiales del año, como la Navidad y la Semana Santa.
Bastaría con salir a la calle de nuestras maltrechas ciudades. El paseo nos mostraría en vivo el relato de Platón –la alegoría de la caverna en su "República"-, siendo representado en vivo, en cualquier lugar de cualquier ciudad venezolana, por mucho que en ella sus habitantes crean estar viviendo en el primer mundo. Y ni se diga en tiempos muy especiales del año, como la Navidad y la Semana Santa.
Bastaría con abrir un poco los ojos para que nos
topásemos con santos populares y santeros iluminados; ángeles y
vírgenes; pecadores arrepentidos y conversos redimidos;
posesos, endemoniados o extasiados; pastores y curas con sus
libros sagrados bajo el brazo.
Pero en momentos especiales como el ya mencionado,
más que en cualquier otro, un personaje sólo en apariencia
secular aparece y copa el escenario público: el político de oficio,
transformado en profeta y predicador, escondiendo su actitud religiosa, la
cual trasforma en pasión pública para seducir a las masas y ganarlas
para la causa que representa; en el caso mencionado, para que honraran
al santo difunto desaparecido, y así sacarle provecho
electoral.
-Si al final se arrepintió, téngalo por seguro, el Comandante Presidente llegará a ser santo.
-Si al final se arrepintió, téngalo por seguro, el Comandante Presidente llegará a ser santo.
Y esto me lo dijo muy seriamente una señora, creyente
en la santería cubana y en la iglesia católica, con la cual ella se
identifica, pero de la cual es feligrés únicamente los fines de semana.
Feligrés y creyente de una causa política, ambas actitudes entremezcladas
indistintamente.
4
Estaba subido en una escalera; con su mano izquierda
sostenía una llana, y con la otra una cuchara de albañilería, una
palustra recién comprada, que usaba sin mucha destreza. Joven y
desgarbado, pero de aspecto diferente al de un simple empleado de la
construcción. De lentes y hablar educado, le decía a quién le
observaba atentamente desde el otro lado de la calle:
-¿Qué tal está quedando, Padre?, necesitaré más pega.
El otro, vestido de negro, con cuello de sacerdote, y en actitud pensativa, le respondía,
-Se ve mejor, al menos el hueco desapareció.
La puerta de entrada da a un zaguán largo y poco iluminado, al fondo del cual se ve un patio lleno de plantas y maceteros con flores bien cuidadas. En la parte de arriba de la puerta, -la cual por su tamaño más parecía un portón-, una cámara de seguridad enfoca a todos los transeúntes que pasan frente a la casa. En la parte izquierda, como para que todo el mundo lo lea, un aviso en letras resaltantes, bien visibles, dice:
-Usted está siendo filmado.
-¿Qué tal está quedando, Padre?, necesitaré más pega.
El otro, vestido de negro, con cuello de sacerdote, y en actitud pensativa, le respondía,
-Se ve mejor, al menos el hueco desapareció.
La puerta de entrada da a un zaguán largo y poco iluminado, al fondo del cual se ve un patio lleno de plantas y maceteros con flores bien cuidadas. En la parte de arriba de la puerta, -la cual por su tamaño más parecía un portón-, una cámara de seguridad enfoca a todos los transeúntes que pasan frente a la casa. En la parte izquierda, como para que todo el mundo lo lea, un aviso en letras resaltantes, bien visibles, dice:
-Usted está siendo filmado.
La cámara semeja el ojo de Dios, encarnado en un
dispositivo electrónico, hecho por la ingeniosidad humana,
manipulado en este caso por quienes mucho creen que representan las
manos divinas: las de los frailes capuchinos que allí habitan y que
miran a través de la cámara a los creyentes –viandantes temporales-,
todavía no convertidos del todo en los fieles seguidores de la
verdad cristiana intemporal y eterna, verdad que predican cada día en
su sermón litúrgico ya cayendo la tarde. Es su oficio el de ser curas de almas;
dicen que esa es su vocación terrena.
