Es patético, por no decir cómico, escuchar las "explicaciones científicas" sobre los resultados de las elecciones parlamentarias en Venezuela por parte de los representantes de ambos bandos en pugna.
Los de "derecha", los "tecnócratas", hablan sinsentidos desde el Norte, engolando la voz y hasta modificando sus acentos para hablar en un "spanglish" borriqueño o cubanizado.
Y los de izquierda, los "idiócratas", no se cansan de repetir clichés que a nadie convencen pues han perdido toda fuerza política e ideológica, y ni se diga científica; si es que alguna vez a tales explicaciones "dialécticas" se las podría haber considerado científicas.
Ambas tendencias padecen de ese tipo de filosofía ingenua de la cual nos habla Althusser, que da pena ajena por su pobreza y su imitación, o mimetización, de un positivismo trasnochado y ramplón por parte de los tecnócratas, válido quizás hace treinta años en el mundo anglosajón, no hoy.
Y por parte de los "idiócratas" da igualmente pena ajena escucharlos creyendo en un pseudomarxismo que, comparado con ese que se enseñaba en la Unión Soviética hace medio siglo, no llegaría ni a doctrina partidista y panfletaria.
Nos preguntamos: ¿en dónde se metieron los científicos sociales auténticos -NO LOS TÉCNICOS ESTADÍSTICOS Y "ENCUESTÓLOGOS"- en este país dominado por mitos y controlado por magos de circo, pero en el cual la gente común ha hablado con sentido común, y se ha expresado claramente mediante el voto electrónico altamente tecnificado?
¿Cuando escucharemos a esos "especialistas" sociales decirnos qué explicaciones ajustadas a los tiempos que corren en el mundo desarrollado, podrían adelantarse para comprender y explicar lo que actualmente nos acontece?
Y algo similar deberíamos esperar de esos que se "venden" como filósofos y que se ganan su sustento diario enseñando filosofía en las universidades.
Que hablen sensatamente, o que regresen sus títulos académicos.

No hay comentarios:
Publicar un comentario