google05f93621e7278f20.html PERPLEJISMOS Y SABERES FILOSÓFICOS: CONFESIONES "AUTÉNTICAS" DE UN FUNDAMENTALISTA RELIGIOSO QUE PONE EN VENTA SU FE.

martes, 22 de septiembre de 2015

CONFESIONES "AUTÉNTICAS" DE UN FUNDAMENTALISTA RELIGIOSO QUE PONE EN VENTA SU FE.


Un reto para quien quisiera  refutarlo filosóficamente.

 
En otro tiempo yo fui como tú, incluso más inteligente y sabio, aunque nunca fui a la universidad.  Todos somos iguales en eso: todos tenemos alguna vez grandes ideas. Tuve muchas ideas que desafortunadamente nunca puse por escrito.

Andando el tiempo, sin embargo, me di  cuenta que todo eso era vanidad y que  con tales ideas lo que encontraba era la duda y la incertidumbre.  Me di cuenta, entonces, que era mejor confiar en lo cotidiano, o en el sentido común.  Haciéndolo, y habiendo recibido a Dios, habiéndome convertido al Señor, me di cuenta que todo en mi había sido limpiado y que ahora estaba en posesión de un conocimiento superior a cualquier idea obtenida escolarmente. Y caí en cuenta que este tipo de saber no es común y corriente, sino sólo reservado a los escogidos.

Pero como no todos lo aceptan ni lo  reconocen, aprendí que hemos de ser prudentes y no pasarnos  de buenos ni de listos.  Hacerlo sería  la perdición y la ruina para nosotros,  pues podríamos caer en las trampas de los impíos y sus conocimientos terrenales. 

Sabiendo eso, y teniendo una seguridad que viene sólo de  Dios,  podemos estar ciertos  que nosotros poseemos  la verdad, y que nadie podrá hacernos tambalear.  

Pero no por ello debemos dejar a un lado el conocimiento de los impíos, sino tomar de éste lo que  nos convenga, sabiendo que tenemos un privilegio especial:   el de saber por revelación  divina qué de bueno hay en lo que el impío conoce imperfectamente.
 
Una cosa hemos de tener siempre presente: que no hay que complicarse la vida, sino simplificarla.  Eso equivale a decir que la complicación del impío,  producto de su perdición terrenal,  debemos simplificarla,  asimilándola de acuerdo a nuestros propios intereses, que son los intereses de Dios mismo.

Algunas personas son impías por naturaleza y los tiempos que corren, de perdición generalizada, las descubren.  Nunca se podrán ocultar ni disfrazar.   Por ello debemos  ser responsables y asumir el deber de mostrar a tales seres impíos, exhibir su maldad. 

Tal tarea no se la podemos asignar a otros. Nos corresponde a nosotros los escogidos,  pues llega el fin del mundo, como sólo a quienes corresponde lo saben por revelación divina.

Por tal motivo no podemos tomar a la ligera lo que está sucediendo, es decir, los ataques de los impíos contra nosotros y nuestra fe.

Dios ahora más que nunca nos aconseja íntimamente y nos impulsa a  cuidarnos, sobre todo de lo que otros  enseñan sobre la fe en dios, especialmente quienes no creen como nosotros. Y además nos insta  a apegarnos aún más a nuestra  fe y creencias, las cuales  vienen de Dios mismo. 

Así es como lograremos  salvarnos, y salvar a  quien Dios haya escogido.

Dios  es nuestra fortaleza y Él únicamente nos conoce, nadie más;  y nosotros a Él conocemos porque somos escogidos.

Nadie que sea impío puede tener este tipo de conocimiento.

Un escogido de Dios. Un escogido que lucha por su causa.


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