Como para colocar del otro lado de la puerta una nota
que reprodujera las palabras de Empédocles de Agrigento:
"Limitados son los poderes que se extienden a
través del cuerpo, y muchos los males que lo acosan, embotando el
pensamiento. Los hombres contemplan en su lapso de tiempo solo una
pequeña parte de la vida, pues arrebatados, persuadidos tan sólo de
una cosa, de lo que cada uno ha encontrado por azar, tal como ha
sido conducido en todas direcciones; todos se jactan, sin embargo,
de haber descubierto todo. Tan pocas son las cosas que los
hombres pueden
ver o escuchar, o comprender mediante la
inteligencia. Tú, pues, ya que te has retirado a este lugar, aprenderás no más
de lo que la inteligencia mortal puede alcanzar". (W.K.C. Guthrie. Historia de la filosofía griega. II “La tradición presocrática”).
5
El ateísmo militante de ambos profesores me hizo
pensar en lo que pasa en Holanda hoy, y también en lo que sucedía en
tiempos de la Ilustración francesa; de cómo los filósofos de la
época se referían a las creencias religiosas con burla y desprecio,
especialmente Voltaire en Francia.
No obstante su desprecio hacia la fe religiosa, a
esta contraponían estos pensadores descreídos, la fe en la ciencia y sus practicantes. Como en el caso de Voltaire, en el mundo anglosajón tal
crítica a la religión era moneda corriente entre los miembros de
las clases ilustradas. ¿No fue acaso Francis Bacon quien dijo
que al hombre lo manejaban cuatro tipos de ídolos: los de la tribu,
los de la cueva, los del mercado y los del teatro?
Los del grupo social al cual pertenezca son los
“Idola Tribu”; los de los prejuicios transferidos por quienes conviven en la
cueva social, viendo sombras, -como lo relata magistralmente Platón
en la alegoría de la caverna-, son los “Idola Specus”.
Las creencias que vienen de las masas y de los medios de comunicación que las controlan, -en particular la TV y hoy internet-, incluidas desde luego, la ideologías y maneras de agrupación correligionaria, son los “Idola Fori”. Y por último, todas aquellas creencias que permiten actuar y realizar labores que hacen sentir al ser humano a gusto consigo mismo, ajustándose socialmente; estos son los “Idola Theatri”.
6
Yo bajaba, como siempre, apresurado. Vi al sacerdote
desde lejos, y ya de cerca me eché a la calle para sortear su
bloqueo de la acera, en medio de la cual el poste de luz le sostenía,
recostando en él toda su voluminosa humanidad. A través de sus lentes
adaptados, con una montura de carey negra que le daba un aspecto de
lector empedernido, miraba al improvisado albañil,
-probablemente un
novicio, o quizás su discípulo, aprendiz de cura de
almas-, mientras se mesaba en actitud teatral, una espesa barba blanqueada por su edad, ya de
anciano y con aspecto de sabio antiguo.
La casa colonial, con demasiada historias a cuestas,
-y no sólo religiosas-, hoy convertida en un monasterio, desde
hacía poco estaba siendo habitada y por ello remodelada. Un
detalle había quedado inconcluso en su fachada, y ahora el
improvisado albañil buscaba arreglarlo. Los mire y me dije:
-¿Y si le hago la pregunta, si le increpo a que me
diga si el aviso advirtiéndole al transeúnte que está siendo vigilado
no entra en contradicción con su altísima misión, esa de ser la
voz de Dios mismo aquí en este valle de lágrimas, según la cual, cabe
presuponer que cualquiera, por muy pecador que fuese, pasando por el
frente de esa casa religiosa, o llamando a su puerta, debiera de
ser considerado un posible converso, y no un criminal en potencia?
Pero, ¿qué me
contestaría, qué me diría? ¿No lo tomaría como una
ofensa?
¿O, de ser honestos consigo mismos, no se creen estos
frailecillos, superiores al resto de nosotros, tan comunes y
corrientes; no están ahí para ser salvadores de la humanidad, y los guías
de cuantos transitamos por estas calles del maligno, más bien que
del supremo
bien?
Y es que, ¿acaso no es eso en lo que consiste el arte
que practican, el de salvar seres humanos de eso que creen
ser lo más precioso, la perdición de su alma?
Si perdiesen la fe en tan alta misión e inmediatamente se quitasen el hábito, y lo colgaran de un clavo en su celda monacal, saliendo de su encierro, ¿acaso no pasarían a formar parte de esos a quienes la cámara vigila tan terrenalmente desde lo alto, los transeúntes que pasan por esa fachada oliendo a flores?
¿No dejarían de ser seres de otro mundo para integrarse a este mundo, el nuestro, el de los dos profesores conversando sobre un acontecimiento religioso sucediendo a miles de kilómetros de ese lugar de reclusión religiosa?
