google05f93621e7278f20.html PERPLEJISMOS Y SABERES FILOSÓFICOS: “LADRAR” Y “CREER”, TODA UNA FAMILIA SIGNIFICATIVA.

jueves, 17 de septiembre de 2015

“LADRAR” Y “CREER”, TODA UNA FAMILIA SIGNIFICATIVA.



“Creer que x” y “opinar que x”, en muchas situaciones es equivalente a decir: “podría afirmar que x”, o “tengo información sobre x”.

Cualquier ser orgánico, sin necesidad de manejar un lenguaje que se exprese mediante signos verbales o escritos, podría exhibir una conducta que pudiéramos, como sus intérpretes, traducir a nuestro lenguaje comunicacional.  


Si a un chimpancé se le enseñara,  por ejemplo, a arrodillarse, a juntar sus dos "manos", y a mirar a lo alto,  podríamos decirle a quien está a nuestro lado, otro ser humano:

-El "mico"  cree (en) que x.

Tanto mi acompañante como yo, podríamos llenar de contenido semántico  la variable, y suplantar la “x” por:

Dios, Mandinga, Pachamama, Luzbel, etc., o 

Hitler, Mussolini, “Mico-Mandante”, “Castro el Barbudo”, etc.

A este tipo de creencias quedan reducidas muchas conductas religiosas y, sobre todo, ideológico-políticas.   Es decir, todas esas maneras de asumir  las creencias apelando a la expresividad sentimental ramplona, y a la repetición,  como loros –un ave, un animal-, de textos leídos y releídos de algún libro o manual respetado como sagrado.

Son tales maneras de creer las que se emparentan con otro tipo de creencias, en particular las creencias en “mundos posibles” y en las llamadas “realidades contra-factuales”.  Por ejemplo: aparecidos, fantasmas, ángeles, cortes celestiales, dioses  y demonios, cielos, "vidas eternas", etc.  Pero hablar de ello nos distraería de nuestro interés presente:  escribir algo sobre el significado del término “creencia” dejándonos guiar por nuestro admirado Lord Bertrand Russell.

Básico: 

Es necesario que no haya mucha actividad nerviosa, ni mucha complicación neuro-cerebral para creer de este modo. Basta con tener un organismo bien dispuesto; es decir, que oiga, vea, huela, toque, guste; o degluta, defeque o “ligue”. Con tales sensorios, como lo haría nuestra mascota "Max", un bello Malamute,  moveríamos la cola con sólo estar ante la presencia de nuestro amo: 

Un político artero y manipulador, o un pastor o cura igualmente “pícaro”.

El gran “problema filosófico” es ese que tan simplemente evita nuestro Maestro Russell:   el que él denomina muy cartesianamente “problema de la relación de la mente con los factores corporales”.

Su solución es muy simple y certera, y pudiéramos darle la razón,   pero si aceptáramos  como él, primero, que somos un continuo bio-físico,  o un arco de experiencias que parten de lo físico y se internan en lo biológico por unas "gates",  para regresar a lo físico, por otras “gates” de realidad –“puertas ónticas”-, y bajo otros parámetros significativos –onto-teológicos-.

Lo dicho por Russell es cierto y válido bajo una segunda condición: que toda la Metafísica Occidental carezca absolutamente de sentido, y que la filosofía pueda, de manera definitiva y sin incómodos “meaningful surplus values”, ser reducida a “filosofía científica”.

De no ser así, tendríamos que decir con el mismo Russell lo que afirmó con  respecto al problema de los hechos complejos y la posibilidad que tenemos de reducirlos a hechos simples:

“Es válido argumentar a favor de tal análisis, pero no podríamos jamás evitar que dicho análisis lo fuera infinitamente, ni tampoco demostrar que es absolutamente verdadero”.

Una creencia más solamente.

¿Y entonces, Lord Russell?, podríamos preguntarle a nuestro anciano maestro...  ya ido.

lmp. 17.09.2015

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