7
La religión no ocupa el primer lugar dentro del elenco de supersticiones que infectan la vida personal del ser humano.
La religión no ocupa el primer lugar dentro del elenco de supersticiones que infectan la vida personal del ser humano.
Existen muchas otras creencias que a lo largo de la vida nos impiden obrar racionalmente y de manera incrédula, como querrían los filósofos escépticos ilustrados. Todas estas creencias podrían ser remedos de creencias religiosas, creadas y alimentadas por el hombre mismo, ese que aun renegando del Dios bíblico, estudiado y explicado por la filosofía y la teología, sigue creyendo en lo que sea.
Aun dejando de creer, entonces, el ser humano seguiría
creyendo en sus propias proyecciones, que deberían ser consideradas
ideológicas, por carecer de una fundamentación racional.
Por ello es que tendríamos preguntarnos: ¿eliminadas
las iglesias, como está ocurriendo en Holanda, a dónde irían las
masas a llorar sus males, y a encomendar su salvación eterna?
¿Podrían otras instituciones sociales llenar el vacío dejado por las iglesias?
8
Quizás en las universidades los catedráticos
suplirían a los sacerdotes, y éstos serían suplidos en las clínicas psiquiátricas por los
médicos; o en la calle, por los comerciantes, atrapando a los transeúntes para
venderles sus baratijas y así pacificar sus ansias de infinito; o
quizás entrando en la internet, para olvidarse de sí mismos y creerse
salvados del fragor de lo cotidiano y temporal, o de las inquietudes
producidas por la sobrevivencia; o quizás entrando a los bares, casas
de envite y azar, a los prostíbulos, a las discotecas, o a las casas de
diversión de todo tipo, en donde sus deseos y placeres, de manera desenfrenada,
les harían creer en la felicidad terrenal, siempre cortada por
el fatídico término de la vida. ¿Podría ser posible la muerte definitiva de la religión institucional?
No lo creemos.
Desaparecidas las iglesias no desaparecerían las supersticiones religiosas; no las creadas por el hombre sin necesidad de algún libro sagrado.
Entonces, si creemos en la desaparición de las iglesias, y en la superación de la religión como garantía del advenimiento de la iluminación racional científica y filosófica, igualmente -y con mayor razón- deberíamos creer en la desaparición de los partidos y sus líderes políticos, y en sus mentores financieros, quienes se hacen voceros de promesas y mentiras, tanto o más supersticiosas que las mismas creencias religiosas.
Mientras eso no suceda, más valdría que quienes de manera mitico-religiosa orientan su vida, sigan creyendo en iglesias y sus gestos divinos, en sus frailecillos, curitas y pastores. Y hasta en los brujos y chamanes, si estos cumplieran un papel similar.
La burda manipulación de las masas por un tipo especial de sacerdotes, -los más corrompidos de todos-, los políticos demagogos corruptos, hace palidecer los sermones de los predicadores religiosos, en las misas dominicales. Aquellos, los demagogos, sí que se creen representar a Dios, y ser ellos sus diosecillos menores, puestos aquí en la tierra para ofrecer la salvación a través del capital, la fama, el goce y los placeres temporales.
Desaparecidas las iglesias no desaparecerían las supersticiones religiosas; no las creadas por el hombre sin necesidad de algún libro sagrado.
Entonces, si creemos en la desaparición de las iglesias, y en la superación de la religión como garantía del advenimiento de la iluminación racional científica y filosófica, igualmente -y con mayor razón- deberíamos creer en la desaparición de los partidos y sus líderes políticos, y en sus mentores financieros, quienes se hacen voceros de promesas y mentiras, tanto o más supersticiosas que las mismas creencias religiosas.
Mientras eso no suceda, más valdría que quienes de manera mitico-religiosa orientan su vida, sigan creyendo en iglesias y sus gestos divinos, en sus frailecillos, curitas y pastores. Y hasta en los brujos y chamanes, si estos cumplieran un papel similar.
La burda manipulación de las masas por un tipo especial de sacerdotes, -los más corrompidos de todos-, los políticos demagogos corruptos, hace palidecer los sermones de los predicadores religiosos, en las misas dominicales. Aquellos, los demagogos, sí que se creen representar a Dios, y ser ellos sus diosecillos menores, puestos aquí en la tierra para ofrecer la salvación a través del capital, la fama, el goce y los placeres temporales.
Y todo este reino a cambio de un caballo –como lo diría en la obra de Shakespeare Ricardo III-, por el voto o la adherencia a un partido político.
9
Pero, por otro lado, caballos ideológicos no tan
lógicos, son los que cabalgan quienes apareciendo como representantes del
poder eclesiástico, obran como políticos, haciéndonos creer
que la lógica que aplican al criticar el poder terrenal, no se
podría aplicar al poder eclesiástico que ellos desempeñan. Cuesta creer que
de tal falacia no se den cuenta; de estar conscientes, la manera como
se expresan representa lo mismo que la cámara pegada a la pared
del monasterio
vigilando a los transeúntes: una contradicción
flagrante.
Para ilustrarlo mejor, leamos un texto publicado como comentario crítico sobre la actitud autoritaria y militarista del actual gobierno, sin que, al parecer cuando eso escribió, quien lo hizo -un Jerarca católico-, cayera en cuenta de que lo que criticaba bien que se le podría aplicar, de manera igualmente valida a él y a la institución que representa :
"No somos dueños -nos dice- de lo que está fuera de nosotros mismos; pero si podemos y debemos ser dueños de nosotros mismos. El proceso educativo que conduce a la madurez humana y a la fortaleza espiritual es el instrumento que hay que adquirir a lo largo de la existencia. Si no seremos veletas al ritmo del viento que nos marca otro".
Para ilustrarlo mejor, leamos un texto publicado como comentario crítico sobre la actitud autoritaria y militarista del actual gobierno, sin que, al parecer cuando eso escribió, quien lo hizo -un Jerarca católico-, cayera en cuenta de que lo que criticaba bien que se le podría aplicar, de manera igualmente valida a él y a la institución que representa :
"No somos dueños -nos dice- de lo que está fuera de nosotros mismos; pero si podemos y debemos ser dueños de nosotros mismos. El proceso educativo que conduce a la madurez humana y a la fortaleza espiritual es el instrumento que hay que adquirir a lo largo de la existencia. Si no seremos veletas al ritmo del viento que nos marca otro".
Quien así habla es un Arzobispo de la iglesia
católica, una institución en la cual reina todo menos la democracia. Allí se
predica la libertad, pero en la práctica lo que ella niega es precisamente
lo que predica.
Lo escrito podría haber sido expresado de la misma
manera por un filósofo ilustrado, algún pensador escéptico -cuando
no ateo-, del siglo XVIII.
Pero expresado por boca de un representante de la Iglesia Católica, lo dicho es lógicamente inconsistente y moralmente
deshonesto. Si lo contrapuesto a la superstición es la educación, es
ella la que nos permite “ser dueños de nosotros mismos” para de esta
manera “no ser juguete de las circunstancias, o del manejo que
otros quieren hacer de nosotros”.
¿Pero no es eso precisamente lo que buscan todas las instituciones eclesiásticas, incluida la Iglesia Católica? Pero no sólo las iglesias; igualmente hasta las mismas instituciones científicas y tecnológicas puestas al servicio del poder. Véase el caso del voto electrónico y sus posibilidades de fraude.
¿Pero no es eso precisamente lo que buscan todas las instituciones eclesiásticas, incluida la Iglesia Católica? Pero no sólo las iglesias; igualmente hasta las mismas instituciones científicas y tecnológicas puestas al servicio del poder. Véase el caso del voto electrónico y sus posibilidades de fraude.
En efecto, el desarrollo tecnológico en el campo de las comunicaciones, convierte a quienes
detentan el poder en reales aprendices de brujos. Seducidos por los hilos de la
publicidad y la propaganda intentan crear una realidad que no existe
pero que seduce a las grandes masas.
¿Y no es eso precisamente lo que hacen los eclesiásticos, no intentan vender "seductoramente" sus creencias apoyándose en la fe, y no en la razón? ¿No intentan precisamente seducir y convencer como “aprendices de brujos” y como “vendedores de baratijas ideológicos”, a quienes asisten a sus templos y creen en sus inventos doctrinales?
Es un hecho que pretenden y a veces lo logran, domesticar y llevar a
la gente al ritmo temporal que más les conviene y a la institución que representan.
Ellos saben muy bien que el poder supuestamente otorgado por las masas a sus representantes, en una sociedad democrática, no se controla a sí mismo. Tiene que ser controlado desde fuera. De ahí la necesaria autonomía de los poderes públicos para que la balanza se incline hacia el bien de los ciudadanos y no hacia quienes tienen la sartén por el mango, el mandamás mayor y su equipo de gobierno.
¿Pero acaso la iglesia no la tiene agarrada igualmente por el mango?, ¿acaso existe en ella democracia, son los poderes eclesiásticos autónomos, independientes entre sí?
¿Cómo se controla desde fuera un poder que no tiene nada fuera de sí, sino a Dios mismo, cómo postular un poder que se le contraponga, que esté más allá de Dios y de su representante terrenal, el Papa, y que de ese modo siga siendo ejercido como poder autónomo y democrático?
El discurso del eclesiástico citado se contradice tan flagrantemente, como el discurso del mismo Papa argentino.
Y tal contradicción es metafóricamente representada por la cámara del monasterio capuchino. Su "colgada presencia" contradice el sermón redentor del fraile predicando la verdad y la honestidad, con respecto al hermano, al prójimo, en su misa diaria y dominical.
Quien doméstica y controla los poderes públicos y
mediáticos se convierte en un dictador, en un absolutista, en un totalitario,
en un manipulador. Porque la única medida del bien y del
mal es su criterio y su decisión. Totalmente de acuerdo.
Pero lo dicho se aplica, tanto al estado militarista como a la Iglesia Católica
Pero lo dicho se aplica, tanto al estado militarista como a la Iglesia Católica
A menos que se postule la existencia de Dios como una
verdad terrenal incontrovertible, lo dicho por este
predicador católico se aplicaría al mismo ejercicio del poder que detenta. Negada la
validez democrática de los postulados que sustentan su rol público, el discurso del eclesiástico
aplica correctamente a quien está dirigido, al Presidente ilegitimo que hoy nos
gobierna. En eso estamos de acuerdo.
Pero aun con mayor razón, se aplicaría al cargo que él jerarca detenta, y a la institución que dice representar. ¿O es que acaso no es ella criterio único de bien y de mal en materias de salvación eterna, no es por ello totalitaria y manipuladora como el "estado político chavecista"?
10
Pero aun con mayor razón, se aplicaría al cargo que él jerarca detenta, y a la institución que dice representar. ¿O es que acaso no es ella criterio único de bien y de mal en materias de salvación eterna, no es por ello totalitaria y manipuladora como el "estado político chavecista"?
10
El problema que a todos nos aqueja viviendo hoy en esta Venezuela sólo en apariencia revolucionaria, es actitud antidemocrática de dos bandos contrapuestos, cada uno buscando imponer una
única manera de vivir -los chavistas-, esclavizada a una ideología que
ofrece lo que es incapaz de dar: fraternidad sin límites y bienestar
compartido.
O atada a un pasado -los opositores- al cual quieren regresar a como de lugar, sin caer en cuenta que ya dicho pasado está definitivamente muerto y enterrado.
El problema reside, entonces, en el autoritarismo presente en ambos bandos.
Que ello lo registre y critique, un representante de quienes no aceptan el control de sus cuerpos por la imposición de una creencia con respecto a la contracepción y el uso de preservativos, el aborto, la libertad en relación a las preferencias sexuales, el celibato de los religiosos, etc., es una real contradicción.
Y ni qué decir de la manera tan autoritaria como ha sido tratado el caso más horroroso y denigrante, el de ese inmoral "lunar" ya inocultable: el problema de la pederastia, sus víctimas y sus defensores, por quien han tenido en sus manos los casos denunciados ante la Curia Romana, el teólogo e inquisidor J. Ratzinger.
O atada a un pasado -los opositores- al cual quieren regresar a como de lugar, sin caer en cuenta que ya dicho pasado está definitivamente muerto y enterrado.
El problema reside, entonces, en el autoritarismo presente en ambos bandos.
Que ello lo registre y critique, un representante de quienes no aceptan el control de sus cuerpos por la imposición de una creencia con respecto a la contracepción y el uso de preservativos, el aborto, la libertad en relación a las preferencias sexuales, el celibato de los religiosos, etc., es una real contradicción.
Y ni qué decir de la manera tan autoritaria como ha sido tratado el caso más horroroso y denigrante, el de ese inmoral "lunar" ya inocultable: el problema de la pederastia, sus víctimas y sus defensores, por quien han tenido en sus manos los casos denunciados ante la Curia Romana, el teólogo e inquisidor J. Ratzinger.
¿Acaso no impone una manera de ver la vida, una institución
que de una manera tan farisaica predica y obra; y que ofrece lo que
es incapaz de dar: la salvación eterna, negando la comprensión
temporal a quienes desean ejercer sus derechos y buscar ensanchar su
libertad personal, no esclavizándose a unas creencias que
niegan la fraternidad y el bienestar compartido de manera
evidente?
Para el predicador citado, al parecer sólo hay imposición y desconocimiento de la otra parte, del estado militarista y no de la Iglesia.
¿Se creerán realmente ésto, los jerarcas y sus curas?.
Quienes conforman el poder terrenal son súbditos, soldados, no ciudadanos libres y autónomos. De acuerdo.
¿Pero, y en la Iglesia que ellos representan? ¿A dónde van los feligreses? A dónde los quieren llevar y a dónde quieren ellos que vayan. Ni más ni menos como soldados sujetos a la voz de mando de sus superiores.
Para el predicador citado, al parecer sólo hay imposición y desconocimiento de la otra parte, del estado militarista y no de la Iglesia.
¿Se creerán realmente ésto, los jerarcas y sus curas?.
Quienes conforman el poder terrenal son súbditos, soldados, no ciudadanos libres y autónomos. De acuerdo.
¿Pero, y en la Iglesia que ellos representan? ¿A dónde van los feligreses? A dónde los quieren llevar y a dónde quieren ellos que vayan. Ni más ni menos como soldados sujetos a la voz de mando de sus superiores.
A no dudar, tanto los "malos" del estado, como los "buenos" representantes eclesiásticos, ambos están infectados aquí en Venezuela, del mismo mal: el autoritarismo.
Saberlo y hacer algo al respecto, ahí reside el desafío.
Se requiere constancia y coraje para ser conscientes y liberarnos de estas ataduras, de lado y lado, pues la libertad ni se compra ni se vende. Y mucho menos e recibe sin algo a cambio. La libertad se ha de ejercer y ejercitar, mediante la crítica filosófica sobre todo.
Y en tal doctrina democrática y libertaria, no cree ni por asomo la Iglesia católica institucional.
Se requiere constancia y coraje para ser conscientes y liberarnos de estas ataduras, de lado y lado, pues la libertad ni se compra ni se vende. Y mucho menos e recibe sin algo a cambio. La libertad se ha de ejercer y ejercitar, mediante la crítica filosófica sobre todo.
Y en tal doctrina democrática y libertaria, no cree ni por asomo la Iglesia católica institucional.
La Iglesia critica el gobierno militarista y autoritario. Y está en lo correcto. ¿Pero no es precisamente esa la mejor metáfora -la militar- para
describir a quien cree en el dios que esa iglesia predica, la de
un soldado plegado a lo divino-eclesiástico, la de un súbdito frente a su señor eterno y
todo poderoso, y un "miliciano eclesiástico", jamás autónomo y dueño de su existencia?
Sólo creyendo en los postulados presentados como verdades incontrovertibles, sea de nuevo dicho, podrían las afirmaciones del jerarca antes citado, tener validez política para el caso que ocupa su atención, el del estado militar y autoritario que nos gobierna.
Si esto lo desconoce, está ya redimido por su ignorancia, pues a él, de familia divina, no aplicaría aquello de la ley temporal: "la ignorancia de la ley no exime de su cumplimiento".
Pero si lo sabe, su postura es de una doblez infinita, como infinita es su aparente autoridad religiosa. Y además, de una deshonestidad que lo adornaría de la misma manera como adorna a cualquier otro político corrupto, vendiendo una única manera de vivir, una única ideología, una sola manera de ejercer lo que según él, “ni se compra ni se vende”, ni se negocia: la libertad personal.
Sólo creyendo en los postulados presentados como verdades incontrovertibles, sea de nuevo dicho, podrían las afirmaciones del jerarca antes citado, tener validez política para el caso que ocupa su atención, el del estado militar y autoritario que nos gobierna.
Si esto lo desconoce, está ya redimido por su ignorancia, pues a él, de familia divina, no aplicaría aquello de la ley temporal: "la ignorancia de la ley no exime de su cumplimiento".
Pero si lo sabe, su postura es de una doblez infinita, como infinita es su aparente autoridad religiosa. Y además, de una deshonestidad que lo adornaría de la misma manera como adorna a cualquier otro político corrupto, vendiendo una única manera de vivir, una única ideología, una sola manera de ejercer lo que según él, “ni se compra ni se vende”, ni se negocia: la libertad personal.
11
Leyendo la crónica reseñada, de verdad que ella sí que
representa una manera bien menor de usar la lógica y la capacidad
ilustrada, con la cual se pretende -políticamente- horadar la aparente
legitimidad del poder del Ungido, el gobernante que hoy está en funciones de poder. Al aplicársele a éste lo que dice el Jerarca católico, en nuestra opinión, lo expresado no tiene objeción alguna. Con sus afirmaciones debemos estar
completamente de acuerdo.
Pero sí que sería objetable, si quien lo dice no cae en
cuenta que sus argumentos se le podrían aplicar a él mismo y a la
Iglesia, corriendo su poder la misma suerte que el del gobernante ilegitimo.
Aquí podemos ver ejemplificado crudamente lo que venimos analizando; es decir, quien critica muchas veces no cae en cuenta de la aplicación a sí mismo de lo que hace: desbancar una creencia -el supuesto autoritarismo del gobierno-, creyéndose dicho crítico, exento de las limitaciones que quiere hacer notar en quien se hace objeto de su crítica, cuando en realidad a él mismo aplicaría igualmente.
Aquí podemos ver ejemplificado crudamente lo que venimos analizando; es decir, quien critica muchas veces no cae en cuenta de la aplicación a sí mismo de lo que hace: desbancar una creencia -el supuesto autoritarismo del gobierno-, creyéndose dicho crítico, exento de las limitaciones que quiere hacer notar en quien se hace objeto de su crítica, cuando en realidad a él mismo aplicaría igualmente.
Dos pasajes evangélicos deberían cuestionar a quien así
se expresa. El primero, ese en donde Cristo aconseja a sus discípulos
a hacer lo que los sacerdotes dicen que se ha de hacer, pero jamás
imitar su conducta:
"Haced, pues, y guardad lo que os diga, pero
no los imitéis en las obras, porque ellos dicen y no hacen. Atan pesadas cargas y
las ponen sobre los hombros de los otros, pero ellos ni con un dedo hacen
por moverlas. Todas sus obras las hacen para ser vistos de los hombres.
Ensanchan sus filacterias y alargan los flecos; gustan de los
primeros asientos en losbanquetes y de las primeras sillas en las sinagogas,
yd e los saludos en lasplazas, y de ser llamados por los hombres rabbi". (Mt. 23:3-7);
Y este otro que invita a ver primero la viga en el ojo propio antes que
ver la paja en el ajeno:
"No juzguéis y no seréis juzgados. Porque con
el juicio con que juzgareis seréis juzgados y con la medida con que
midiereis se os medirá. ¿Cómo ves la paja en el ojo de tu hermano y
no ves la viga en el tuyo? ¿O cómo osas decir a tu hermano: Deja que
te quite la paja del ojo, teniendo tú una viga en e l tuyo?
Hipócrita: quita primero la viga de tu ojo y entonces verás de quitar
la paja del ojo de tu hermano. No deis las cosas santas a perros ni
arrojéis vuestras perlas a los puercos, no sea que las pisoteen sus
pies y revolviéndose os destrocen". (Mt. 7:1-6)
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Solo haciéndose solidarios de la desaparición, no
solo de las iglesias, sino de todas esas organizaciones que esclavizan al
ser humano, podrían esos ateos creyentes de café, prensa,
teclado o internet, y sus homólogos, los creyentes ilustrados eclesiásticos,
de altar parroquial o catedralicio, hacernos creer que
mediante la eliminación de todo tipo de creencias en Dios o sus servidores
terrenales –los políticos corruptos y enfermos de poder-,
alcanzaríamos la libertad plena; solo así podríamos creerle a los ateos
recalcitrantes, gozándose de que a Dios se le dé de baja, y con él a
sus representantes terrenales en países como Holanda y
similares.
A estos últimos, que se creen de verdad ateos, sí que debería de enfocar la cámara
colgada de la pared del convento capuchino, para que a través de
ella los viera y evaluara Empédocles de Agrigento. Nada más y nada menos.
LMP
Mayo 05, 2013

